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El menos común de los entrenadores

Mike Brown./ Getty Images

Glamuroso Pat Riley, mayestático Phil Jackson, en apuros Mike Brown, vamos a ver si consigue estar suficiente tiempo en el puesto como para que luego podamos también recordarle con un adjetivo. Ser entrenador de los Lakers no es cualquier cosa. Y no cualquiera encaja. Hoy día, cuando se trata de un grande, no bastan los conocimientos, la gestión de equipos o el liderazgo. Ese banquillo recibe extremada atención, acapara muchos minutos de cobertura televisiva. Y hay que saber llenar la pantalla.

Se lleva mucho ahora catalogar a los entrenadores en perfil alto o perfil bajo. Va con las modas y las tendencias, pero el primero viene a ser el que gesticula y grita, se mueve como un león enjaulado, hace aspavientos o, cuando las cosas funcionan a satisfacción, sabe poner gesto interesante. Impecablemente vestido, aunque hoy día no hace falta que de traje y corbata siempre que su casual sea homologable y de marca, y siempre demostrando buena planta y pleno dominio de la situación, la que sea. Sí, como un candidato presidencial.

Entrenador de perfil alto suele ser también el que viene con su libro de estilo. Muy bien vendido, como el informe de 800 páginas perfectamente editadas que te entrega una consultora de las “bien” para argumentar un giro de 12 grados a la derecha del logo de tu compañía a fin de relanzar la imagen corporativa, previo pago de una imponente minuta. Luego sobre la cancha no notas nada especial, pero ya llegará el comité de gurús para explicarte el sibilino sistema de defensa cambiante o lo bien gestionadas que están las rotaciones. Pero si ha sentado al que estaba jugando mejor, piensas. Pero claro, es que tú no tienes ni idea.

Por lo general, además de su manual se traen a su gente de confianza. A indicación –o exigencia suya-, el club ficha a una serie de jugadores a los que en realidad no les ves nada del otro mundo. Pero son su guardia de corps, los que llevan perfectamente a la práctica su sesuda teoría.

Mike Brown y Chuck Person./ Getty ImagesLuego los hay de perfil superlativo, que buscan más protagonismo que sus figuras. Los partidos los gana él, ahí está imperial en la rueda de prensa posterior. Tú desearías ver más en acción a tu jugador favorito, o que juegue en la posición en la que siempre le reconociste, pero es que el sistema tiene sus exigencias y su supeditación al rendimiento colectivo. Es que me aburro… Hay que mirar primero el resultado y luego el espectáculo. Pero si perdemos… El sistema requiere tiempo para que el grupo lo asimile completamente. Si estamos a dos partidos de los play off… Qué impacientes somos. Claro, que estos suelen acabar mal. Pero luego no tienen problemas para fichar por otro grande.

A mí es que siempre me ha parecido que el mejor entrenador es el que usa el sentido común. Llega, mira lo que tiene, pide si ve que le falta algo, y luego se dedica a sacar el mejor partido de lo que hay, de cada uno y de todo el grupo. El respeto en el vestuario se lo gana por sus hechos, no por sus formas. Y “su” sistema de juego es el que mejor funciona y el que mejor llevan a cabo los hombres con los que cuenta. Si tiene que rectificarlo, lo hace. Si el partido no va por donde estaba previsto, hace los ajustes necesarios, cambia de partitura, busca el revulsivo. Se le ve enfadado cuando se enfada, o salta de su asiento cuando no puede evitar saltar. Cada uno según su nervio y su forma de ser. Pero no escenifica un drama sobre el escenario ni está pendiente de cuándo las cámaras y los focos le apuntan. Eso sí, sus ruedas de prensa a veces resultan aburridas. Cuando no tiene un escándalo que montar, porque sencillamente no lo hay.

Pero no sé por qué, a muchos de estos entrenadores se les suele catalogar de perfil bajo. Por eso lo tienen difícil para acceder o para mantenerse en los equipos grandes, y acaban siendo los menos comunes. Gustan más los galanes mediáticos, aunque luego la película resulte de un previsible que atocina.

Phil Jackson y Pat Riley./ Getty ImagesOjo, no estoy hablando de todos, y por ejemplo los dos primeros que nombré arriba han sido altos e inmensos, claro que entraron en escena en una época anterior a esta. Y respecto a Mike Brown, está por ver cómo evoluciona en Los Ángeles, donde no le ha tocado afrontar una coyuntura fácil, pero en Cleveland sí acreditó su categoría. Lo que digo es que, con honrosas excepciones, cada vez se ven más pavos reales en los banquillos ilustres. Y menos zorros grises.

Pero en fin, me parece que este artículo podría haber ido sobre cualquier deporte, ¿no?

Enrique de Pablo

byenrique.wordpress.com

@EnriquedePablo

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Fecha | 30.03.2012 17:13

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