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DeJuan Blair, un tipo normal y corriente de Pitt en Rusia

DeJuan Blair (San Antonio Spurs)./ Getty Images

Se habían disputado sólo tres minutos y veinticinco segundos de juego. El partido enfrentaba a la Connecticut de Hasheem Thabeet contra la Pittsburgh de DeJuan Blair. Un tiro exterior va largo, rebota contra la base del aro de los Panthers, y el local Blair vuela para capturar el rebote sobrepasando la sombra del tanzano. Este prueba fortuna e intenta tocar la bola, pero acaba rebotando contra el parqué ante la bestial fuerza del ídolo de Pitt. Una de las disputas subyacentes del actual baloncesto NBA en una única jugada: potencia contra centímetros. Ganó la potencia y, en potencia, volvería a ganar.

Metidos de lleno en este lockout que amenaza con dejarnos sin NBA durante bastante tiempo -que no sin baloncesto; eso no lo puede parar nadie-, son varios los jugadores estadounidenses que abandonan el barco para probar fortuna en el viejo continente. Algunos lo hacen a conciencia, como Rasual Butler, Wilson Chandler o J.R. Smith, y otros guardándose las espaldas ante un inicio repentino de la competición, como Deron Williams o Ty Lawson. Otro jugador que se apunta a este último grupo es el protagonista de esta historia, DeJuan Lamont Blair.

DeJuan Blair (Pittsburgh Panthers)./ Getty ImagesDeJuan se crió en Hill District, Pittsburgh, a apenas medio kilómetro del campus de la universidad de la ciudad. Es el mayor de los cuatro hijos de Shari y Greg Blair. “Ambos jugaron cuando eran jóvenes. Mi madre fue una gran estrella en el instituto y aprendí de ellos” comenta orgulloso. Cuando firma un gran partido, levanta el dedo y mira hacia el cielo, buscando la estrella de su hermano pequeño DeMond, que falleció cuando él sólo tenía cuatro años debido a unas complicaciones en el parto.

“Amo Pittsburgh, estoy muy orgulloso de ser de allí”. Al acabar su periplo de instituto, todo hacía indicar que era la hora de que DeJuan abandonara su ciudad y su barrio de Hill District. Antaño cuna del mejor jazz de América, “the Hill” había acabado convirtiéndose en un suburbio en el que no tenían cabida los sueños. O despuntabas en el deporte y mantenías la cabeza fría en los momentos importantes de tu vida, o acababas viendo cómo otros la vivían mientras te amargabas allá. Su rendimiento en Schenley High School había sido muy bueno, y recibió ofertas de becas de universidades como Kansas State, Florida, Wake Forest o Marquette entre otras.

Estaba ante la decisión más importante de su carrera. Sus padres eran partidarios de que su hijo acabara acudiendo a Tennessee, pues les gustaba la ética de trabajo del entrenador Bruce Pearl. Era una opción. Pero sus amigos le recomendaban otras, los técnicos intentaban persuadirle y Blair acabó volviéndose loco, hasta tal punto de tirar contra el suelo su teléfono móvil del estrés y los nervios. Al final se quedó en casa. Su abuela, Donna Saddler, uno de los pilares de DeJuan en su crecimiento, decidió por él. “Pitt is it” diría para deleite del entrenador jefe Jamie Dixon. Se convertía así en el primer jugador local en jugar en la universidad desde el año 1981. “Quienes somos de allí sentimos un orgullo especial por serlo” reitera, “y quería continuar representando a mi ciudad.”

Su tesón y su intuición reboteadora le habían granjeado una muy buena consideración entre los ojeadores nacionales, pero todavía eran muchos los que dudaban. Y es que se trataba de un jugador algo pequeño, algo regordete y sin ligamentos cruzados anteriores en ninguna de sus dos rodillas. Las varias operaciones a las que tuvo que someterse, eso sí, no le hicieron dudar ni un segundo. “No pensé nunca en abandonar el baloncesto” dice Blair, que aprovecha para decir que, ahora mismo, “mis rodillas están perfectas y estoy en la mejor forma física de toda mi carrera”.

En Pittsburgh se convirtió en todo un ídolo. Un jugador que conocía la realidad de la ciudad y sus aledaños, que sentía aquel símbolo de los Panthers que vestía en su camiseta y que, además, era uno de los mejores jugadores interiores de toda la NCAA. De sus dos años allá, rescata “ganar el Big East Championship y entrar en el Elite 8; y ser capaz de experimentar todo eso con grandes entrenadores, compañeros y mi familia”. Devolvió a su ciudad al mapa de baloncesto del país, siendo una de las grandes sensaciones de la temporada NCAA de 2008-09. Cada vez que vuelve a su tierra, todos le reciben como si fuera un héroe. “Nada de eso” ríe, “sólo soy un tipo normal que trabaja duro y disfruta la vida” aclara con una sonrisa.

DeJuan Blair (Pittsburgh Panthers) y Hasheem Thabeet (Connecticut Huskies)./ Getty ImagesSus números de instituto le habían valido para la universidad, ¿pero le valdrían los de NCAA para la NBA? Durante el verano de 2009, muchos fueron los expertos que discutían sobre la validez o no de DeJuan Blair en el juego de la NBA. Todos pusieron en una balanza los centímetros y el peso a un lado, y el tesón y la garra por otro. Para algunos contrarrestaba, para otros no valía la pena. Y entre miedo y vergüenza, Hasheem Thabeet era seleccionado en el número 2 mientras Blair salía en el puesto 37, elección de los Spurs, por debajo de jugadores como Jordan Hill, Sergio Llull, Víctor Claver, Earl Clark, BJ Mullens o Jermaine Taylor. Detrás de hasta treinta y seis jugadores.

“Estoy muy contento de haber acabado en un equipo como los Spurs y por tener la oportunidad de jugar con uno de los mejores entrenadores de la liga y con varios de los mejores jugadores de la historia” comenta, aunque no elude la pregunta: ¿decepcionado? “Sí, todos esos equipos que escogieron a otros antes que a mí me decepcionaron” afirma, “y es por eso que siempre juego al máximo, intentando que todos los equipos que me dejaron pasar lo lamenten”. Y lo hizo desde su primer día, pues en su debut como profesional se marcaría unos registros de 14 puntos y 11 rebotes ante los Hornets.

A partir de ahí todo ha sido luces, siendo el MVP del partido de novatos gracias a sus 22 puntos y 23 rebotes -estableciendo además un récord histórico en este partido-, logrando un 28+21 ante los Thunder en enero de 2010 -el primer novato que lo logra desde Tim Duncan– y convirtiéndose, en definitiva, en uno de los grandes valores jóvenes de toda la NBA. Su desarrollo como profesional ha venido, en gran medida, por la influencia de Duncan. “Es genial, es un gran jugador y un mejor profesor” habla Blair sobre el ala-pívot de Islas Vírgenes. “He aprendido muchísimo de él, y eso se quedará conmigo a lo largo de mi carrera profesional”.

Su segundo año fue positivo, pasando de 18 a 21 minutos por partido, de 7.8 a 8.3 puntos, de 6.4 a 7 rebotes, de 0.5 robos a 1.2 y llegando también a la asistencia por noche. Contribuyó activamente a la gran liga regular que firmaron los San Antonio Spurs, pero también presenció la debacle de Playoffs ante los Memphis Grizzlies. Ahora, el futuro tiene muchos claroscuros que hace dudar a cualquier aficionado. Pero no a él. “Creo que tenemos un futuro esperanzador y brillante” dice sin titubeo alguno, añadiendo que “tenemos un entrenador y esos chicos [Duncan, Parker, Ginóbili] todavía tienen años de calidad y son ganadores natos”.

Personalmente, “el límite es el cielo”. La mejora de su segunda temporada debería ser inferior a la que registre en la tercera, pues “seguiré continuando con el trabajo duro y seguiré siendo tan humilde como siempre”. En plena pretemporada con su nuevo equipo, el conjunto ruso del Krasnie Krilya, añade que cree que “aprenderé mucho y mejoraré muchos aspectos de mi juego mientras esté en Europa”. Firma por un año, pero con una cláusula de salida en cuanto el lockout termine. Sobre su estancia, vuelve a decir que “trabajaré duro y mejoraré mucho mi baloncesto”, a la par que espera “mucha diversión y ayudar al Krasnie Krilya a ganar partidos”.

DeJuan Blair, otrora puesto en duda, robo del draft; pero siempre, un tipo normal y corriente de Pittsburgh.

DeJuan Blair y Tim Duncan (San Antonio Spurs)./ Getty Images

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Fecha | 15.09.2011 12:36

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