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Cazando mitos

Vestuario Rookies en el All Star Weekend de 2012./ Getty Images

Durante un tiempo estuve enganchado a un programa de televisión que se llamaba ‘Cazadores de mitos’, en el que un grupo de ‘especialistas’ se encargaban de desmontar mitos que nos rodean probando que no es posible que se puedan llevar a cabo en la vida real. Hoy, y a modo de tributo hacia ellos, voy a ‘cazar algunos mitos’ de la NBA.

Viviendo y cubriendo la Liga de primera mano a diario durante dos años, uno se da cuenta que son muchas las situaciones idealizadas que tenemos alrededor de la mejor liga del mundo. No nos engañemos, trabajar en las entrañas de la NBA es mil millones de veces más fácil que en cualquier otra liga del mundo (de hecho es algo que se puede extender a cualquiera de las cuatro grandes ligas en Estados Unidos), pero no por ello hay que quitar mérito al trabajo que sacamos adelante cada jornada pensando que todo el monte es orégano.

Muchas veces hay que pelear como el que más para dar forma a algo que el espectador/lector piensa que llega directamente a nuestras manos. El trabajo en los vestuarios no es tan sencillo como podría parecer. Sí, el locker room que llaman aquí no es un terreno vetado para los periodistas. La norma NBA dice que deben estar abiertos a los medios desde que quedan 90 minutos para el salto inicial de cada partido hasta 45 minutos antes del mismo, así como a partir de 10 minutos después del final del encuentro. Hasta ahí todo en orden, pero es entonces cuando se empieza a caer el mito…

Vestuario Los Angeles Lakers./ Getty Images

La frase tan repetida de “en la NBA todos los jugadores tienen la obligación de hablar antes y después de los partidos” pierde muchas veces el sentido una vez que se entra en los vestuarios. Cada vez está más extendido que los camerinos sean auténticos solares antes de los partidos. En el pasado sólosucedía en los equipos grandes, que procuraban mantenerse lejos de las garras de la mordaz prensa norteamericana antes de saltar a la pista, pero cada vez se da en más conjuntos. Si a eso le sumamos la (comprensible según en qué jugadores) excusa de “hablo después que ahora me gustaría concentrarme”, el despropósito prepartido es aún mayor. Sobre todo cuando ese mismo jugador que quiere aislarse se dedica a bromear con compañeros que si atienden a los medios e incluso obsequiar a los allí presentes con la expulsión de gases de todo tipo o sonora forma de masticar la cena.

Es cierto que tras el partido a los jugadores no les queda más remedio que atender a los medios que normalmente hacen guardia en sus taquillas a la espera de que salgan de la ducha. Unos reciben a la prensa casi como Dios les trajo al mundo, otros se arropan con toallas para tapar sus vergüenzas y casi la mayoría se visten y acicalan antes de atender a las cámaras y a los micros. Eso sí, después de los partidos hay que jugar con dos factores muy importantes: si el equipo ha perdido no es conveniente hacerse ilusiones con la entrevista de tu vida… y si ha ganado o está en racha victoriosa tampoco.

Cuando los equipos van viento en popa los medios nos multiplicamos en busca de las declaraciones del momento, y es entonces cuando los jefes de prensa de las diferentes franquicias, que en temporadas de menor éxito o con menos estrellas en el vestuario ni hacían acto de presencia, sacan a relucir su vena más autoritaria. Jugador rodeado por más de tres periodistas es sinónimo de sólo cinco o seis preguntas antes de que aparezca el “last question guys”. Cuando los equipos pierden, son los propios jugadores los que se encargan, por lo general, de despachar a la prensa.

Aún recuerdo cuando esta temporada un equipo que visitaba el Garden de New York no atendió a los medios antes del partido porque la mayoría de los jugadores se encontraban en la sala de masajes siguiendo un encuentro del March Madness de la NCAA y los que no se levantaban corriendo en el momento que escuchaban algo de jaleo. Tras su partido, en el que perdieron, todo eran caras larga, miradas al suelo y “no me apetece hablar ahora porque no estoy de humor”. En momentos como esos todo son trabas para poder dar forma a lo que luego veis en la web. La situación puede ir desde relativamente tensa hasta surrealista, con jugadores que antes del choque no han tenido pudor alguno en pasear sus músculos y tatuajes delante de todo el mundo pero luego piden que no se les enfoque con la cámara porque van a ducharse y no están presentables.

Vestuario New York Knicks./ Getty Images

Historias las hay por docenas y el no va más me sucedió la temporada pasada cuando una superestrella de la NBA tuvo a todos los medios esperando 45 minutos largos mientras se duchaba, para después ves
tirse con toda la parsimonia del mundo, retocarse de nuevo en el baño y revisar las llamadas y mensajes de texto de móvil antes de permitir que se le empiecen a disparar preguntas, a falta sólo de cinco minutos para que el autobús del equipo saliese rumbo del aeropuerto. Tres preguntas contadas, mirando al suelo, y el jugador diciendo que tenía que marcharse rápido porque no le esperaban.

Con esto no quiero generalizar ni dar la impresión de que todo y/o todos son iguales en los vestuarios NBA. De hecho sigo pensando que las facilidades que la NBA pone en bandeja y con las que la mayoría de los jugadores cumple casi a rajatabla son el bien más preciado de nuestra profesión a este lado del Atlántico. Nos es difícil verme sonreír cada vez que cuento alguna historieta al caso de conversaciones con jugadores NBA en sus taquillas off the record’, pero quería compartir con vosotros algún que otro entresijo turbio por si alguien vuelve a pensar que aquí nos lo dan todo hecho.

Como diría mi madre, se dice el pecado pero no el pecador, y no daré nombres aunque los pidáis (los jugadores o camisetas que aparecen en las imagenes que ilustran este texto están escogidos al azar y no quiere decir que correspondan a ninguno de los casos citados en el mismo), pero al menos he pretendido abriros las puertas de los vestuarios que habitualmente piso y hacer ver a más de uno que el material que os presentamos, de mejor o peor calidad, siempre lleva un proceso de elaboración más complicado del que muchos se piensan y con el que en ocasiones frivolizan.

@AntonioGil_SOSE

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Fecha | 02.04.2012 09:46

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