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Iman Shumpert, sangre fresca para los Knicks de New York

Iman Shumpert, con la cacamiseta de Georgia Tech./Getty

El Prudential Center se erigió, la pasada noche del 23 de junio, como el nuevo escenario de los sueños de la NBA. Con sesenta nombres por delante en una noche que no tendría fin para ninguno de los presentes en el recinto de Newark, los jugadores aguardaban nerviosos un futuro incierto, pero que de venir, lo hacía ahora. Sin la presión cargante de un Madison Square Garden cansado, Iman Shumpert no tuvo que aguantar ningún grito de desacuerdo o ignorancia proveniente de las gradas cuando fue seleccionado por los Knicks. Primera ronda, puesto 17. Elección con velo de sorpresa pero rostro de acierto. ¿Se lo esperaba el protagonista?

Sí, yo siempre sueño a lo grande” nos dice hoy Shumpert, con voz serena y segura desde las instalaciones de entrenamiento del IMG, en Orlando. Pero para llegar al verano de 2011 y al Iman base de los Knicks, tenemos que remontarnos, cuanto menos, al 26 de junio de 1990. Aquel día Odis -corredor de seguros- agarraba con fuerza la mano de su mujer L’Tanya -profesora adjunta de arte y diseño en Columbia College-, que dio a luz a otro retoño del baloncesto chicaguense. Nacido y criado en Oak Park, Illinois, se crió bajo el hechizo de los Bulls y el reto de sus hermanos.

Crecí viendo jugar a mis hermanos“, recuerda Iman. Aquel fue el génesis de su amor por el baloncesto. “Trabajé muy duramente sólo para poder vencerlos“. El afán de superación le llevó más lejos de lo que jamás habría podido imaginar. Convirtió la ambición en deseo inquebrantable. Pero hubo un punto de inflexión que le sirvió para darse cuenta de que podía ser profesional. Lo hizo “al final de mi segundo año de instituto” explica. “Durante el AAU tuve compañeros con muchísimo talento, pero en los minutos finales mi equipo siempre confiaba en mí” dice, “y me resultó fácil ser el líder“. No en vano, esto se sumó a la batalla constante de los guards del estado -enfrentó y defendió a Jacob Pullen o Evan Turner entre otros- que siempre le hizo ser el mejor. “Sabía que tenía la ética de trabajo necesaria como para llegar hasta donde yo quisiera llegar“.

Dio el ansiado salto del juego de instituto a la NCAA de la mano de Georgia Tech. Su elección, anunciada sólo cuando quiso y sin ceder a las continuas presiones mediáticas y ambientales, denotó una madurez que se echa de menos en muchas ocasiones. Allí “aprendí a ser un líder y a pelear contra las adversidades” afirma Iman, que recuerda que se vio obligado a ejercer de guía de “un equipo joven, en el que tuve mucha presión, por lo que tuve que anotar, asistir, rebotear, defender al mejor jugador rival…” En sus tres años en Georgia jugó 92 de los 93 partidos posibles. Durante la pasada temporada, fue titular en todos los encuentros y acabó con unos promedios de 17,3 puntos, 5,9 rebotes y 3,5 asistencias.

Con su año senior por venir, decidió probar suerte en la NBA. Se decidió porque “sentía que podía separarme de los otros jugadores y estaba listo para jugar en el siguiente nivel“. Por tanto, este estudiante de sociología y amante de la escritura creativa y el periodismo televisivo dejó a un lado “la universidad y todas las distracciones” para “concentrarme estrictamente en el baloncesto“. Con el paso dado, quedaba lo que mejor se le daba: trabajar duro. “Sabía que encajaría perfectamente en los Knicks, y ellos también lo sintieron así en cuanto tuvieron la oportunidad de conocerme y verme jugar de cerca“. Recuerda, no obstante, que “aún así estaba nervioso en la noche del draft, y en el 17, con los Knicks, era donde estaba mi corazón“. Con una sonrisa y voz alegre, admite que “casi me desmayo cuando escuché al fin mi nombre“.

Las previsiones le situaban al final de la primera ronda. Su estilo de juego nunca llamó la atención del aficionado medio -mas varios expertos le consideran el mejor defensor perimetral de esta hornada- por sus características. Shumpert tiene un mensaje para los aficionados de los Knicks: “Obviamente, la franquicia vio algo en mí y deben confiar en su decisión“. Su vena guerrera, yugular y vital, sale para convencer a los otros escépticos: “Y a cualquiera que dude de mí, le diría que soy muy humilde, ¡y que nadie me ganará en trabajo duro!”

Iman Shumpert ya está aquí. Un jugador que traerá a los Knicks y a la liga “pasión, trabajo duro en ambos lados de la pista ¡y un gran espectáculo!” Un base todoterreno, que se siente “dominante” cuando se eleva eléctrico hacia la canasta, y que alegrará las noches de baloncesto NBA… cuando las haya, claro.

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Fecha | 31.08.2011 09:11

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