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Allen Iverson

Cuando Michael Jordan se había marchado, cuando Kobe aún no era la megaestrella que es y cuando la NBA sufría un vacío extremo de una figura líder a nivel global, apareció él. Un juego descarado, un estilo impactante y una actitud combativa. Un hombre que aglutinaba el final de un siglo y el comienzo de otro. Allen Iverson aterrizó en nuestros corazones en el 96. En 2001 era el dueño de ellos y de la NBA. Un tsunami en todos los campos. Crear tendencia en el baloncesto y en la moda. Allen Iverson.

Despertando filias y fobias por igual, lo único real es que fue una estrella con una luz casi cegadora hasta para él mismo. Un hombre que sostuvo sobre sus hombres el peso de la competición deportiva más importante del mundo. Para bien o para mal pero Iverson fue la base primordial para la expansión global de la marca NBA. Mucho antes ya habían iniciado el camino las grandes leyendas de los ochenta y el Dream Team, pero cuando la NBA decidió abrirse más aún al mundo, Iverson estuvo ahí para dejarnos los ojos como platos con su juego y su estilo. Ha sido (y es ) odiado por todo lo que hizo en la cancha, no caía bien, no gustaba cómo vestía, etc.. Pero siempre estuvo ahí. Él solito provocó una transformación en el baloncesto americano. Todos los aficionados a la NBA nos hemos comprado unos pantalones para el basket. Eso sí, más anchos de lo que nuestra talla dicta. A lo mejor muchos los llevan porque se los han visto a otros jugadores pero os puedo asegurar que esos jugadores se los vieron a él primero. Alguno se ha probado una cinta de pelo pero a pocos les queda tan bien como a Iverson. También hemos probado a hacer un “crossover” con la naturalidad con la que los hacía él. Nadie lo controlará como Iverson. Nos hemos “tirado hasta las zapatillas” creyendo que las vamos a meter todas. Ni de lejos. Yo tengo un shooter arm sleeve (para los que no lo sepan, es esa especie de calcetín para el codo que luce, por ejemplo, Ray Allen o Carmelo Anthony).

Su carrera se parece a la del grupo Oasis: explosiva e impactante en sus comienzos, pero negativa y autodestructiva en su final. Ha pasado de ser un ídolo celestial a una parodia de sí mismo. Iverson cogió de la mano a una plantilla normalita como la de los Sixers de la temporada 2000/2001 hasta las Finales de la NBA. Él solito… con su pelo y con su look. Con su juego y su liderazgo. Larry Brown fue el único que le entendió y le medio domesticó. Vimos al mejor Iversn junto a él. Un jugador tremendo capaz de ganar a cualquiera con el apoyo de su cinta de pelo y sus tatuajes. Un jugador capaz de soportar un combate frente a los Lakers todopoderosos de inicio de siglo. Rompió la cintura a Jordan y al que se le puso por delante. Anotó canastas de todos los colores y sabores… frente a quien fuera.

Una figura impactante que brilló hasta que su cabeza, su cuerpo y la NBA le dejaron. La sensación que queda es que el propio Iverson fue el que pulsó el botón de autodestrucción y nadie le dijo que no lo hiciera. Tampoco le hubiera escuchado, Iverson siempre fue un alma libre.

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Autor | Inaki-Cano
Fecha | 20.04.2012 12:32

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