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DENVER “SMILEY” NUGGETS

George Karl./ Getty Images

Una sonrisa mientras juegas. Una sonrisa tras el partido. Una democracia baloncestística. Hacemos lo que mejor sepamos y cuando queramos pero siempre está el jefe controlando si nos convertimos en una anarquía. Una filosofía difícil de administrar pero con consecuencias vistosas y agradables. Transmitir alegría es difícil y, más, desde una cancha de baloncesto. Y los Nuggets logran todo esto con una naturalidad insultante.

De lo que llevamos de competición pocas conclusiones reales se pueden sacar pero sí alegría al ver un partido. Superados los deseos que rozan la lujuria ante el inicio de la NBA tras el lockout, un espectador disfruta del estilo democráticamente entretenido de los chicos de George Karl con una sonrisa dibujada en la cara. Al amparo de estas noches frías de invierno, los Nuggets ofrecen calor. Cada ataque es una fiesta. El protagonista es el que tiene el balón y todos los focos le enfocan. Puede que sea Gallinari, Lawson, Afflalo, Harrington, Nené, Rudy… todos tienen su hueco. Espacio para crear. Un lugar para sonreír. Si uno cuenta el lanzador en seis posesiones consecutivas es probable que te salgan seis nombres distintos. Cada jugador (por cualidades propias) detecta las situaciones en las que puede tirar o pasar. Los Nuggets no son precisamente un equipo que sigue el lema “me cae la bola, ya tiro yo si eso”. Todo lo contrario. Solidaridad en busca de la canasta. Un ejercicio de democracia.

Danilo Gallinari./ Getty ImagesEsta forma de vida no te la dan ni el entrenador ni la franquicia. Nace de las características de los jugadores de tu plantilla y la sabiduría de administrar esas cualidades. Y los Nuggets tienen los elementos imprescindibles para lograr ese término medio, esa virtud filosófica que hace disfrutar y, con algo de suerte y confianza, ganar en algunos casos. Puede que los menos valientes defiendan que el estilo sonriente de los Nuggets no triunfa al final del camino. Pues la pregunta es: ¿y por qué no? Ya que estamos aquí, jugando como jugamos, por qué vamos a olvidar lo que nos ha hecho llegar hasta aquí. Karl lo sabe y está en el proceso de transmisión del mensaje. Los jugadores deben creer en esto ( y camino van de ello).

Lo bueno de este estilo casi mitológico es que Rudy se siente a gusto. Se le ve sonreír. Y eso, en la NBA, no había pasado. Ha sido aterrizar junto a George Karl y Rudy ha vuelto a sonreír. Le falta, quizá, creerse realmente que está en un equipo que se adapta a él y él al estilo. Un poco como un perro maltratado que acaba en un buen hogar: le falta confianza para creer que ha dado con su “sitio”. Ojo, que cuando se suelte vamos a ver al Rudy que disfrutamos en Europa antes de su aventura NBA.

Sonreid, juegan los Nuggets.

Andre Miller y Rudy Fernández./ Getty Images

@ICano14

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Fecha | 04.01.2012 20:38

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