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´Soy Leyenda’: Charles Barkley

Un valiente que miró a los ojos a Michael Jordan. Un cuerpo preparado para arrasar con todo lo que se le pusiera por delante. Un integrante del mejor equipo de todos los tiempos. Unos hombros que sostuvieron a dos ciudades. Philadelphia y Phoenix le adoraron. Y el mundo entero porque Charles Barkley es una figura mediática que sobrepasa las canchas. Culpable junto con Magic, Bird, Jordan, Thomas y compañía de que la NBA sea lo que es hoy día. Uno de los perfiles griegos más ‘incómodos’ de aquel selecto grupo de dioses que elevó al máximo este juego.

Los Sixers intuían el final de la carrera de Julius Erving. Philadelphia iba a perder a su ídolo por el insoportable paso del tiempo. Ni saltaba ni anotaba como antes porque tenía demasiadas horas de vuelo. Moses Malone también veía cerca su ocaso baloncestístico y acogió a un joven Barkley bajo sus enseñanzas. Con una carrera universitaria de doce meses, aterriza en la mejor liga de baloncesto del mundo en 1984 tras ser elegido en el número cinco del Draft (dos puestos por debajo de Jordan), sabiendo que él representa el futuro de una franquicia. Mucha presión para cualquier joven menos para alguien con tanta personalidad y desparpajo. Aceptando de buen grado todos los consejos de sus compañeros veteranos (sobre todo, de Malone), Barkley arrasaba en la pista y fuera de ellas. Una personalidad magnética y querida iba creciendo en los Sixers.

No salió de allí hasta 1992. Durante sus casi diez años como la estrella de una de las ciudades más importantes de Estados Unidos logró ser All Star, máximo reboteador de la liga, estar en el mejor quinteto de la liga y convertirse en un referente mundial. Pero el anillo nunca llegaba y este hecho terminó por ser un detonante pausado de su caducidad en los Sixers. Su actitud fue empeorando pese a ser siempre uno de los mejores del equipo. Sus problemas con la báscula iban y venían. Ser el mejor reboteador de la NBA pese a su altura… o el mejor alero nunca saciaron su apetito. Por eso, se marchó hasta Arizona para ser el jefe (de nuevo) de un equipo: los Suns.

Su primera temporada jugando en Phoenix fue la mejor de su carrera. Michael Jordan dominaba la NBA pero le iba a salir un rival casi inesperado, más delgado y que le conocía como a un hermano: Barkley. Uno de sus mejores amigos en la liga. Los Bulls sufrieron mucho para ganar. Barkley era el MVP aquella temporada 92/93 y los Suns estuvieron a punto de alcanzar la gloria absoluta. Tuvieron la mala suerte de cruzarse con el mejor jugador de la historia… Jordan derrotaba a otro rival legendario. Barkley lo intentaría más veces pero nunca llegaría a estar tan próximo al anillo como aquel junio de 1993.

Cuando la dieta ya era sólo una molestia y no una herramienta para triunfar, Barkley también se dejó llevar por el ansía que empuja a muchos jugadores a escoger mal y querer el anillo de cualquier manera. Si eres tan bueno, deseas el premio gordo y Barkley lo buscó con más empeño en los Rockets pero no tuvo suerte. Su estrella se apagaba a la misma velocidad que cogía kilos y estropeaba su swing en el golf. Barkley cerraría su carrera en la NBA en el mismo lugar donde la comenzó: Philadelphia. En diciembre de 1999 se rompía el tendón del cuádriceps izquierdo. Pero su majestad quiso volver antes del final de la temporada regular para despedirse jugando y no en una camilla. Sería en abril de 2000. Barkley se iba de la mejor liga de baloncesto del mundo habiendo sido uno de los mejores aleros de la historia. La leyenda de Barkley se agranda al saber que tiene dos medallas de oro olímpicas (1992 y 1996), ser uno de los mejores del auténtico Dream Team, Hall of famer desde el 2006, elegido como uno de los cincuenta mejores jugadores de la historia y uno de los chicos “malos” más buenos de la NBA. Leyenda absoluta.

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Autor | Inaki-Cano
Fecha | 11.10.2012 11:10

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