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Feliz Basket por Navidad, Míster Scrooge

El cambio de semblante de David Stern en la rueda de prensa donde se avanzó el final del lockout./ Getty

Si trasladásemos el cuento o la película, no estoy seguro de a quién le encajaría mejor el papel de Ebenezer Scrooge, el personaje que creó Charles Dickens, en nuestro cuento baloncestístico. El usurero que quería todos los ingresos y beneficios para él; el que prescindió de los servicios de su fiel trabajador la víspera de Navidad; el que traicionó a su socio, que tanto le ayudó a alcanzar la gloria y la fortuna; el que dedicaba las noches a contar las monedas y alimentar su ambición; el que tras una mala noche se enmendó, y ya se transformó en un hombre generoso y ejemplar.

A este Mr. Scrooge también se le aparecerían por Nochebuena los tres fantasmas: el del pasado, el del presente y el del futuro. “Paparruchas” respondería de entrada a cada verdad, puñetera y cruel verdad, que cada uno le espetara. Pero el viaje que con ellos emprendería resultaría demasiado revelador. De su entorno, de lo que opinaban de él, pero sobre todo de sí mismo.

El amable Fantasma del Pasado le trasladaría a aquellos inocentes y prometedores inicios: las primeras temporadas en los 50, cuando la liga de baloncesto cobraba protagonismo por sí mismo, los primeros genios de pelo afro en pantalón muy corto; el esplendor de los 80, Lakers, Celtics y 76ers, Magic, Bird y el Dr. J; el advenimiento de Michael Jordan, aquella era irrepetible que quedaría tan bien epilogada en el Dream Team; o las primeras hazañas de nuestra Generación de Oro; pero Ebenizer podría ser también aquel chico de la Universidad que todos vaticinaban que rompería el draft; o el joven de provincia europea que saltaba el charco y se atrevía con la inmensa e ilusionante aventura americana; y el directivo que se frotaba las manos; la fama iniciática, el primer cochazo, las primeras modelos que se acercaban. ¿Qué se dejó, qué no dijo o qué no debió decir? ¿Dónde están ya esos días?

El opulento Fantasma del Presente le lleva de ronda por las fiestas pantagruélicas de los nuevos dioses, pero también por las guerras incruentas por controlar el negocio, los sponsors, los derechos de televisión; el divo se ve a sí mismo exigiendo un equipo que juegue para él y así realce todo su talento y lo muestre al mundo; o tal vez vendiendo su alma al contado por un anillo, o vendiendo amigos para acaparar más atención y más favores; Mr. Scrooge podría ser uno de esos esclavos millonarios de nuestro tiempo, transportados como mercancía, usados como moneda de cambio, pero satisfechos de tener cada vez más para gastar más y presumir más, gloria, deportivos, mansiones y mujeres que van y vienen. También el potentado que pasea “sus” trofeos y luce palmito en cualquier sarao ¿Qué falta, qué no se dice o qué no se debe decir? Estos días son así.

El siniestro Fantasma del Futuro llegará sin avisar. Le sacará a rastras de la cama para obligarle a ver lo que espera ahí fuera. Porque ya le contaron de aquel jugador que dilapidó toda su fortuna por apostarla a negocios estrambóticos; o simplemente por tener que pagar las minutas a las madres de los hijos que fue dejando por ahí. Quien sea Ebenizer Scrooge no se avendrá a mirar más allá por si acaso se encuentra una liga desplazada por las otras nacionales, franquicias arruinadas que habrán de dejar las grandes ciudades y buscar acomodo en pagos más modestos, la NBA en El Paso y la ACB en el polideportivo de Villamejor. O que al hoy venerado, un día las piernas no le responderán igual, no saltarán lo mismo, y quizás nadie acudirá a su triste despedida. Ni como comentarista le darán trabajo. ¿Qué le quedará, qué se dirá o nadie dirá de él? Esos días amenazan con venir.

Aunque supieran que luego todo es un sueño, me parece que a este Fantasma del Futuro muchos no le van a querer ni recibir. Yo, desde luego, tampoco querría saber nada de él. Paparruchas.

Enrique de Pablo
http://byenrique.wordpress.com

@EnriquedePablo

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Fecha | 23.12.2011 17:58

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