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El Madison se queda grande

Carmelo Anthony realiza un mate en uno de los partidos de playoffs ante los Celtics./Getty

Uno de los templos del basket por excelencia, el Madison Square Garden, acoge en su cancha a los que, una vez, fueron grandes. Los New York Knicks, liderados por D’Antoni, atraviesan un permanente momento de transición desde hace más de una década.

Atrás -muy atrás- quedan aquellos años dorados en los 70, cuando los neoyorquinos consiguieron los dos únicos anillos de su historia. También en la memoria a largo plazo se guarda el resurgir sin premio del equipo en los 90; un proyecto ilusionante liderado por el eterno Ewing que alcanzó dos finales de las que no consiguió salir vencedor, pero que marcaron una época cuyo recuerdo sigue presente en forma de anhelo de tiempos mejores.

La realidad actual de los Knicks es muy diferente. No se puede obviar el hecho de que hace más de 10 temporadas que no consiguen un puesto en el último escalón hacia la gloria. Peor es el dato de que, en los últimos 11 años, New York sólo ha entrado en tres playoffs con un balance ridículo: derrotado siempre en primera ronda; las dos últimas veces (2003/04 y 2010/11) con un aplastante 4-0.

Se nos sigue intentando vender que el equipo de la Gran Manzana aspira a lo máximo, a pesar de todo. Y, lo cierto es que, en esta recién terminada temporada, casi consiguen hacérnoslo creer.

La llegada de Amar’e Stoudemire revolucionó a la llamada ‘capital del mundo’ y parecía que el Madison iba a volver a albergar a un equipo digno de sus instalaciones. Con la campaña ya avanzada, aterrizaron en Nueva York Chauncey Billups y el mediático Carmelo Anthony, creando el espejismo de que la pérdida como moneda de cambio de, entre otros, Felton y Gallinari merecía la pena por ver al gran Melo sobre la cancha.

Objetivo conseguido: playoff. Un equipo liderado por dos gigantes, Stoudamire y Anthony, con la misión de devolver a los seguidores ‘Knickerbockers’ esa ilusión que siempre les acaban arrebatando. Al final, como casi todos los proyectos planeados con prisa y sobre cimientos de estrellas, el desenlace no fue tan feliz. Un fulminante 4-0 frente a los todopoderosos Celtics y la muestra clara de que, a pesar de la barbaridad de puntos anotados por los dos gigantes de Nueva York, hace falta mucho más que dos cracks del basket para levantar a un equipo que está tan acostumbrado a caer al fango.

Y así, como cada año desde hace ya demasiados, la historia de Knicks continúa escribiéndose con adjetivos que distan de los halagos. Ya ni siquiera anima la posible llegada de CP3 o de Deron Williams para formar el ansiado ‘Big three’. Hace falta un cambio radical en la filosofía. ¿Estrellas? Sí. Pero también paciencia y trabajo. Darse cuenta de la proyección de este equipo y lo que significa, para conseguir que el Madison no se le quede grande. Este templo merece unos inquilinos dignos de jugar en él. Y no basta con vender humo; hace falta encender el fuego.

@MariaCarbajo

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Fecha | 17.06.2011 18:08

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