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El odio

Mate de LeBron durante el primer partido de las Finales./GettyEl odio mueve los hilos de la final de la NBA. El odio a un hombre que a los 17 años ya fue bautizado como ‘El elegido’ en la portada del Sports Illustrated. El odio del 39% de los estadounidenses, según The Q Scores Co., a un jugador que tuvo la osadía de reconocer en público su “talento”. La misma palabra que usó Kobe Bryant para despreciar a los Hornets cuando lo eligieron en el draft de 1996. Eran los Lakers o ninguno. Y fueron.

La mirada de LeBron, y su grito cuando Miami ganó a Chicago la final de Conferencia, no es la de un hombre que sólo juegue para ganar un anillo. Tampoco la de un deportista herido por aquella final en la que San Antonio dejó a cero el casillero de Cleveland. No. La mirada de LeBron es la misma que tenía Reggie Miller en aquellos últimos 18.7 segundos de las semifinales de Conferencia de 1995 en el Madison Square Garden. La que le dedicó a Spike Lee antes de anotar ocho puntos en ocho segundos para ganar el partido a los Knicks. Es la mirada del que odia por que se siente odiado. Y LeBron ha construido su nuevo hogar con esos tabiques. LeBron juega estas finales para cerrar bocas, para que aquella noche de verano en Miami, en la que prometió no uno, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni cinco, ni seis, ni siete anillos, dejé de utilizarse en los diccionarios como sinónimo de prepotencia. Enfrente tiene a unos Mavericks que se mueven por venganza, la hermana pragmática del odio. Nowitzki, Terry y compañía no quieren volver a ver la sonrisa de Pat Riley reflejada en el trofeo a su costa.

Dallas y Miami se aferran al odio, cada uno a su manera, para apretar los dientes en cada tiro o en cada salto a por un rebote. Lo que quizás no sabe es que, como dijo el escritor suizo Hermann Hesse, “cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros”.

@Gonzalo_Sellers

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Fecha | 02.06.2011 17:57

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