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Just another season in Northwestern

John Shurna

Northwestern, equipo que sigue sin poder clasificarse para el March Madness tras 73 años de historia y que a partir del año que viene no tendrá a su jugador más icónico, John Shurna.

“Mientras hay tiempo existe la oportunidad, pero cuando hay oportunidad ya no queda más tiempo.”

Llovía. Como siempre.
El reloj marcaba las cuatro de la tarde, y ese chico de aspecto desgarbado y quinceañero caminaba por las intransitadas calles de Evanston. Como siempre, a esas horas no era fácil que en tu camino se cruzase algún otro paseante.

Qué, ¿Johnny? ¿Este año sí?

El muchacho torció la vista a su izquierda. Ahí estaba. Aquel hombre, cano y tras las hojas del periódico; le había formulado la incómoda pregunta. Como los tres años atrás.

– Sí, este sí. – Le devolvió la sonrisa y continuó su paseo.

Había crecido, como todos en aquella región norte de Illinois, asociando a los Wildcats el adjetivo de ‘perdedores’. En Northwestern, al menos en baloncesto, nadie había sido capaz nunca de dar alegrías. Evanston, localidad asociada desde tiempos inmemoriales, tanto como su fundación, al mundo metodista; parecía huir de la victoria como ejemplo de una virtud divina.

John Shurna./ Getty ImagesDesde sus años en Glen Ellyn, asistiendo al Glenbard West High School, Shurna había estado en la órbita de reclutamiento de N’Western.

Era uno de los mayores talentos de la zona, y terminaría superando las expectativas.

Parecía claro que el chaval, de quien los informes destacaban una habilidad técnica inusual para su altura, acabaría combinando deporte y estudios en la universidad de al lado de casa. Esto, junto al prestigio académico de la NU, decantaría la balanza a favor de Bill Carmody.

En su primera temporada, los Wildcats vivirían una mejora palpable; inyección de ilusión para los de las afuera de Chicago. El curso anterior había sido totalmente nefasto, y la madurez de jugadores que después serían ilustres, junto a las gratas sensaciones de los recién llegados, comandados por Shurna, darían un respiro de aire fresco al equipo. Sí, parecía que los de morado, a quienes muchos ya habían dado por eternos perdedores, por historia triste interminable, eran capaces de hacer algo bien.

Y los primeros sorprendidos eran sus seguidores. Alguno, no muchos, llevaban siguiéndolos años. Y no, no en muchas ocasiones se había visto por Evanston un grupo con las mínimas aspiraciones.

Ese equipo, por fin, sí parecía tenerlas.

El gran problema con los Wildcats, que siguen estrictamente una historia dictada desde el principio de todo, es que cuando funcionaban; por alguna u otra razón, el trayecto se resumía en el topicazo.

Sí, el de “tanto nadar para morir en la orilla”. No era un objetivo insertarlo en estas líneas, pero en el caso de los de Carmody se hace imposible, casi tanto como a ellos ver más allá de marzo.

John Shurna./ Getty ImagesPor desgracia para esos seguidores, para ese público ilusionado, entre perplejo y escéptico; las opciones de los suyos nunca pasaron de eso. Sus Wildcats han caído, de golpe y porrazo y directos a una realidad demasiado terrenal. Sabemos, además, que lo terrenal no suele ser indicador de nada bueno por esos lares.

Este año, tras cuatro de la etapa Shurna, la mejor en la historia del equipo, la vieja historia volvió a repetirse. Los deseos del alero no se pudieron cumplir. Ese chaval fascinado; obsesionado por bailar, termina sin vivir la magia de la Big Dance. Y es que los astros volvieron a alinearse.

Aunque quizá fuesen los propios chicos, incapaces de soportar una presión que en ningún momento a lo largo de este tiempo supieron manejar. Los de Carmody son chicos de su entrenador, según dicen algunos, en este sentido más que en ningún otro. Nunca han sido cerrar las temporadas, y afrontar los meses finales ha supuesto, desde siempre; plantar cara a un infierno demasiado cálido para las temperaturas de Evanston.

73 años. 73 espadas. Frías y desengañadas . Como los inviernos al norte de Illinois.

John ha sido la intentona de héroe, el último resquicio de autoconfianza del equipo por salir de su mediocridad histórica.

Estaba solo. Northwestern es la tristeza de un pobre que nunca pudo llegar a saborear el plato del rico.

Pray for Johnny.

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Fecha | 27.03.2012 02:20

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