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“Hago lo que quiero…”

Shaq O`Neal, en su etapa como jugador de Miami Heat./Getty“Hago lo que quiero, cuando quiero y donde quiero”. Así subtitulaba Andrés Montes el apodo de “Articulo 34” que tuvo a bien concederle a Shaquille O’Neal durante la gloriosa etapa del pívot en los Los Angeles Lakers. Con el anuncio de su retirada en un breve video casero a través de Twitter, O’Neal ha vuelto confirmar la frase repetida cientos de veces por el añorado periodista.

Para los que no hemos visto jugar a Wilt Chamberlain y Bill Russell, o apenas recordamos los últimos años de la longeva carrera de Kareem Abdul-Jabbar, Shaq ha sido el pívot más dominante que jamás ha pisado una cancha de baloncesto. Un jugador perteneciente a una especie ahora casi extinguida en la élite, formada por pívots de gran tonelaje que juegan muy cerca del aro.

El requisito fundamental para formar parte de este selecto y ahora denostado club es imponer la fuerza bruta en la pintura para rebotear y machacar tantas veces como sea posible. Si además eres incapaz de anotar desde más de tres metros de distancia y tu mecánica de tiro desde la línea de libres causa un leve murmullo en las gradas, eres el candidato perfecto.

Sabemos que a los pívots modernos se les exigen muchas mas cosas pero si recordamos al O’neal de Louisiana State, Orlando Magic y, especialmente, al de los Lakers, se nos hará complicado pedirle algo más a nuestro cinco. Dominar era su misión y la mayor parte de las veces la cumplía con una amplia sonrisa, puede que para disimular tanta fuerza bien proporcionada.

Al conocer la retirada de Shaq, “Magic” Johnson se apresuró en mostrarle su agradecimiento a través de las redes sociales por los tres campeonatos que facilitó a los Lakers. Sin embargo, el mítico base también dejo una pregunta en el aire: ¿cuantos títulos más habría conseguido el pívot si se hubiera quedado en Los Ángeles?
No sabemos la respuesta, pero si es cierto que la retirada de O’Neal deja la sensación de que podría haber engordado aun más su envidiable palmarés. Pese a ello, merece estar al lado de los más grandes por su impacto en la liga a lo largo de 19 temporadas.

Y es que antes de que Dwight Howard se apropiara del apodo de “Superman”, ya había un hombre en la NBA con la “S” tatuada en su antebrazo y con unos superpoderes que muy pocos pivots pudieron contrarrestar. Tal vez Hakeem Olajuwon en los 90 y Marc Gasol en los últimos años están entre los pocos que encontraron la kriptonita para frenar al bueno de Shaq.

La NBA no será lo mismo sin él en la pista pero, dado su carácter y sus dotes de showman, es previsible que siga estando muy presente en el futuro de la liga. No en vano, el espectáculo fuera de la pista ha sido otra de sus grandes virtudes y eso le ha ayudado mucho ha convertirse en la estrella global que todos conocemos.

@marcrampas

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Fecha | 03.06.2011 12:47

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