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Binomio estelar

Hay una cualidad, difícil de poseer, no se entrena ni nadie de la poder enseñar. Necesitas a otra persona para ejecutarla perfectamente. Una mirada se encuentra con otra. No hay palabras. No hay gestos. Sólo esa mirada. Entendimiento absoluto. Los ojos. Karl Malone y John Stockton. El mejor “bijugador” de todos los tiempos. Dos dioses del baloncesto fusionados. Un deleite. Un privilegio verles jugar juntos. Batman y Robin, el Gordo y el Flaco, Fred y Ginger,Yoko y John, Astérix y Obélix, etc. ninguna como Karl y John.

Si Michael Jordan tuvo que ofrecer su mejor juego, destreza y concentración fue por Malone y Stockton. Le obligaron a dar el máximo, a jugar con 42 de fiebre y vómitos, a firmar una de las canastas más maravillosas de las últimas cuatro décadas, a ser más grande que nadie… Fue todo porque Malone y Stockton estaban ahí como rivales. Nunca salieron triunfadores en esas batallas pero sí pasaron a la historia como dos grandísimos jugadores, de los mejores de todos los tiempos. Un honor al alcance de muy pocos.

Stockton ha sido uno de los bases más inteligentes. Una rapidez mental para analizar la situación, un ordenador vestido de jugador de baloncesto. Afinado y sin errores, sabedor de lo que exige cada posesión, lector de juego brillante y ladrón de guante blanco. Es que más asistencias ha dado en la historia. ¿Hace falta decir más? Hall of Famer, All Star diez veces, campeón olímpico, etc. La hoja de servicio es de oro, celestial, mareante, exigente y maravillosamente casi inalcanzable. John Sctockton.

Muchas de las asistencias que registra Stockton son gracias a Karl Malone. Ese hercúleo físico, potente y explosivo al principio de su carrera y constante y regulado al final. Malone es el ejemplo de la evolución hacia la brillantez. De la confianza física a la construcción de recursos prácticos para contrarrestar el paso del tiempo. Karl Malone entendió perfectamente lo que necesitaba para pasar a la historia. Comprendió que físicos espectaculares ha habido muchos pero de esos cuerpos privilegiados, pocos se inmortalizaron por el músculo. Tuvieron que entender y dominar el juego. Malone lo hizo y se convirtió en un tipo que manejaba el tiro de media distancia a su antojo. Movimientos eficaces y casi imparables. Karl Malone creció gracias a Stockton y viceversa. Se entendían con una mirada: “Miro, sí, hacia dentro… toma el balón, canasta.”

Nunca pudieron ganar un anillo. Tuvieron la desgracia de cruzarse con Michael Jordan. Espolearon su ambición y talento. Malone y Stockton no pudieron con él pero le tuvieron contra las cuerdas. Lograr eso tiene un mérito enorme. Sus carreras fueron gloriosas cuando las vivieron juntos. El no conseguir el anillo les devoró pero el juego que mostraron al mundo es inolvidable. Gracias a ellos intentamos entendernos con una mirada cuando jugamos, ser como ellos, encontrar un compañero que pueda completarte, aprovecharse de tus virtudes y tú de las suyas. Un binomio glorioso e irrepetible. Dos individuos que formaron un súper jugador. Malone y Stockton, dos grandes. Respeto. Gloria. Intuición. Calidad.

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Autor | Inaki-Cano
Fecha | 02.08.2012 18:42

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