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El sueño babélico de Colangelo

José Calderón #8, Andrea Bargnani #7, Jorge Garbajosa #15 y Bryan Colangelo./ Getty Images

Soñó que no había océano. Que el baloncesto tendía un puente entre Palos y el Caribe, como realizando de nuevo el camino de Colón y su tropilla. Europa desembarcó en América de la mano de Bryan Colangelo y conjuró un proyecto con el Viejo Continente como eje nuclear. Era una idea tibia a sus tiempos pero audaz al management ortodoxo de la Liga, acostumbrado a hacer del jugador foráneo una pieza meramente complementaria. En la época en la que Nowitzki, Gasol y Parker eran orgullosos all-stars aquello no era ninguna locura, pero había que creer, y había que atreverse. A la marca europea se sumaron también jugadores de otras partes del mundo, que junto al afroamericano local armaron una mezcla cargada de sinergias potenciales. El hombre que trajo de vuelta a Nash a los Suns y devolvió a Phoenix a la élite ahora levantaba en Toronto un equipo abiertamente europeísta e internacional. Cinco años y medio después el invento de Colangelo sigue sin funcionar.

Chris Bosh #4, Bryan Colangelo y Andrea Bargnani #7./ Getty Images“Colangelo aprende la virtud de la paciencia”, titulaba estos días el National Post de Canadá. Paciencia probablemente sea un eufemismo para definir los sentimientos generados por este proyecto raptor. Contra todo pronóstico Colangelo renovó el pasado mes de mayo y los propietarios dieron su bendición, otra vez, al modelo y a su valedor. La marca de 22-60 en la 10/11 desmentía cualquier posibilidad de continuidad pero el que cayó fue Triano, cuya indolencia sólo era comparable a la del abúlico Bargnani. En Andrea, precisamente, comenzó la historia de los International Raptors, cuando el número 1 del Draft de 2006 fue este espigado italiano que enamoró en ultramar al pelotón de ojeadores estadounidenses pero que no ha sabido refrendar las expectativas invertidas. Il Mago no es, ni mucho menos, Kwame Brown o Michael Olowakandi, porque escapa a la categoría de fiasco, pero viendo sus condiciones, ¿hay un jugador en la Liga más alejado de sus posibilidades, uno que dé más rabia ver deambulando en la mediocridad? Bargnani representa como ninguno la suerte del sueño cosmopolita de Colangelo.

“Cuando llegué por primera vez a Toronto [en 2006] pensé que la plantilla necesitaba una reconstrucción y eso es lo que hicimos”

Se levantó un proyecto en torno al jugador franquicia Chris Bosh, cosecha del lujoso Draft de 2003. Calderón, Nesterovic, Anthony Parker y Garbajosa, entre otros, arroparon al ala-pívot de Dallas. Se mantuvo a un Sam Mitchell en el que nadie confiaba demasiado pero que en su tercer año se marcó un estupendo 47-35 y ganó el premio a Mejor Entrenador del Año. En Playoffs, sin embargo, los Raptors no prosperaron ni supieron ser relevantes en la mermada conferencia Este. Prometían, sí, pero las estadísticas eran elocuentes: anotaban casi tantos puntos (99,5) como los que encajaban (98,5), algo que iría a peor en las temporadas sucesivas (101.9 recibidos en la 08/09, 105.9 en la 09/10 y 105.4 en la 10/11). Sólo repitieron Playoffs en 2008 y hasta la fecha no han vuelto a mostrarse en postemporada.

Eran estos Raptors un equipo genuinamente discontinuo, antojadizo en ataque e inconstante en defensa. La confusión babélica de Toronto era tan generosa como el rosario de idiomas que se hablaban en su vestuario: inglés, francés, serbio, español, italiano, portugués, turco…

Hedo Turkoglu y Bryan Colangelo./ Getty ImagesTodos los esfuerzos del equipo y la directiva se diluían en el crisol de voluntades de Toronto y en su incapacidad de hacer de las partes un todo. Se incorporaban figuras prometedoras a la misma velocidad con las que se las devaluaba sin remedio: Turkoglu, Delfino, Bellinelli, Andersen, Kleiza, Stojakovic, Barbosa… Toronto simplemente no ha funcionado por más talento que se ha importado. Colangelo ha insistido testarudamente en su sueño de unos Raptors forasteros, de una franquicia NBA canadiense –la única- con impacto internacional y vocación de Naciones Unidas. Pero la realidad se ha encargado de llevarle la contraria pertinazmente.

La marcha de Chris Bosh a Miami debió marcar un cambio de tercio pero el proyecto se mantuvo con idénticos mimbres un año más, como presa del desconcierto tras la marcha de la piedra angular. La tercera oportunidad de los Triano Raptors fue un absoluto fracaso y se contrató a Dwane Casey de cara a la incierta 11/12 (asterisco). Bajo la promesa de un nervio competitivo mayor, cimentado en una actividad defensiva seria, los nuevos Raptors de Casey han mostrado alguna mueca de dureza pero de momento no arrojan mejores resultados netos (3-5) aunque sí defensivos (11º mejor equipo con 92,88 puntos encajados de media). Si efectivamente consideramos a Andrea Bargnani como depositario del ánimo de los Raptors, este año los espíritus se han tensado y afilado.

En lo que respecta a Colangelo la cuestión reside en preguntarse qué vigencia tiene su proyecto, un proyecto que ha caminado con bastante más pena que gloria en sus cinco temporadas de vida. 7 jugadores no estadounidenses jalonan el actual roster de los Raptors, 3 de ellos europeos, lo que quiere decir que la filosofía se mantiene viva. ¿Cuánto más durará el experimento si se siguen acumulando incumplimientos? La experiencia con Colangelo nos dice que tantos cursos como años de contrato ha firmado: dos. Los sueños duran tanto como la ambición de sus promotores, sobre todo si son globales.

Jonas Valanciunas y Bryan Colangelo./ Getty Images

@CarlosZumer

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Fecha | 08.01.2012 23:14

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