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El dilema Amar’e Stoudemire

Amar'e Stoudemire./ Getty Images

Viendo el juego de los Knicks y sus resultados en este inicio de temporada, pocos dirían que los de la Gran Manzana pudieran tener algún problema. Sin embargo lo tienen, muy gordo, está por venir, se llama Amar’e Stoudemire. El ala-pívot aún no ha debutado esta campaña y aunque tardará en hacerlo su nombre ya está empezando a ganar protagonismo. La mayor incógnita está en qué pasará cuando ‘Stat’ vuelva de su lesión.

Cuando Stoudemire fichó por los Knicks en 2010 nos encontramos con un jugador que rindió al más alto nivel de su carrera NBA. Aquella temporada, la 2010-11, firmó 25.3 puntos, 8.2 rebotes y 1.9 tapones por partido. Los ‘Bockers eran su equipo. Él hacía y deshacía a su antojo y corría la cancha a las mil maravillas bajo el sistema de ‘run-and-gun’ del entrenador Mike D’Antoni. Raymond Felton se había convertido en su Steve Nash particular en la Gran Manzana y nadie tenía ninguna queja… hasta la llegada de Carmelo Anthony vía traspaso y consiguiente desmantelación del equipo de Amar’e. Adiós a su compañeros de fechorías Felton y hola a uno de los jugadores más egoístas de la Liga. Adiós al juego a la carrera y las posesiones de 7 segundos y hola al aclarado para Melo. Y lo que fue peor para sus propios intereses, adiós al equipo de ‘Stat’ y hola al equipo de Anthony.

La temporada pasada, la 2011-12, el ala-pívot fue más un engorro que un apoyo en el vestuario de los Knicks. Lesiones de todo tipo, incluida aquella tan bizarra en la que se cortó en una mano por dar un puñetazo al cristal del cajetín de un extintor de incendios, ausencias más y menos justificadas, lucha de egos constante con Carmelo… Nubarrones sobre la figura de Stoudemire. El jugador sólo disputó 47 partidos y sus números cayeron estrepitosamente a 17.5 puntos, 7.8 rebotes y 1 tapón por encuentro. La forma en la que Anthony acaparaba el balón fue bastante culpable, pero no el único factor del bajón de un Amar’e que dejó de pavonearse con andares ‘pechopalomo’ por el Garden para hacerlo cabizbajo. Algo que se hizo mucho más palpable con la marcha de D’Antoni del banquillo y la llegada de un Mike Woodson que dio carta verde (como si no la tuviese ya) a Carmelo Anthony para que campease a sus anchas. Ahí nació un gran problema que se había gestado con el traspaso de Melo.

Amar'e Stoudemire./ Getty Images

Este año Amar’e todavía no ha debutado en regular season. Un golpe en la rodilla izquierda durante la pretemporada le mantiene en el dique seco. La articulación dañada es la misma que pasó por el quirófano en 2005 y los médicos quieren ir con pies de plomo, poniéndole como plazo de recuperación de seis a ocho semanas, o lo que es lo mismo, perderse entre 15 y 23 partidos. Durante este tiempo, Stoudemire no ha hecho acto de presencia por el Madison Square Garden ni ha acompañado a los Knicks en sus desplazamientos. Su taquilla en el vestuario, junto a la del novato Pablo Prigioni, está impoluta. Ni rastro de ropa, calzado o utensilios personales. No la ha usado todavía… y el problema vendrá cuando lo haga. El ‘small ball’ de Woodson, con Tyson Chandler de pívot, Carmelo Anthony de ‘cuatro’, un alero como Ronnie Brewer y dos bases, Raymond Felton y Jason Kidd, en el quinteto titular está funcionando. Rasheed Wallace todavía no está del todo en forma pero cumple (lleva cuatro partidos en dobles dígitos en ataque) y hasta Steve Novak hace las veces de falso ala-pívot en ocasiones para tirar de tres cada balón que llega a sus manos. El invento está funcionando y, aunque suene duro decirlo y oírlo, Amar’e no tiene sitio.

Tal y como están las cosas, y para no tirar al suelo todo este exitoso tinglado, Stoudemire debería salir desde el banquillo, pero su sueldo y su condición de estrella de la NBA (por no hablar de su ego y su más que posible pataleta si no se complace al mismo) lo impiden. ¿Posible solución? Algunos hablan de traspaso, e incluso se han puesto nombre y apellidos. La llegada de Mike D’Antoni, para quien ya jugó en Phoenix y New York, a los Lakers ha disparado el posible intercambio con Pau Gasol. Por estilo de juego y salarios podría cuadrar más o menos, pero la sorpresa llega cuando resulta que el equipo que adquiera a ‘Stat’ tiene que hacerse cargo de su salario, pero también del precio desorbitado de una serie de seguros médicos que le acompañan. Un lastre que hace más grande el dilema de ¿y con Amar’e qué?

@AntonioGil_SOSE

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Fecha | 26.11.2012 22:38

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