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John Starks: gloria y olvido

John Starks (New York Knicks)./ Getty Images

Cuando a principios de los 90 los Bulls dominaban el panorama baloncestístico en la mejor liga del mundo, en la Gran Manzana crecía a la sombra de Pat Ewing una leyenda, la de un jugador que dejaría dos imágenes imborrables. Una completamente dulce y otra completamente agria. Ésta es la historia de John Starks.

Formado en la Universidad de Oklahoma State, John Starks no destacó durante su etapa colegial como un gran baloncestista. Al no ser seleccionado en el draft de 1987, probó fortuna en diferentes ligas comerciales estadounidenses. En la 1988-89 consiguió su oportunidad en la NBA, logrando entrar en el roster de los Golden State Warriors, donde jugó 36 partidos, con 4.1 puntos de media. Esto no le valió otra oportunidad en la franquicia de San Francisco y tras jugar en la 1989-1990 en los Cedar Rapids Silver Bullets de la CBA, obtuvo una nueva prueba en la Gran Liga, en esta ocasión en los New York Knicks, que le permitieron entrenar con ellos en el verano de 1990.

En uno de estos entrenamientos, Starks se encontraba en el equipo suplente. Vio ante él un corredor libre, sin defensores, y se apresuró a intentar una de sus artes favoritas: el mate. Pero en el aire se topó con los 2.13 de Ewing y sufrió un fuerte golpe, que lo lesionó. En cualquier otra ocasión, esto hubiera sido un soplo de mala fortuna, pero Starks y los Knicks habían firmado un contrato temporal que garantizaba la extensión del mismo en caso de lesión. Esta fea caída fue el comienzo de la carrera de Starks con los Knicks.

El bueno de John comenzó a entrar en la rotación knickerbocker cuando Gerard Wilkins se lesionó mediada la temporada. Starks comenzó a mejorar sus prestaciones, anotando 7.6 puntos a final de la 90-91, 13.9 al término de la 91-92 y 17.5 a la conclusión de la 92-93, cuando llegó el mejor momento de la carrera de Starks.

En el segundo partido en las finales de conferencia este ante los Chicago Bulls, con 91-88 a falta de 55 segundos para el final, Starks se marchó de BJ Armstrong, un gran defensor, entró fuertemente a canasta y posterizó a Michael Jordan y a Horace Grant con un mate antológico, cerrando el partido y poniendo un 2-0 favorable a su equipo en la eliminatoria (que posteriormente perderían 4-2). Si esto puede considerarse la cima de la carrera de John Starks, su punto más bajo llegaría en la temporada siguiente, cuando menos se esperaba.

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Tras cerrar su mejor año en la liga (19 puntos por partido) y con Michael Jordan jugando al béisbol, los Knicks arrasaron en la Conferencia Este y se plantaron en las finales de la NBA por primera vez desde el triunfo en 1973. Su rival serían los Houston Rockets de Hakeem Olajuwon. En el sexto partido de la serie (3-2 para los de Nueva York), los Knicks caían por 2 puntos (86-84) a falta de 7.6 segundos, pero tenían la posesión. El balón, como no, sería para Starks, que llevaba 27 puntos. Fuertemente defendido por Maxwell, el base de los Knicks le quebró gracias a un bloqueo de Ewing y se dispuso a lanzar un triple que podía dar el tercer título a la franquicia. Pero Olajuwon apareció de la nada y taponó el lanzamiento, iniciando la cuesta abajo para la carrera de John Starks, que en el séptimo y decisivo encuentro firmaría un lamentable 2/18, poniendo en bandeja el título para los Rockets.

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El jugador no se recuperaría y, tras tres años más en Nueva York, donde sus números bajaron notablemente, pasaría por Warriors, Bulls y Jazz antes de colgar las botas. El hombre que posterizó a Jordan en 1993 y pudo dar el tercer anillo a los Knicks en 1994 cayó en el más injusto de los olvidos.

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Fecha | 10.08.2011 18:05

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