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Gasol y las apariencias

Kobe Bryant y Pau Gasol./ Getty Images

Kobe Bryant no es Julio César, pero en la Roma californiana nadie se atreve a enmendarle la plana. Pau Gasol tampoco es Pompeya, la esposa de Cayo, pero bien pudiera decirse que siendo estrella consorte del chico franquicia Gasol se debe a sus obligaciones como segunda espada laker. Estos deberes, hay que decir, no se resumen únicamente a los guarismos del box score ni a la suerte final de los partidos. Además, los chicos de púrpura y oro se atienen a la escena, a ese monstruoso escaparate que es la camiseta de la franquicia del Staples y su séquito de destellos, figurantes y demás confitura de dólares. La forma y el contenido no son diferentes en tal escenario de exigencia y la imagen es tan importante como el baloncesto concreto. Como la mujer del César, no sólo hay que ser sino que también hay que parecer.

La música de bayonetas contra Pau Gasol es un tedioso chaparrón que arrecia de cuando en cuando. Quedaron más o menos mudos los detractores en el bienio de los últimos dos campeonatos lakers, pero después del ridículo del año pasado se ha vuelto a abrir la veda de la crítica montaraz. Por alguna razón Pau suele ser la diana más creíble y el saco de boxeo más analgésico. Con el olor a podrido del truncado traspaso a Houston, a rebufo claro de una reputación menguada por el juicio sumarísimo que la prensa y el entorno realizaron contra el jugador español después del 4-0 contra los Mavs, el ambiente con Gasol estaba más que enrarecido. Afortunadamente el carrusel imparable de partidos ofrece chances de reválida a gran velocidad. Contra Utah en casa y con la losa del infrecuente 0-2 sobre las cabezas de los atribulados Lakers las cosas cambiaron. A los excelentes 22 puntos, 9 rebotes y 5 tapones Pau Gasol unió un lenguaje corporal de fiera redención. Gruñó, mandó, enseñó los dientes tras el desenlace de cada jugada. A la elocuencia de los números sumó una puesta en escena que presumía una violencia que normalmente en él se mantiene velada.

Pau Gasol./ Getty ImagesGasol parece haber comprendido que no sólo tiene que ser duro –siempre lo ha sido- sino que además tiene que parecerlo. Como la honradez de Pompeya frente a su marido, Pau necesita hacer pero también convencer, ser y también mostrar. En su contra juega una retórica baloncestística a menudo laxa, parsimoniosa, un fiel reflejo de su personalidad afable y tranquila. Al lado de Garnett Gasol siempre parecerá un boyscout y eso es una batalla perdida, pero un pellizco de aspereza le vendría bien a su juego.

A estas alturas de la película nada relevante cambiará en Pau, es cierto, pero él sabe perfectamente del valor simbólico de lo escénico. Contra los íntimos deseos de Bryant, que desearía un compinche que proyectara mayor imagen de fuerza, Gasol será laker mientras Kupchak y Stern no digan lo contrario. La importancia de la apariencia, vale concluir, es de tal magnitud que puede marcar de aquí a marzo la distancia que separa la permanencia del traspaso.

@CarlosZumer

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Fecha | 29.12.2011 17:17

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