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Bases malditos (I): Pepe Sánchez

Pepe Sánchez./ Getty Images

Otro cachorro de Bahía Blanca, donde Ginóbili, donde Pancho Jasen, donde Montecchia. Su popularidad es modesta –acaso por lo común de su nombre y apellido- pero en su historial cuenta con dos logros de los que, por ejemplo, el todoganador Pau Gasol no puede presumir: el oro olímpico y la Euroliga. No sólo eso, el palmarés de Pepe Sánchez incluye la Liga ACB y la Copa del Rey, así como el título honorífico de haber sido el primer argentino en debutar en la NBA. Reconocido como uno de los mejores jugadores argentinos de su impresionante generación, quizá el mejor base de la historia de la albiceleste con permiso de Milanesio y Prigioni, entonces, ¿por qué es un base maldito? El estigma de Pepe Sánchez es su desamor: nunca permaneció demasiado tiempo en ningún lado, nunca salió a hombros de ningún sitio. Mucho talento y no tanta ventura. Probablemente, era demasiado listo para ser un jugador de leyenda. Demasiado volátil.

SUEÑO NBA

Bernardo Murphy, uno de los grandes gurús del baloncesto sudamericano, fue su primer valedor en Argentina. Jugó y triunfó de chaval en el básquet nacional. Cuando su país se le quedó pequeño Pepe quiso hacerse un nombre en la NCAA, a la orilla del mejor baloncesto del mundo. Era el año 1996 y la Universidad de Temple lo acogió primero con curiosidad y luego con admiración. Se graduará en Historia y será nombrado mejor estudiante-atleta del año, dejando claro la dualidad deportivo-intelectual de un baloncestista muy potente culturalmente. No es que Pepe Sánchez, apodado el Cerebro, sea Fernando Redondo o Cortázar, pero su dirección de juego será siempre una diáfana prolongación de su cabeza despierta y arrebatada. Sánchez es claramente un base puro, un armador de los que piensan jugando al ritmo del bote yo-yo.

Sus cuatro años con los Owls de Temple le dan el billete de ascensor y en 2000 debuta en la NBA con Philadelphia 76ers. Su año rookie en NBA, sin embargo, resulta un fiasco tras ser cortado por Phili y también por los Hawks, a donde fue traspasado en primavera y donde tampoco le dieron muchas oportunidades. Su intentona NBA, en falso, no tiene demasiados secretos, responde simplemente a la realidad de que, con independencia del talento, no todo el mundo prospera en Roma. En el caso de Pepe, además, no se le imagina con 23 años con la capacidad de sacrificio suficiente como para cosechar en la difícil capital de imperio.

En verano de 2001 su dudoso futuro se decanta con una interesante oferta del Panathinaikos griego. Es su primera incursión en Europa y la experiencia resulta muy positiva: rol estimable en un equipo histórico y Euroliga ganada en mayo. Pero, ¿qué ocurre? Que Sánchez es joven, que es un culo inquieto y que sigue teniendo, entre ceja y ceja, hacer fortuna en la NBA; que Joe Dumars le ve jugar y se encandila y se lo quiere traer a los Pistons de Billups, Hamilton y Compañía; y que Sánchez acepta gustoso el reto, su segunda oportunidad en la mejor liga del mundo y una pequeña redención particular. Desafortunadamente la cosa no puede salir peor: no debuta hasta bien entrado diciembre debido a las lesiones y sólo acaba jugando 9 partidos, en verano lo traspasan a Golden State pero en Oakland lo cortan sin más. La historia se repite, EEUU le da calabazas y Europa lo adopta gustoso, porque en diciembre de 2003 recala en el modesto Etosa Alicante para seis meses. Ya nunca volvería a Estados Unidos, quien sabe si por falta de oportunidades, quien sabe si por escarmiento. La gran temporada con el equipo levantino, a quien empuja a la meritoria permanencia, le vale su fichaje por el aspirante Unicaja Málaga. 7 equipos en menos de 4 años, un tránsito rocambolesco, casi de temporero, con lo mejor, no obstante, por llegar.

MÁLAGA, CAPITAL DE ESPAÑA

Pepe Sánchez./ Getty ImagesCuando Pepe Sánchez llega a Málaga ya tiene pedigrí de buen jugador, acumula un palmarés estimable pero, en efecto, no ha echado raíces en ningún sitio. Unicaja será, en los próximos tres cursos, lo más parecido a una casa –baloncestística- que tendrá en toda su carrera. A las órdenes de Sergio Scariolo Unicaja vivirá la mejor época de su historia al hacerse con la Copa del Rey (2005), la Liga ACB (2006) y acceder a la Final Four (2007) por primera y única vez hasta ahora. Para Pepe Sánchez las tres temporadas en el Carpena son un inolvidable viaje de ida y vuelta: suplente de lujo del baluarte Carlos Cabezas en el primer año, base titular en el segundo, siendo uno de los grandes líderes del equipo junto a Garbajosa y Marcus Brown, pero en el tercer curso su relación con Scariolo se arruina sin que medien grandes razones.

La marcha irregular del equipo en la 2006/2007 hace aflorar las fricciones entre un jugador y un entrenador de personalidades bastante especiales. Entre febrero y junio de 2007 Pepe Sánchez llega a pasar bastantes encuentros apartado por el club o castigado por su entrenador. Es desde entonces que empieza a pesar sobre el jugador argentino el sambenito de tipo díscolo, de base complicado que, hechas las cuentas, acaba quitándote más de lo que te da. Algunos compañeros lo calificarán, off the record, como alguien con cierta incontinencia verbal y marcadamente inquieto e inestable. Sus grandes faenas y sus malas tardes, alternas en proporción bastante parecida, así parecen atestiguarlo.

El temperamento de Pepe Sánchez será por tanto responsable tanto de sus marejadas de vestuario como de su genio extraordinario para el baloncesto, como si fueran dos caras de la misma cosa. Su privilegiada cabeza parece suministrar, al mismo tiempo, baloncesto de quilates y una capacidad de análisis privilegiada, una conciencia personal que lo hace natural al juicio, a la pregunta, al trance. La maldita dualidad de Pepe Sánchez se manifestará, con todo su esplendor, con aquel triple magnífico que metió a Unicaja en la Final Four. En su año más complicado, en su temporada más enconada, Sánchez se reivindicaba con una genialidad al alcance de pocos. Sería su destello personal más brillante y su último momento realmente feliz en España.

ESCALA EN CATALUÑA

Sánchez y Unicaja separarían caminos irremediablemente. A rebufo de esa reputación de base temperamental se redactará su contrato con el Barcelona, destino de lujo, en el verano de 2007. Sólo bajo la sospecha de inversión de riesgo se entiende que a Pepe Sánchez se le diera un solo año de contrato, siendo un base contrastado con experiencia, títulos y unos buenos 29 años. Podría pensarse que el concurso de Pepe bajo liderazgo de un técnico tan espartano como Ivanovic podía acabar en desastre, pero no fue del todo así. Es cierto que el entonces AXA Barcelona tuvo un año muy complicado –de hecho Dusko cogió carretera y manta en febrero- pero, por su banda, Pepe Sánchez firmó aquel año sus mejores números ACB: 5 asistencias por partido –el mejor de la liga- y 11 de valoración de media. Aquéllo, sin embargo, no pareció servir.

Cuando en el verano de 2008 el club preparaba el proyecto Creus-Pascual (Año I), Chichi lo larga sin contemplaciones. ¿Ánimo de limpia general o descarte particular, en la estela de una reputación crecientemente mala? Sea como sea, otra salida por la puerta de atrás, otro lugar en el que no quedarse. Y como es habitual en su carrera, tan pronto le dan boleto en un sitio como le tiran los trastos en otro, como si fuera un jugador con cartel pero sin patria. El Madrid campeón de Joan Plaza, a petición de éste, lo enrola con honores para el curso 2008/2009. Ese verano Pepe renuncia a la selección argentina en Pekín –decisión polémica que le valdría muchas críticas- y descansa todo lo posible para estar a tope con el conjunto blanco a principio de la temporada. Él no lo sabe pero está a punto de quemar su última etapa en la élite con un epílogo realmente triste.

MADRID-MÁLAGA-ARGENTINA

Pepe Sánchez./ Getty Images

15 partidos ACB, apenas 3 asistencias de media y un miserable 1 de valoración. Quince minutos por partido salpicados por otros tantos en blanco. Un disparate de ausencias, baja forma y desencuentros con Joan Plaza, al principio su valedor pero pronto alguien que perdió totalmente la confianza en él. Pepe no toleró en ningún momento tener un rol secundario en el equipo y su actitud lo llevó de ser accesorio a ser renegado. Se quiso marchar pero el Madrid le puso muchas trabas, entre ellas que no fichara por ningún equipo español ni del TOP 16. Cuando el asunto era crónica de una muerte anunciada, la situación un secreto a voces y todo el mundo se acordaba de Scariolo y de Creus, Real Madrid y jugador llegan a un acuerdo en abril de 2009 para rescindir el contrato de Pepe. Ya ni siquiera fue una salida por la puerta de atrás: más bien tuvo que salir descolgándose por la ventana.

Se volvió a Bahía y deshojó 2009. En la mente de El Cerebro estaba estar en 2010 en algún club puntero de Europa, pero aquello no se dio. Antes de volverse definitivamente a Argentina sólo pasó por un lugar para despedirse de amigos y conocidos: Málaga. Es cierto que cada uno de los sitios en los que estuvo le sumó experiencia y memorias -no pasó sin más por Atenas, Filadelfia, Detroit, Alicante, Barcelona, Madrid…- pero allí donde fue dejó un número de amantes tremendamente pequeño comparado con su talento para el baloncesto. Él sabe que se lo merece, que nunca forzó su tope, que nunca trabajó hasta el desmayo, que nunca le prestó los suficientes oídos a sus entrenadores. En veinte años nadie recordará a Pepe Sánchez, a excepción de en Argentina, con razón, donde lo adoran por aquella gloriosa medalla de oro en Atenas 2004. Hoy tiene ya 34 años y todavía no se ha retirado. Juega en el equipo de su ciudad, el Estudiantes de Bahía Blanca, donde aporta ideas y ejerce de algo más que de simple jugador. Quizá en su casa sea el único lugar donde Pepe Sánchez pueda poner en valor su inquieta pero extraordinaria carrera, que pudo dar más de sí pero que fue linda. Quizá de vuelta en Bahía pueda ser, alegremente, ese zurdo bocazas y genial, base para los ojos.

 

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Autor | Carlos Zumer
Fecha | 04.11.2011 19:59

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