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El examen infinito

Los jugadores de los Heat, un equipo en permanente estado de examen./Getty

Cuando LeBron James anunció su decisión de fichar por Miami Heat y unirse a Dwyane Wade y Chris Bosh en un proyecto como ha habido pocos en la historia de la NBA, sus detractores vieron la oportunidad de multiplicar la crítica hacia The Chosen One. ¿El motivo? Ninguno en particular y todos en general. Al de Akron se le critica por todo menos por su juego, cada vez más incontestable. Su decisión de irse a South Beach fue interpretada por gran parte de la prensa y los aficionados como un acto de cobardía impropio de un jugador señalado desde que estaba en el instituto como el heredero de Michael Jordan.

En el imaginario colectivo, refugiarse entre otras dos superestrellas, aunque calificar como tal a Chris Bosh es exagerado, está mal visto si eres un tipo que está llamado a hacer historia en la NBA. En ese caso, debes ser “tú solo” el que se plante en las finales de la NBA y las gane. Se olvidan muchos de Jordan tenía a su lado a un tal Pippen, Magic a un tal Kareem Abdul-Jabbar y Bryant a Shaquille O’Neal primero y a Pau Gasol después. Y a entrenadores como Pat Riley o Phil Jackson, que también eran superestrellas. Y se olvidan de que LeBron llegó a las finales del 2007 con un equipo de muy bajo perfil y un entrenador, Mike Brown, duramente criticado tras fichar por los Lakers.

La actitud, a un lado y a otro del charco, mayoritariamente crítica hacia LeBron se ha desplazado a todo el equipo de los Miami Heat en una especie de metonimia que ha convertido al conjunto de Florida en una de las franquicias más odiadas, si no la que más, de la NBA. Los analistas están a la que salta, hambrientos de un fracaso de los de Spoelstra para sacar las garras. Lo demostraron tras el mal inicio de campaña y tras la racha de cinco derrotas consecutivas mediada la temporada. Sin embargo, Miami ha crecido. Y lo ha hecho desde la defensa, en la que ha brillado especialmente LeBron.

Miami Heat vive en un examen permanente en el que solo la Matrícula de Honor puede evitar que sean duramente criticados. Primero se les exigía que jugaran en equipo y lo han hecho. Luego, que llegaran a la fina, y ahí están. Si no la ganan, el fracaso será mayúsculo. Pero si lo ganan, se les exigirá que vuelvan a hacerlo la próxima temporada. Y así, sin fin. Es ganar o morir.

Muchos niegan que sean los mejores, pero les exigen que rindan como tal. No les van a permitir ni el más mínimo tropiezo, so pena de recibir un escarnio público de dimensiones desconocidas. Son los Miami Heat, un equipo conformado a base de fichajes históricos al que solo le vale hacer historia sobre la cancha para librarse de la hoguera.

@DarioOjeda

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Fecha | 05.06.2011 12:33

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