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Carta por el lockout

David Stern y Derek Fisher./ Getty Images

Queridos propietarios y jugadores de la NBA:

Desde el final de la última temporada de la liga profesional estadounidense de baloncesto (junio)  han estado tirándose los trastos mutuamente. Tanto unos como otros han pretendido que sus respectivos intereses tuvieran preeminencia y cabida en el nuevo convenio salarial de la competicion, motivo que provocó la discordia entre ustedes. Les importa un comino que el colectivo que tienen enfrente gane o pierda con esas nuevas medidas que quieren fijar. Lo fundamental para ustedes, señores propietarios (NBA como representante) y para ustedes, señores jugadores (NBPA como representante), es no perder dinero. Dicen que el dinero no da la felicidad. Ustedes quieren esquivarla a toda costa, por lo visto.

Pero, ¿se han parado a pensar en qué quiere su público: quiénes asisten a los pabellones, quiénes pagan por ver en sus televisores los partidos de los equipos a los que dirigen o en los que juegan ustedes, quiénes adquieren todo el merchandising que la competición en la que están englobados genera; en definitiva, sus aliados fundamentales? La afición demanda de forma unánime el baloncesto de su liga. Ustedes, a estas alturas del año, ya se lo ofrecen en circunstancias normales. Sin embargo, no podemos denominar un lockout (cierre patronal, huelga, sentada, llámeselo como se quiera) una situación normal. Todo lo contrario: es algo ilógico y anormal. Si repasan la historia de su competición, recordarán que ya tuvieron este mismo conflicto allá por la temporada 1998-99. Y les costó lo suyo solucionar sus diferencias. Los señores jugadores disputaron sólo 50 partidos aquel curso (sin All-Star de por medio) y los señores propietarios dejaron de ganar el montante que habrían ganado de haberse jugado los 82 encuentros de rigor habituales. Llegaron a un acuerdo, sí, mas ¿y si ahora no lo consiguen? ¿Y si toda la temporada de la liga de la cual son protagonistas se va al garete?

Sus posturas son respetables, pero no deberían ser irrevocables.

· Ustedes, señores propietarios, deberían mimar algo más a los jugadores de sus franquicias. Tengan en cuenta que ellos, sobre todo aquellos de mayor relumbrón, son la base de la pirámide de beneficios de la liga (contratos publicitarios, audiencias televisivas, mercadotecnia, etc). Algunos de los equipos que gestionan ustedes son viables económicamente gracias a los jugadores que los componen y a todo lo que mueven. Tampoco se tomen esto al pie de la letra: todo tiene un límite. Ustedes saben que el dinero es un bien escaso y más en el caso de las franquicias que gestionan, donde todo son gastos o inversiones, según se mire. Valoren y encuentren un punto de acuerdo que no sea ni muy beneficioso ni muy restrictivo para sus contrincantes (aplíquense también ustedes mismos esto último).

· Señores jugadores, ustedes también deberían ceder un poco en sus pretensiones. No pueden creerse los dueños y señores de la NBA. Ésta se gestiona en los despachos y no en las canchas, donde todos sabemos que ustedes se mueven con gran soltura. Sus salarios no van a notar en demasía la bajada salarial que se les quiere imponer. Deberían estar agradecidos de percibir todo el dinero que perciben. También tienen que ser conscientes de que los dueños de los equipos para los que juegan no están llevando nada bien la actual situación económica mundial. Créanme: es muy complicado ser empresario en la actualidad. Por eso, deben plantearse ser menos ambiciosos en sus peticiones y mostrar mayor generosidad con aquellos que dirigen la empresa para la que trabajan. También les digo, como a sus dueños, que no se dejen ningunear, ni mucho menos. Tienen que encontrar una solución intermedia, no una resolución positiva sólo para una de las partes negociantes.

Siento desilusionarles, pero hasta ahora  no están llevando a cabo unas negociaciones convincentes. Han dejado entrever un atisbo de acuerdo entre ustedes en varias ocasiones, pero parece que las palabras se las llevó el viento. Los jefazos de sus respectivos colectivos han estado horas y horas encerrados en las salas de reuniones buscando soluciones. Todavía siguen en ello. Hasta su excelentísimo presidente de Gobierno, Barack Obama, ha tenido que intervenir en las negociaciones facilitándoles un mediador federal para ayudarles a resolver sus diferencias. El mediador salió despavorido del lugar. El comisionado de su liga, David Stern, se ha visto ya obligado a suspender toda la pretemporada y varios partidos que se hubieran celebrado en este mes de noviembre. El señor Billy Hunter (presidente de la Asociación de Jugadores) y su séquito han tenido que asentir con resignación. Nadie cree en estos momentos que el fin de semana de las estrellas (All Star) se vaya a disputar. Y yo les pregunto: ¿HASTA CUÁNDO?

Los seguidores, periodistas y trabajadores asociados a la NBA viven ahora sumidos en la desconfianza y en la incertidumbre. Desconocen cuándo saltará la liebre y se iniciará la temporada. Ni siquiera saben si la liebre llegará a saltar. Y todo por unas diferencias que ustedes presentan como irreconciliables y que no lo son en ningún caso. Deben tomarse esto en serio. No pueden permitir, señores jugadores, que uno de sus compañeros de profesión afirme que el lockout beneficia a su equipo porque así sus integrantes estarán más descansados cuando la liga comience. Tampoco es de recibo, señores propietarios, que alguno de ustedes despotrique vilmente contra los jugadores a quienes paga, utilizando términos que van de “consentidos” en adelante. Es muy importante que escuchen, tanto una parte como la otra, a aquellos de ustedes que realmente quieren acabar con este grave conflicto. Esto no es una guerra, sino una conferencia, en la que todo se resuelve (o debería resolverse) mediante el diálogo.

Reflexionen acerca del contenido de esta carta. Sepan que, aunque alcancen un acuerdo al que se supone que llegarán, su imagen ya ha quedado gravemente herida y perjudicada. Muchas veces han afirmado que lo único que quieren es que la liga se dispute. Demuéstrenlo de una vez. Sean conscientes de que aquí no están pagando los platos rotos ni jugadores ni propietarios de la NBA: lo estamos pagando nosotros, su sufrido público. Y hay que deberse al público hasta el final, con todas las consecuencias que ello conlleva.

Atentamente,

Uno que desea que el #NBAlockout sea historia.

@whereah

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Fecha | 03.11.2011 10:21

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