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Vuelta a las andadas

J.R. Smith

Después de ser nombrado ‘Mejor Sexto Hombre’ de la temporada. Después de convertirse en un jugador vital para su equipo. Después de dar la impresión de haberse centrado finalmente. Después de tanto bueno, J.R. Smith vuelve hacia atrás. Desde aquel codazo en el rostro de Jason Terry en la serie de playoffs contra Boston Celtcis que él definió como un lance del juego y que la NBA castigó con un partido de sanción, el escolta de los New York Knicks ha ido como los cangrejos. Sus números tras aquel encuentro de castigo hablan por sí solos. En los tres partidos anteriores a la sanción promediaba 16.3 puntos, anotando 20 de sus 46 intentos a canasta, y desde entonces bajó hasta los 13 tantos por encuentro, acertando sólo 15 de los 57 lanzados en los siguientes cuatro partidos. Y lo peor de todo es que ya no estamos en temporada, sino que se trata de las eliminatorias por el título, cuando todo el trabajo de los meses anteriores cobra o pierde sentido.

Muchos pueden ser los motivos para este bajón considerable de J.R. Smith, pero hay uno que salta a la vista por sí mismo, y no es otro que una falta de concentración más que notoria. No pocos han visto en la vuelta a las salidas nocturnas del jugador una explicación para ello. Coincidiendo con la sanción que le impuso la Liga, el escolta fue sorprendido dos noches consecutivas de fiesta hasta bien entrada la madrugada, bebiendo alcohol y bailando en conocidos clubs de New York, tales como el Pink Elephant y el The Griffin. La prensa se hizo eco de ello rápidamente y el hecho de que días después, ya durante la serie contra Indiana Pacers, el jugador apareciese en una fiesta de presentación de un nuevo producto cosmético de Rihanna tampoco ayudó.

En los Knicks le siguen de cerca y ya no es alguien imprescindible para el entrenador Mike Woodson. “Voy a ir haciendo un seguimiento a J.R. a medida que avancemos y si veo que no me está aportando nada siempre puedo llamar a otros chicos del banquillo”, comentó el entrenador en ESPN. “Me gusta cómo están funcionando los reservas, al igual que me gusta cómo funciona J.R., pero si sigue luchando con sus porcentajes y considero que debe quedarse en el banquillo tendrá que hacerlo. Es una decisión de entrenador, no es nada personal”. Junto con estas declaraciones del técnico llegó una gripe y fiebre alta de J.R. que justificó su mala actuación del tercer partido de las Semifinales de Conferencia contra los Pacers, en el que firmó 9 puntos, con un 4/12 en tiros de campo y un 0/3 en triples, en poco más de 24 minutos sobre el parquet. Su participación en el cuarto choque de la serie todavía está en el aire… igual que su futuro. El jugador termina contrato y será agente libre a partir del próximo 1 de julio, y en New York no las tienen todas consigo para pagarle la suma de dinero que se prevé que pida o le ofrezcan otras franquicias de la NBA.

@AntonioGil_SOSE

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Fecha | 14.05.2013 09:47

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Yo me levanto y aplaudo

Pau Gasol./ Getty Images

Esta ha sido la peor temporada de Pau Gasol en su dilatada carrera NBA. Una obviedad que, quizás, es la única opinión de las muchas que suscita el 16 de Los Angeles Lakers que nos reúne a todos en la misma mesa. Podemos hablar de una mala sintonía colectiva, de la falta de espíritu comunitario en el equipo, de la limitación que ha supuesto la fascitis plantar en su juego, de que el esquema de Mike D’Antoni no va con él, de que no se explotaban sus virtudes al poste bajo y que por esto sus estadísticas menguan… podemos dar mil y una excusas para justificar la mala temporada del español. Pero la excusa nunca será el idioma de las superestrellas. Y Pau lo es.

Los números hablan. Por un lado sus 13.7 puntos, 8.6 rebotes y 4.1 asistencias durante la temporada y por otro los 18.4 puntos, 9.2 rebotes y 3.3 asistencias que registra a lo largo de su carrera. El laureado entrenador croata Bozidar Maljkovic dijo en una ocasión que “en baloncesto, las estadísticas son como los bikinis: dejan ver algo, pero no lo más importante”. Y lo importante aquí no son las cifras, sino la sensación que dejan. Gasol ha cedido su estatus, ése que a pesar de compartir vestuario con Kobe Bryant siempre tuvo, la condición de imprescindible. Lo perdió (o lo cedió, según la opinión de cada uno) la temporada pasada en el frustrado traspaso a los Houston Rockets.

El respeto a su figura se ha ido sumergiendo en el mar en el que el español siempre ha nadado, en el de anteponer el sentido comunitario a un ego (en muchas ocasiones necesario) de estrella. Y parece que ha tocado fondo. En muchas ocasiones se le ha criticado la falta de autoexigencia. Yo siempre he pensado lo mismo, en un equipo como Lakers, con una megaestrella a tu lado como punta de lanza, o te adaptas o pasas a ser un problema. Y el de Sant Boi se ha adaptado siempre. Aspecto criticable a otros como Dwight Howard, que si ha cedido algo de su estatus lo ha hecho masticando adolescencia.

Kobe Bryant y Pau Gasol./ Getty Images

La pesadilla de los Lakers ha terminado. Séptimos de la Conferencia Oeste y 4-0 en primera ronda de playoffs. Ahora la situación clama soluciones y rápidas. Dos movimientos y borremos del calendario la fecha del desastre, dibujando excusas que por supuesto no impliquen autocrítica. La figura conductora no se toca. Mike D’Antoni seguirá en el banquillo pese a que nos cueste encontrar una razón para ello. En los despachos de El Segundo no han debido escuchar aquello de la autogestión de los jugadores o la de que este equipo tenía que promediar 110 puntos y jugar como la época del Showtime (y todo esto sin haber pisado un entrenamiento). Un entrenador que pensó que la grandilocuencia de los solistas resolvería. Será que una cosecha más justificaba cualquier optimismo desmedido.

Buscarán renovar a Howard ofreciéndole el máximo. Se habla de 118 millones por 5 temporadas aún no habiendo cumplido con sus expectativas (ésas que colgaron su dorsal del Staples Center mucho antes de vestirlo). El uniforme púrpura y oro pesa mucho, pero se sigue confiando en él como el futuro de la franquicia. Ambos casos, éste y el del entrenador, vislumbran diferentes varas de medir. El ego es coronado mientras la humildad mira desde abajo. La solución gira en torno a la no continuidad de Gasol. Kobe se la ve venir: “He sido muy claro cuando me he reunido con Mitch Kupchack [manager general de la franquicia]: Quiero a Pau aquí. No hay duda ni discusión posible. Creo que nos da la mayor oportunidad para ganar otro título”. Y es que el de Philadelphia sabe que la inteligencia tiene un precio, y que la de Gasol está muy por encima de sus estadísticas. Pocas estrellas anteponen el equipo a su ego personal, muy pocas. Y eso Kobe también lo sabe.

Pau ha declarado que le gustaría seguir pero que no depende de él, ni siquiera del aspecto deportivo. Si no le traspasan los Lakers tendrían que pagar más de 90 millones de impuesto de lujo. Parece que asume su salida como lo ha hecho siempre, adaptándose a la norma establecida que rige su sentido comunitario. Pensando en el grupo, en el bien colectivo, con el ‘nosotros’por bandera. Por esto, por todas esas noches de elegancia sobre la pista, por hacernos sentir dos anillos de campeón de la NBA como nuestros, por enseñarnos que hay otra clase de estrella y servir de ejemplo en un mundo donde prima el individualismo. Por esto y por muchas cosas más que darían para tres columnas… yo sí, yo me levanto y aplaudo.

@DapMachado

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Fecha | 05.05.2013 08:58

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De Este a Oeste

Deron Williams y James Harden./ Getty Images

Las sorpresas me agradan. Y con esta frase podría resumir el artículo que vas a comenzar a leer. Pero de entrada y para empezar, una pequeña reflexión: nos gusta ir de ‘gurús’ y al final nos solemos dar con un canto entre los dientes. Creemos que podemos predecir el futuro y nos olvidamos que la vida no es como un guión. Nunca podrás saber qué te pasará el día de mañana. Para mí, la mayoría de predicciones que suelen hacer los ‘expertos’ a principios de temporada son humo que sólo sirven para crear falsas expectaciones. Pero bueno, sin querer liarme demasiado en ello, voy al tema.

Los Brooklyn Nets crearon mucha información a principios de campeonato. Cambio de ciudad, de nombre y de pabellón. Un equipo construido con ilusión y a base de talón. Vinieron jugadores como Joe Johnson, Andray Blatche, Reggie Evans o Gerald Wallace y se fueron Jordan Farmar, Gerald Green, Anthony Morrow, DeShawn Stevenson y Mehmet Okur (este último retirado). No parecían cambios tan importantes para un equipo que la temporada pasada se quedó décimo segundo en su conferencia con 22 victorias y 44 derrotas. Es más, hace tres años ganaron tan sólo 12 partidos y perdieron 70. P

ara mí ha sido una sorpresa muy agradable que hayan ganado 49 partidos (27 partidos más que el año pasado) y hayan podido terminar cuartos del Este y novemos de los 30 equipos de la NBA. La gran expectación que se creó a principios de temporada sólo era humo y presión. Pero el aliciente de jugar con nuevo nombre, pabellón, afición y la presión social les ha ayudado para conseguir este cambio tan radical. Aún así, van a estar un año más tras la sombra de los New York Knicks, que han terminado segundos y son los únicos candidatos a poder hacer algo sobre los sobrados Miami Heat.

A tres horas y media desde el John F. Kennedy International Airport de Nueva York se encuentra Houston, la cuidad más poblada de Texas. Los Rockets venían de quedarse a las puertas de los Playoffs con un récord de 34-32 (los Utah Jazz fueron el octavo equipo en clasificarse para la postemporada con un balance de 36-30). Con este historial y con muchos jugadores jóvenes pintaba un buen año, pero de repente casi toda la plantilla fue cambiada. Luis Scola, Goran Dragic, Kyle Lowry, Chase Budinger, Samuel Dalenbert, Marcus Camby y Courtney Lee ya no estaban en el equipo. Entonces Daryl Morey decidió echar la casa por la ventana y fichar primero a Jeremy Lin por más de 25 millones de dólares por tres años (pasaba de cobrar 788.872$  en los Knicks a ganar 8.374.646$ ), y segundo a Omer Asik con el mismo contrato que ‘Linsanity’. Por último, cambiaron a Kevin Martin por James Harden, además de conseguir a Carlos Delfino.

Jeremy Lin y Omer Asik./ Getty ImagesLas críticas y las burlas fueron el pan de cada día en las redes sociales desde que Houston decidiera gastar su dinero en dos jugadores como Asik y Lin. Pero el tiempo deja a cada uno en su sitio, ya que a mi parecer el año de Jeremy Lin ha sido muy buena (teniendo en cuenta el tipo de jugador que es y quitándole el ‘hype’ que se ganó en Nueva York). Sus números han sido de 13.4 puntos (44.1% en tiros de campo), 6.1 asistencias, 3 rebotes y 1.6 robos por partidos. Las de Omer Asik igual de buenas: 10.1 puntos, 11.7 rebotes y 1.1 tapones por encuentro.

En conjunto, los Rockets han conseguido entrar en Playoffs (séptimos del Oeste hasta el último día, que bajaron al octavo a favor de Los Angeles Lakers) y ganar 45 partidos. Una temporada donde el equipo se ha asentado perfectamente con sus nuevos jugadores, y descubriendo a grandes perlas para el futuro como Patrick Beverley, Donatas Motiejunas, Terrence Jones o Thomas Robinson. Gran trabajo también el de Kevin McHale como entrenador.

Para mí estos dos equipos han protagonizado la gran sorpresa de la temporada. Es verdad que de Este a Oeste ha habido muchos equipos de quienes podríamos haber hablado, pero yo me quedo con estos dos. Porque, a mi parecer, es fascinante todo lo que se ha generado sobre ellos. La raíz de sus historias son las mismas, pero vienen de un entorno diferente. Y con esta frase termino.

@Aitzol5

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Fecha | 30.04.2013 01:27

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Soñar con Rose

Derrick Rose./ Getty Images

Soñé que Derrick Rose se despertó iluminado. Posó los pies en el suelo y supo que no era un día cualquiera. Dios decía claramente: “Levántate y anda”. Se pasó horas mirando los muebles de casa a velocidad de floración. Echó un vistazo por la ventana. Siguió pensando en sus cosas, paseando sobre sus pies y sus rodillas. Llamó a Thibs y a Gar Forman. Les dijo que era martes y quería jugar. Le preguntaron si se sentía bien. Rose contestó que ni mejor ni peor que antes, que simplemente estaba listo. Preguntaron si estaba seguro. Él les dio los buenos días y les dijo que los vería en el entreno de la mañana. Por la noche había partido de Playoffs y por alguna razón Derrick Rose había encontrado el botón oculto de su cabeza, más bien de su alma. Soñé y soñé muy fuerte, pero no recuerdo muy bien qué suerte corrieron los Bulls. Sólo soy capaz de rescatar la imagen nebulosa del mejor base del mundo vestido otra vez de rojo, saltando de nuevo sobre los hombros del mundo.

Cuando desperté allí estaba Chris Paul, de talla gigantesca. Martirizaba a los Memphis Grizzlies haciéndolo todo y haciéndolo bien, controlando el tempo, tirando de fuera, penetrando de cine, y por si fuera poco, anotando los tiros ganadores en los segundos finales. Sin duda había crecido mucho desde que llegara a los Hornets en 2005, cuando sólo era un niño. Ahora controlaba el paso de los exultantes Clippers y ningún base parecía alcanzar su nivel. Por su parte, Chicago se jugaba las papas contra Brooklyn. Era un cruce cerrado que el equipo del United Center se esforzaba por ganar con todo, y donde muchos pronosticaban su derrota. Y la verdad es que en mi sueño les iba mejor, porque tenían a Derrick Rose. La defensa de perímetro era exuberante. Era un equipo más atlético. Deron Williams tenía delante a un rival que realmente le ponía en apuros. Y por si fuera poco, Chicago era otra vez un gran contender de la Conferencia Este y de la liga en general, con incluso posibilidades, decían, de discutir el reinado de los Miami Heat.

Cosas de sueños, seguramente. Pero pensándolo bien el escenario se parecía bastante a la realidad cercana, al pasado reciente. En la primavera de 2012 sólo la rodilla de Derrick Rose arruinó de golpe las opciones de los Bulls, que se tasaban como altísimas, rayanas en el anillo. Al curso siguiente el equipo de Thibodeau se acostumbró a jugar sin su estrella y apuntaló un nivel estimable y orgulloso. Noah y Boozer dieron un paso adelante en esa 12/13. Butler y Gibson siguieron creciendo. Nate Robinson encendía las calderas. Llegaron a postemporada como quintos del Este -con la misma marca que los Lakers, por cierto (45/37)- y sobre todo con la eterna letanía del regreso que nunca era. Rose no cumplía su calendario y llevaba semanas envuelto en rumores. Al parecer, el alta médica no era suficiente. “No estoy preparado mentalmente (…) Sólo Dios sabe cuándo volveré”. Por su parte, Thibodeau aseguraba el 20 de abril que era realmente improbable que Rose reapareciera este año, aunque no cerraba del todo la puerta. “Nunca sabes lo que puede ocurrir”. Fue pesimista pero no del todo tajante, por lo que yo me puse a imaginar como loco. Y supongo que por ahí se me filtraron los sueños, que son gratis pero a la vez cuestan una fortuna, y los míos no eran precisamente pequeños.

@CarlosZumer

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Fecha | 23.04.2013 18:08

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La vida sin Westbrook

Russell Westbrook./ Getty Images

“Lo primero de todo, te quiero Russ”. Kevin Durant comenzó así la entrevista a pie de cancha que le realizaron en televisión nada más terminar el tercer partido de la serie de primera ronda de playoffs entre Oklahoma City Thunder y Houston Rockets. El primero que los de OKC jugaban sin Russell Westbrook, que será baja para el resto de las eliminatorias por el título al tener que pasar por quirófano para operarse del menisco. El primero también en el que Kevin Durant estaba ‘solo ante el peligro’ y con todo el peso del equipo a sus espaldas. El primero de una versión desconocida de los Thunder, que jamás habían jugado sin un Russell Westbrook que no se perdía un partido desde el instituto. Comenzaba para Oklahoma City el asalto al trono de la NBA sin una de sus dos piezas claves.

KD siempre ha sido considerado como uno de los jugadores más polifacéticos de la Liga. Su instinto anotador, sus largos brazos, su manejo de balón, su mejorado lanzamiento de larga distancia, su capacidad para correr la pista, su salto… Todo ello ha jugado siempre a su favor y le ha convertido en un jugador privilegiado, que ahora deberá exprimir sus virtudes al máximo. Sin su inseparable Westbrook tiene muchas más responsabilidades, sobre todo en ataque, y las está asumiendo. No es que tenga que jugarse todos los balones que se jugaba el base (que no eran precisamente pocos), pero sí tener mayor presencia en la cancha y ofrecer más que en cualquier otro momento de su carrera su espalda para cargar con sus compañeros. Sus números en los dos partidos que base ha estado ausente, los dos de toma de contacto, fueron de 41 puntos y 14 rebotes en el tercero y 38 puntos, 8 rebotes y 6 asistencias en el cuarto, pero además ha habido un detalle que han llamado especialmente la atención. Según una estadística de la NBA, Durant botó 230 veces más el balón en el tercer partido de la serie contra Houston que en el segundo. Blanco y en botella.

Esperar que KD llegue y solucione la papeleta, y ya puestos gane él solo el anillo, sería el camino más fácil, pero también algo imposible. El resto de la plantilla, sobre todo en lo que a jugadores exteriores se refiere, tendrá que arrimar el hombro para paliar la baja de Westbrook. ¿Quién aparece en escena? Pues un veterano como Derek Fisher y un joven como Reggie Jackson. El primero ha cumplido con creces, sobre todo de cara al aro, saliendo desde el banquillo y a pesar de los años. Ya saben eso de ‘quien tuvo retuvo’. El segundo ha ido un poco más allá. Jackson no sólo ha aceptado el reto sino que ha tomado el toro por los cuernos. En el primer choque como titular se fue hasta los 14 puntos y en el segundo hasta los 18. Si a esto le sumamos que Kevin Martin parece haber despertado, tal y como dejó claro en el sexto partido de la serie, todo empieza a tomar forma. En Oklahoma City está claro que hay vida más allá de Russell Westbrook, pero ahora hay que ver hasta donde son capaces de aguantar cuando éste no está. De momento, y ante Houston, había mucho margen de maniobra. En segunda ronda de playoffs será otra historia.

@AntonioGil_SOSE

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Fecha | 04.05.2013 10:45

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La prueba del bañador

Stephen Curry./ Getty Images

Aquí da igual el cómo y cuándo llegaste. A partir de ahora, siete asaltos. No hay margen para error. Si no has sido capaz de solventar los problemas hace tres meses, no esperes un milagro. Los playoffs ponen a cada uno en su sitio. Son casi tan justos como la vida. Tarde o temprano, el que lo merece, triunfa y el que no, firma el fracaso. Evidentemente, todos pensamos en ciertos candidatos para lo primero y para lo segundo.

Siento la maldad aflorar cuando pienso en las trampas que está preparando Gregg Popovich. De verdad que me lo he imaginado partiéndose de risa cuando vio que le tocaban Los Angeles Lakers con Mike D’Antoni como estratega. También me lo he imaginado frenando esa risa al ver que Pau Gasol es el maneja en la pista y que llega en muy buena forma. Popovich se pone serio. Los San Antonio Spurs son el mejor enfrentamiento que les podía tocar, y aún así es igual de complicado que los físicos Oklahoma City Thunder. Los iluminados podrán decir lo que quieran pero que repasen las lecciones magistrales que siempre le han dado al hombre que sonríe y figura hasta cuando pierde. La recomendación de la semana es seguir a Kobe Bryant en Twitter y ver los ‘palitos’ que suelta a su entrenador. Por cierto, Mitch Kupchak ha esperado a meterse en los playoffs para confirma a D’Antoni en su puesto para el curso que viene.

Jason en ‘Viernes 13′ siempre volvía. Todos le damos por muerto pero ahí está. Preparado y listo para asustar y salir victorioso. Los Boston Celtics son igual. Han superado eso del factor cancha en contra. Algunos equipos nunca lo han logrado. ¿El Madison?. Sin problemas. Los mejores New York Knicks de la última década tienen que bailar con la más fea. Doc Rivers prepara la sorpresa. Es de cocción lenta pero con resultados muy sabrosos. Sólo Carmelo Anthony puede cambiar el rumbo de una eliminatoria más igualada de lo que dicen sus récords en temporada regular. En el Este, ahora mismo, es lo más atractivo de la primera ronda. Saber si los Milwaukee Bucks serán capaces de rascar alguna victoria o si los Indiana Pacers han repartido ya sal de frutas para digerir sus partidos son cuestiones demasiado irrelevantes sabiendo que hay un Knicks-Celtics en juego.

Pau Gasol./ Getty Images

En invierno, los abrigos y jerseys tapan los defectos de los cuerpos. Pero con la llegada del buen tiempo, los resultados del gimnasio, la dieta y los cuidados saltan a la vista. En bañador, no hay trampa ni cartón. Los Golden State Warriors nos han gustado en invierno. Mucho. Ahora toca ‘verles sin menos ropa’. Estamos redescubriendo a nuestra primera novia. Al sol. En el parque. Sin plumas ni bufanda. Lo mismo para Denver Nuggets. Con el agravante de la baja de Danilo Gallinari, las molestias de Ty Lawson y las expectativas que todos tenemos en la eliminatoria más veloz en años. Imperdible.

Hay otros que funcionan como un matrimonio que ya ha cumplido las bodas de plata: se conocen todos los lunares que tiene la persona que tienen enfrente. Se aman por cómo se sienten con el otro y hay otras veces en las que se odian por tener a esa persona. Los Angeles Clippers vs. Memphis Grizzlies. Serán partidos largos. Llenos de cualquier cosa. Ninguna despreciable. La eliminatoria más de playoffs de todas. También miren con el rabillo del ojo la de los Thunder contra James Harden. Cuentas pendientes, venganzas y envidias, miedos, emoción e intriga. Como en ‘Falcon Crest’.

Llevamos esperando esto desde diciembre y ya lo tenemos aquí. Desde el sábado. No valen excusas. Ya no hay lockout. Aquí está todo inventado. Las vergüenzas al aire. Los ‘timadores’, a la calle. Sólo quedarán los buenos, a los que el bañador no saque los colores. No duerman. Por la noche pasan cosas que el día no ofrecerá jamás.

@ICano14

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Fecha | 20.04.2013 03:41

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El gran dilema

Derrick Rose./ Getty Images

Hace unos meses, cuando los Chicago Bulls visitaron el Madison Square Garden, Derrick Rose fue la mayor atracción. Cámaras congregadas en la canasta donde el base realizaba sus ejercicios de calentamiento (por entonces muy suaves todavía)  y reporteros con sus teléfonos móviles sacando fotos del jugador vestido de corto y una cuestión repetida hasta la saciedad, “¿sabes si va a hablar Rose?”. La respuesta siempre era que no. Sin embargo, casualidades del destino, este que escribe se encontró con el playmaker al salir del vestuario visitante y pudo preguntarle directamente. Un educadísimo “lo siento pero no me permiten hablar” fue la contestación. “¿Y mandar un saludo a cámara diciendo que volverás pronto?”. La réplica fue tan desmoralizadora para los dos. “Lo siento, pero es que no sé si volveré pronto o no”. Hoy día, ya en mitad de los Playoffs de 2013, sigue sin existir una respuesta.

“Digamos que lo más posible es que no juegue ningún encuentro, pero nunca se sabe”, explicó el entrenador de los Bulls, Tom Thibodeau, a los medios tras la estrepitosa derrota de Chicago en la cancha de los Brooklyn Nets en el primer partido de la serie. “Los playoffs son impredecibles y tienes que jugar también con ese factor. Nadie sabe dónde estará Derrick dentro de una semana y personalmente siempre quiero dejar una posibilidad abierta. Pero si vais a escribir algo os diré que es complicado que juegue”. Leyendo entre líneas, las palabras del técnico son un ‘ya si acaso el año que viene’. Y, pensándolo bien, tiene todo el sentido del mundo.

Derrick Rose./ Getty Images

Rose lleva sin jugar desde que se rompió el ligamento anterior cruzado de su rodilla izquierda el pasado 28 de abril de 2012, es decir, más de un año, y aunque el base entrena con normalidad junto a sus compañeros, él mismo ha reconocido que mentalmente no está preparado para regresar. La falta de confianza no es precisamente la mejor compañía para un jugador con un estilo tan agresivo para el físico, y especialmente para el tren inferior, como el de ‘D-Rose’. Volver a las canchas ahora sería un riesgo doble. Por un lado desestabilizaría a un equipo que ha aprendido a jugar temporalmente sin él y por otro, y más importante, pondría al otrora MVP en una situación peligrosa. Un partido de playoffs no es un partido de regular season, ni por intensidad ni por importancia, y sería una soberana estupidez arriesgar un año entero de rehabilitación por una victoria de un equipo sin prácticamente opciones al anillo, no nos engañemos.

Evidentemente Derrick Rose volverá al parquet y será nuevamente el jugador franquicia de los Chicago Bulls. Evidentemente sus compañeros y el cuerpo técnico del equipo le esperan con los brazos abiertos. Evidentemente los fans cuentan las horas que restan para su retorno. Pero todo esto sólo sucederá cuando el eléctrico base se encuentre preparado. Físicamente ya le han dicho que lo está. Ahora sólo queda que él se lo crea… Y parece que tendrá todo el verano para mentalizarse y mentalizarnos de que no ha sido una temporada tirada a la basura.

@AntonioGil_SOSE

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Fecha | 25.04.2013 09:58

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El que juega con fuego se quema

Kobe Bryant./ Getty Images

Estamos jugando con fuego. No es algo que me guste, pero es lo que exige esta situación. No puedo dar descanso a Kobe Bryant, declaró el entrenador Mike D’Antoni hace justo una semana.

La urgencia de Los Angeles Lakers por entrar en los Playoffs de 2013 ha hecho que Kobe, con 34 años, jugase una media de 45.5 minutos en los últimos siete partidos. En total han sido 14 días de presión, con un partido cada 48 horas y un final trágico.

KOBE BRYANT

Partido

Minutos

Sacramento Kings – 30 marzo

47:37

Dallas Mavericks – 2 abril

47:04

Memphis Grizzlies – 5 abril

42:32

Los Angeles Clippers – 7 abril

47:20

New Orleans Hornets – 9 abril

41:06

Portland Trail Blazers – 10 abril

48:00

Golden State Warriors  – 12 abril

44:54

.
El resultado del sobre-esfuerzo: de 6 a 9 meses de baja con una rotura total del tendón de Aquiles de su pie izquierdo. Ironía de la historia, como el héroe de la mitología griega, parece que sólo esta situación podía apartar al escolta de una cancha de baloncesto. Kobe termina contrato la próxima temporada y, por sus últimas declaraciones, esto puede marcar el peor final para una carrera de diecisiete años llena de éxitos.

De la misma forma, Metta World Peace forzó su vuelta el pasado 9 de abril contra los New Orleans Hornets tan sólo 12 días después de haber sido operado para reparar el menisco lateral de su rodilla izquierda. Aunque el alero se lo tomó a broma con aquellas declaraciones de soy muy sexy para mi gato, nadie sabe cómo puede acabar esto.

Sólo abro esta columna a modo de reflexión. ¿Están arriesgado demasiado los Lakers? ¿Han hecho lo que debían? ¿Hubiera sido preferible tirar la temporada y empezar de nuevo en 2014? ¿Es hora de buscar a alguien que releve a Kobe? Y visto lo visto, ¿influirá esto en el miedo de Derrick Rose por forzar su vuelta?

Kobe Bryant y Derrick Rose./ Getty Images

@DAlarcon_NBA

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Fecha | 13.04.2013 21:59

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Próxima parada: Playoffs

Playoffs./ Getty Images

Todo el mundo que esté enganchando al baloncesto americano ha estado atento a una de las locuras que se celebra en el mes de marzo, conocido popularmente como ‘la locura de marzo’ y oficialmente como el Campeonato de la División I de Baloncesto Masculino de la NCAA. Los Louisville Cardinals ganaron por 82-76 a los Michigan Wolverines en una de las mejores finales que se recuerden. Un total de 68 equipos empezaron a principios de mes un carrusel de partidos que tuvo la gran final el pasado 8 de abril. Una maravilla que muchos la siguen, siendo la gran final el partido más visto en Estados Unidos por detrás de la Superbowl de fútbol americano.

Para los que seguimos la NBA es un momento donde se nos ponen los dientes largos, ya que en la Liga no suele haber tanta emoción. Los equipos que ya están clasificados reservan a sus jugadores para los playoffs y prueban a secundarios para ver en qué les pueden ayudar. Ahora mismo todo está visto para sentencia, y sólo falta por saber en la Conferencia Oeste quién obtendrá el octavo puesto que da derecho a jugar la recta final de la temporada.

LeBron James./ Getty Images

Miami Heat ya se ha asegurado el mejor récord de la NBA, que le hace tener el factor cancha incluidas las Finales. Les acompañarán los New York Knicks, Indiana Pacers, Brooklyn Nets, Chicago Bulls, Atlanta Hawks, Boston Celtics y Milwaukee Bucks. De aquí saldrán unos emparejamientos que seguro harán saltar chispas, como el duelo entre Knicks y Celtics, y habrá que tener un ojo puesto en equipos como Chicago, Atlanta o Bucks.

Por otra parte, Ocklahoma City Thunder y San Antonio Spurs están luchando por tener la mejor marca de la conferencia Oeste. Los Denver Nuggets les siguen de cerca, haciendo un gran último tramo de campaña. Los Angeles Clippers, Memphis Grizzlies y Golden State Warriors ya están clasificados y seguro que veremos grandes partidos. Lo que me parece fascinante es la séptima plaza de los Houston Rockets, ya que ha principios de temporada nadie daba (o dábamos) medio duro por este equipo. Los traspasos y fichajes que han ido haciendo durante la regular season les han valido para entrar en Playoff y ser una de las sorpresas del año. Y por último queda la octava plaza, actualmente en posesión de Los Angeles Lakers pero que podría ser de los Utah Jazz. A priori debería corresponder a los de purpura y oro, pero eso no se puede afirmar, ya que el calendario de los de Salt Lake City parece más fácil.

Kevin Durant./ Getty Images

El 20 de abril empiezan los Playoffs 2013, una fecha que hará que la NBA coja de nuevo la tensión y los nervios característicos de estas fechas. Aquí comienza otro campeonato, que nada tendrá que ver con la regular season. Los equipos se transforman, las gradas se calientan y los jugadores se convierten en héroes o villanos. Todo puede suceder y seguro que sorpresas no van a faltar.

Hasta el 6 de junio (con posibilidad de adelanto al 4 de junio) no sabremos quiénes jugarán la gran final de la NBA. Así que siéntense, haga su apuesta y no deje de disfrutar. ¿Quién ganará el anillo? ¿Quién será la cenicienta? ¿Quién será el gran fracaso?

It’s Playoff time!

@Aitzol5

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Fecha | 12.04.2013 06:48

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Memphis: Consideraciones antes de la guerra

Marc Gasol, Zach Randolph, Tyshaun Prince, Mike Conley, Jerryd Bayless./ Getty Images

Lo que más recuerdo siempre de los Memphis Grizzlies son sus Playoffs de 2011, cuando jugaron mejor que nunca habiendo perdido por lesión a su estrella. La sensación de extrañeza con la que vería esa postemporada Rudy Gay es una imagen que siempre me gusta rescatar. Taciturno, vestido de calle, asistiendo a la hazaña de un octavo clasificado eliminando a un primero, los sempiternos San Antonio Spurs de Gregg Popovich. Fue realmente extraño ver al jugador franquicia sin participar del mayor hito histórico de la misma (pues además, fue la primera vez que Memphis ganaban un partido de postemporada, y por consiguiente, la primera vez que pasaba de ronda). De algún modo, quedaba entonces planteado el nudo básico del relato grizzlie de Lionel Hollins: el afán colectivo. Pues en efecto, y a riesgo de lectura oportunista, se acabó por desalojar al verso suelto. Rudy Gay esparciéndose en los inclasificables Toronto Raptors y Tayshaun Prince encerando la máquina de Memphis parecían tener todo el sentido del mundo, como una ordenación armónica del mercado NBA llevado a cabo por la ley de la oferta y la demanda.

Los Grizzlies son uno de esos equipos que juegan mejor en la realidad que en el videojuego. Un roster parco en súper-números y súper-nombres es, al mismo tiempo, uno de los mejores conjuntos del Oeste y una opción discreta para el jugador de videoconsola, al menos para el modesto. Limitaciones de la simulación, imagino. Pero la cuestión salarial y numérica no es menos importante en esta historia. Gay dejó un hueco doble al marcharse: el de su sueldo (16 millones de dólares crecientes hasta los 19 en 2015) y el de sus puntos. Y como la anotación (de perímetro sobre todo) no es cosa que caiga del cielo, quedaba la duda de ver cómo se suplirían sus 18 puntos por noche en un equipo, Memphis, de anotación más bien parca (antepenúltimo de la liga). Simplificadamente, el misterio lo resuelve positivamente el balance de los Grizzlies desde el traspaso (22-9, récord porcentualmente mejor que el acumulado hasta ese momento, 15-19) y la estadística total de anotación del equipo, anclada sin variación en torno a los 91 puntos tanto antes como ahora. Sí es algo más difícil de determinar la cuestión más concreta de quién ha “heredado” su anotación, pero los candidatos parecen más o menos claros: el prevalente juego interior, el crecimiento de Jerryd Bayless como sexto hombre fortalecido y la feliz madurez de Mike Conley, eterno base underrated que viene tomando grandes dosis de responsabilidad de un tiempo a esta parte.

Al punto, a las puertas de la postemporada de la 12/13, los Grizzlies parecen en todo su elemento. Celosamente saneados en lo económico. Deportivamente afilados, sobre todo en lo defensivo, pues son el mejor equipo de la liga en puntos recibidos (6735 – 89.8 por noche). Y lo más importante, con un equilibrio dentro-fuera que, aunque cargue en Marc Gasol y Zach Randolph gran parte del peso emocional del equipo, siempre parece bien repartido, con el balón viajando pacientemente en busca de la mejor situación, en clara poética de extra-pass. Al fin, levantada acta de la excelencia colectiva de los Grizzlies, donde la rotación de 10 hombres no descuida la importancia de los actores de reparto – Ed Davis, Darrell Arthur, Quincy Pondexter…-, el mediano de los Gasol merece capítulo aparte. El traspaso de Pau a los Lakers en febrero de 2008 es probablemente uno de los movimientos más sustantivos de la última década, pues en efecto fabricó, de muy distinta manera, dos equipos ganadores: el de Tennessee, pasados los años y bien hechos los deberes, gravitando alrededor de Marc; y el del Staples, fundamentado en la venida del mayor de los Gasol y en el salto de calidad que propició su incorporación. Y es que, abrillantado por una labor admirable de Lionel Hollins, Marc es con seguridad hombre alto de All-Star y por derecho habrá de estar este curso en alguno de los quintetos del año, probablemente los defensivos. Sus promedios se mantienen notables pero es en el resto de facetas donde más brilla: liderazgo, equilibrio, presencia, y por supuesto, eso que llamamos los intangibles, lo que quiera que estos signifiquen. Con él el equipo juega mejor con la certeza de que, si pierden, como cuenta Tayshaun Prince, todos se vuelven molestos a casa. Y a su edad, Marc no sólo parece mejor que su hermano, sino que goza de una prensa más elogiosa y de un juicio experto incluso más prometedor.

Es difícil pensar en los Grizzlies como candidatos al anillo, pero nadie se atreverá a tacharlos de las quinielas. Junto a Denver Nuggets representan una amenaza que, amén de la calidad presupuesta a todo equipo de postemporada, se dibuja como auténtico tormento de rivales, pain in the ass para todo el que tenga la desgracia de cruzárselos. Lo grande de los Grizzlies es justamente eso: nadie les dará como claros aspirantes al campeonato, porque difícilmente lo son, pero al mismo tiempo, nadie les supondrá perdedores a priori frente a ningún equipo. Situados en esta equidistancia entre los súper-favoritos y las cenicientas de mayo, es una auténtica incógnita saber hasta dónde pueden llegar. Por lo pronto, pelean por una posición lo más ventajosa posible que les dé factor campo y les disponga una ruta propicia en postemporada. Colateralmente ya han batido el récord de la franquicia en Regular Season (51-24 al cierre de este texto), plusmarca que supera el mejor balance de los emblemáticos Grizzlies de la 03/04. Y aún les aguardan muchos más milestones en el camino. Fieros y orquestales, una modesta revolución en el Medio-Oeste del país, Memphis deberá refrendar en adelante todo el trabajo de varias temporadas para construir un equipo ganador desde los cimientos de una franquicia de bolsillo. Si ganan -lo que quiera que sea-, muchos estaremos sorprendidos, pero no podremos decir que no nos avisaron.

@CarlosZumer

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Fecha | 05.04.2013 19:30

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