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Balones a Wilt

Wilt Chamberlain./ Getty

La mayor proeza individual realizada sobre una cancha de baloncesto cumplió el 2 de marzo de 2012 medio siglo. Viajamos al pasado para repasar lo que sucedió ese día de 1962 en la pequeña localidad de Hershey (Pennsylvania).

Trasladémonos a los Estados Unidos de 1962. El país atraviesa un momento de bonanza económica y lucha por superar sus conflictos raciales. Estamos en plena Guerra Fría y Cuba está a punto de convertirse en una seria preocupación para el presidente Kennedy, que planea anunciar su intención de poner a un compatriota en la luna antes del final de la década. “West Side Story” triunfa en los cines y en las radios no dejan de sonar las canciones de los Beach Boys y de Bob Dylan. En los cuadriláteros de boxeo, un joven Cassius Clay ha comenzado a sembrar el terror.

Por su parte, el baloncesto sigue ganando popularidad en todo el país y la NBA se esfuerza por captar nuevos aficionados. Con ese objetivo, los Philadelphia Warriors se han mudado temporalmente a la pequeña localidad vecina de Hershey – famosa por su gran fábrica de chocolate- para jugar algunos partidos de temporada regular como locales en el modesto Hersheypark Arena.

Su máxima figura es un pívot de 25 años y 2,16 m. de altura que ya lleva tres temporadas firmando unas estadísticas escalofriantes con el equipo de su ciudad natal. Procede de la universidad de Kansas y antes de entrar en la NBA ha tenido que pasar un año dando espectáculo con los Harlem Globetrotters. Su nombre es Wilton Norman Chamberlain, Wilt para los aficionados y “The Stilt” (“El zanco”) o “The Big Dipper” (“La Osa Mayor”) como apodos impuestos contra su voluntad.
Los New York Knicks llegaban a Hershey aquel 2 de marzo para medirse a los Warriors con la baja por gripe de su pívot titular, Phil Jordan, y sabiendo que iba a ser muy complicado frenar a Chamberlain, por lo que optaron por centrar sus esfuerzos defensivos en sus compañeros, entre los que destacaban el veterano alero Paul Arizin y el habilidoso base Guy Rodgers.
A nadie le sorprendió que Chamberlain terminara el primer cuarto con 23 puntos -no en vano esa temporada establecería el record de anotación de la NBA promediando 50,4 puntos en 80 partidos disputados- y más de uno pudo pensar que el pívot simplemente estaba forzando la máquina un poco más de lo acostumbrado en el inicio del encuentro. Sin embargo, los 41 puntos con los que llegó al descanso sí parecían anunciar que el jugador con el número 13 iba a alcanzar esa noche una cifra exagerada de puntos.

“¿Setenta puntos? ¿Ochenta?” Los presentes hacían sus predicciones durante el intermedio contando con que Chamberlain tendría que pagar en algún momento el esfuerzo de la primera parte. Pero el tercer cuarto mandó rápidamente al traste esa teoría. Otros 28 puntos subieron al casillero personal del imponente pívot, que ya sumaba 69 con doce minutos más por jugar. Los fotógrafos y periodistas locales que en la primera parte habían brillado por su ausencia, comenzaron a entrar apresurados en el Hersheypark Arena al olor de la gran noticia.

Wilt Chamberlain./ GettyTímidos mates, suaves bandejas, palmeos… Wilt estaba mostrando todo su repertorio esa noche, sin olvidar su célebre suspensión a la media vuelta o “fadeaway”, un tiro prácticamente indefendible que el pívot ejecutaba con un estilo y una efectividad inigualables. Los pívots de los Knicks, Darrall Imhoff y Cleveland Buckner, ya habían asimilado que no iban a poder cumplir con honores su misión de evitar lo inevitable y, a pesar de que el partido estaba siendo competido, los aficionados ya estaban más preocupados por saber hasta dónde iba llegar Wilt que por el partido en sí.

Desde la grada se empezó a escuchar una frase que ya ha pasado a la historia del baloncesto. El “Give it to Wilt!” (“¡Dádsela a Wilt!”) coreado por los 4.000 espectadores del humilde pabellón de Hershey era el fruto del deseo irrefrenable por presenciar algo todavía más memorable que lo que ya habían visto, algo histórico.

El técnico de los Philadelphia Warriors, FranK McGuire hizo caso al respetable ordenando a sus jugadores que hicieran llegar el balón a manos del pívot en cada ataque del último cuarto. Chamberlain “sólo” necesitaba nueve puntos para superar los 78 que ya había sido capaz de anotar en un solo partido tres meses antes y que aún hoy sigue siendo la tercera mejor marca de anotación de la NBA. Los Knicks conocían las intenciones de “The Stilt” y no estaban dispuestos a colaborar en su nuevo récord, por lo que decidieron jugar posesiones largas y hacer faltas a cualquier rival que no tuviera el 13 en su dorsal. La respuesta de los Warriors fue tan lógica como efectiva. “Si ellos hacen faltas, nosotros también las haremos para parar el reloj y volver a tener la oportunidad de pasarle el balón a Wilt”, debieron pensar. Además, los Knicks no contaban con la experiencia acumulada por Chamberlain como base en los Globetrotters. Una excentricidad vista desde la perspectiva habitual, pero que había dotado al jugador de un dominio de balón impensable para un hombre de su altura.

No existen imágenes del partido, pero sí varias crónicas y una retransmisión radiofónica. Gracias a ellas sabemos que a falta de 46 segundos para el final, Chamberlain recibió un pase del ala-pívot Joe Ruklick cerca de la canasta para sumar los dos puntos que le valían para alcanzar los 100 y poner el definitivo 169-147 en el marcador. Los aficionados saltaron a la pista para tocar al héroe y el partido se dio por terminado antes del bocinazo final, al tiempo que el pívot huía a los vestuarios. Fue allí donde el entonces relaciones públicas de los Philadelphia Warriors, Harvey Pollack, decidió escribir un gran 100 en un trozo de papel e hizo que el pívot posara con él en sus manos para una foto que se ha convertido en una imagen icónica del siglo XX.
Pollack, que a sus 89 años sigue siendo el director de información estadística de los Philadelphia 76ers y toda una leyenda de la NBA, es posiblemente el mejor testigo de aquella mágica noche de los 100 puntos de Chamberlain. Gracias a él sabemos que, por petición expresa del propietario del equipo, Eddie Gottlieb, los Warriors viajaron desde Philadelphia en el mismo día del partido y con muchas horas de antelación para evitar posibles retenciones de tráfico. Así, el equipo se plantó en Hershey varias horas antes del encuentro y los jugadores optaron por acudir a un salón de juegos para matar el tiempo. Chamberlain estaba especialmente desafiante ese día con sus compañeros y consigo mismo y, a falta de balón y canasta, decidió saciar su competitividad rifle en mano en un juego de tiro y zarandeando las máquinas de “pinball”.

Ya en el partido y cuando Wilt había alcanzado los 60 puntos, Pollack pidió al encargado de la megafonía del pabellón que fuera anunciando por el micrófono los puntos acumulados por el jugador tras cada canasta. Esto encendió aún más a los aficionados, que se fueron motivando más y más hasta terminar explotando de alegría al escuchar que el pívot había llegado a los 100 puntos.

Pollack afirma que nunca ha tenido tanto trabajo como esa noche, ya que a su tarea como relaciones públicas del equipo tuvo que sumar la de corresponsal de Associated Press y del Philadelphia Inquirer. A él le debemos la repercusión inicial de una hazaña presenciada por muy pocos pero rememorada por casi todos.

El baloncesto ha evolucionado mucho desde 1962 y en la NBA sólo Kobe Bryant ha conseguido acercarse al centenar de puntos de Chamberlain con los 81 que anotó el 22 de enero de 2006 en Los Angeles para liderar la victoria de Lakers sobre los Toronto Raptors. Sin desprestigiar la inolvidable actuación de Bryant y para engrandecer aún más la proeza de Chamberlain, es preciso matizar que el escolta de los Lakers anotó 21 de sus 81 puntos desde la línea de tres puntos, inexistente en la NBA hasta 1979.

Pero si alguien de verdad llegó a amenazar la marca de Chamberlain sólo tres años después de la noche de Hershey ése fue Radivoj Korac. El legendario jugador yugoslavo anotó 99 puntos en la victoria del OKK Belgrado sobre el Alvik sueco (155-57) en un partido de la Copa de Europa disputado el 14 de enero de 1965. Korac podría haber superado la barrera de los 100 puntos si alguien en el pabellón de Belgrado hubiera llevado la cuenta de sus puntos y su entrenador no le hubiera dado descanso en el tramo final del encuentro.

Wilt Chamberlain./ GettyHablar de los jugadores que en los cinco continentes han superado los 100 puntos en un partido daría para reportajes interminables. Ahí están los 112 de Drazen Petrovic con la Cibona y frente a un equipo de juveniles o los amañados 144 de su compatriota Zdenko Babic, conseguidos pocos días después con el Zadar en la Copa Korac. Pero si hablamos de marcas inmortales, los 100 de Chamberlain son intocables.

Considerado por muchos como el jugador más determinante de la historia del baloncesto,Wilt Chamberlain tuvo la desgracia de coincidir en espacio y tiempo con los imbatibles Boston Celtics de Red Auerbach y de uno de los pocos pívots capaces de plantarle cara, Bill Russell. Pese a retirarse con dos anillos de campeón en su haber (1967 y 1972), el jugador de Philadelphia siempre será recordado como un acaparador de récords en diferentes facetas del juego.

Fallecido en 1999 a los 63 años, Chamberlain tardó mucho tiempo en sentirse orgulloso de lo que había hecho aquel 2 de marzo de 1962. No estaba nada satisfecho con su 36 de 63 en tiros de campo y pensaba que el fin (su récord) no justificaba los medios (tantos lanzamientos). De lo que seguramente sí estaba orgulloso era de su 28 de 32 desde la línea de tiros libres, distancia desde la que no fue un jugador demasiado fiable a lo largo de su carrera. Sin embargo, sí lo fue aquella noche inolvidable de Hershey.

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Fecha | 02.03.2013 05:18

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