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Dichosa cabeza, DeMarcus

DeMArcus Cousins./ Getty Images

“Ese chico tiene problemas mentales. Tiene mucho talento y la oportunidad de ser la cara de su equipo, pero parece que no puede”. Estas palabras corresponden a O.J. Mayo, quien recibió como regalo de DeMarcus Cousins un golpe malintencionado en sus partes nobles. El jugador de los Sacramento Kings fue sancionado con un partido por aquella acción… pero no es el primer encuentro que se pierde esta temporada por sus ‘malas decisiones’. Su historial de arrebatos de inmadurez es cada vez más amplio desde que llegó a la NBA y precisamente el culpable de que todavía no estemos hablando de Liga. Y no es que lo digamos nosotros, sino que casi parafraseamos a un Mayo que se despachó tranquilo con Cousins. “Es un inmaduro. Espero que algún día crezca y se convierta en alguien grande, porque definitivamente tiene el talento para serlo. Si se lo propusiese sería all star”.

El problema es que el propio jugador parece que no quiere explotar, o que esa falta de madurez de la que han hablado muchos desde su llegada a la NBA le impide hacerlo. Rabietas de crío, protestas fuera de lugar, bromas pesadas, mofas hacia sus rivales o incluso sus propios compañeros… DeMarcus Cousins no es precisamente el mejor jugador para hacer de un vestuario una habitación tranquila, sin problemas y sosegada. No, el pívot es precisamente todo lo contrario. Es una fuente de problemas y, a la larga, un lastre para un equipo claramente perdedor pero que lo necesita como el comer para poder levantar el vuelo. Este que escribe fue precisamente testigo, sentado justo detrás del banquillo de los Kings, del incorregible comportamiento de un chico que se tronchaba de la risa cuando un compañero sufría un esguince de tobillo en una jugada de lo más desafortunado. Las bromas y chascarrillos posteriores cuando el miembro de su propio equipo se aproximaba cojeando al banco sujetado por los médicos fueron un simple aderezo extra a un plato de muy mal gusto. ¿El problema? Que se le consiente todo por el talento que atesora.

DeMarcus Cousins./ Getty Images

Cousins es uno de esos chicos que cuando hace algo mal nunca tiene la culpa. Siempre hay una justificación para sus actos. Siempre hay un tercero que le ha incitado a hacer algo. Siempre hay una profesora que le tiene manía.  Esto último fue llevado a su máxima expresión cuando el de los Kings declaró ante la prensa que un árbitro le insultó después de pitarle la segunda falta técnica y expulsarle de un partido a principios de temporada contra los Utah Jazz. “El árbitro me insultó. Me dijo que fuera a rogar a otro con otras palabras. Fui a decirle algo, pero mantuve la calma y me fui. Todavía no lo entiendo”. Que sea verdad o no, no vamos a discutirlo, pero teniendo en cuenta el currículum del jugador vamos a permitirnos el lujo de ponerlo en duda. Sobre todo porque estamos hablando de un chico irreverente con la lengua muy rápida y afilada. La misma que le llevó a recibir una sanción de dos partidos por enfrentarse verbalmente con el narrador televisivo de los San Antonio Spurs, y ex jugador NBA, Sean Elliot. El comentarista criticó el uso del trash talking por parte de Cousins en su duelo con Tim Duncan, a lo que el jugador respondió con un “eso no es algo irrespetuoso, pero salir en televisión y expresar lo que dijo sí lo es”. Así, justo así amigo DeMarcus, tu talento siempre quedará en segundo plano, cuando te rebosa por los cuatro costados y podría convertirse en uno de los grandes de la Liga.

@AntonioGil_SOSE

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Fecha | 16.12.2012 20:36

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