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Jugar en casa

Team USA./ Getty Images

Para cualquier equipo nacional, jugar en su propio país es hacerlo en casa. Cuestión territorial más que nada, como diría alguno. Sin embargo, esto es elevado a su décima potencia cuando la selección de Estados Unidos se viste de corto en Washington DC. No hay experiencia mayor que ser testigo directo de la actuación del equipo de las barras y estrellas en la capital de USA. Por el despliegue en la cancha y por todo lo que rodea a la visita del conjunto nacional a la ciudad de la Casa Blanca. Patriotismo llevado a su  máxima expresión.

Posiblemente no hay ningún otro país en el mundo con mayor amor a su bandera que los Estados Unidos. Posiblemente no haya ninguna otra nación capaz de concentrar tanto orgullo en algo. Se puede palpar en el ‘día a día’, se lleva al extremo en los actos oficiales y se  amplía hasta la saciedad cuando se trata de la selección de Estados Unidos jugando en Washington. Cada uno de los jugadores, miembros del cuerpo técnico y demás individuos con la indumentaria oficial es una personificación de la bandera. Son queridos, venerados, idolatrados. Y lo son porque representan un país que se vuelca con todo lo que simboliza el azul, rojo y blanco.

Kobe Bryant./ Getty Images

Entre los eventos previos al USA-Brasil, el combinado norteamericano realizó varios actos patrióticos, encuentros con tropas de vuelta en casa, visitas a cementerios militares para rendir tributo a las víctimas que sirvieron al país. Todo un repertorio de actos que el pueblo valora y no olvida fácilmente… como tampoco lo hace cuando el presidente de los Estados Unidos se convierte en parte activa de las ceremonias. En ese momento nos trasladamos a otro nivel.

Barack Obama./ Getty Images

La llegada de Obama al Verizon Center de Washington hizo que se paralizase por completo el movimiento dentro del pabellón. Los medios de prensa que terminábamos de cenar y nos dirigíamos a nuestros puestos de trabajo tuvimos que esperar alrededor de 20 minutos a que la buena gente del servicio secreto considerase que el peligro para su jefe había pasado. Entonces pudimos dejar el corralillo donde nos habían concentrado a ‘traición’. El pájaro estaba en el nido… y se sentaba en su asiento a pie de pista entre gritos de ‘USA! USA!’ que no cesaron hasta el salto inicial. Saludó al entrar al recinto, estrechó manos a diestro y siniestro, atendió al medio oficial que retransmitía el partido y pasó un momento embarazoso cuando su mujer se negó a darle el beso de rigor al ser enfocados por primera vez por la Kiss Cam. Obama era protagonista. Él, más que nadie, estaba en su casa, ante su público y poco importaba que su equipo ganase sin demasiadas florituras. La fiesta había sido completa.

@AntonioGil_SOSE

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Fecha | 17.07.2012 17:09

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