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La agonía del vendedor de perritos

El otro negocio de los partidos de la NBA./Getty

Mientras las grandes estrellas de la NBA siguen en lucha con los propietarios de la NBA y viceversa, son muchos los afectados por el lockout que de momento no alzan la voz. No son señores que viajan en` hummers´ o gastan su dinero en trajes costosísimos, de dudoso gusto por cierto… Tampoco son grandes directivos ni propietarios de los equipos, acostumbrados a viajar en limousine o en jet privado. Me refiero a todas esas personas que viven en torno a un partido de baloncesto. ¿Alguna vez han pensado en la cantidad de gente que realiza una labor silenciosa para que todo esté listo en un gran espectáculo deportivo? Es fácil ver al árbitro, a los jugadores, incluso a los periodistas y fotógrafos que realizan su trabajo. Junto a ellos una gran masa de espectadores y fans que llenan, en este caso, los grandes pabellones que hay repartidos a lo largo de la vasta geografía estadounidense. Allí se lleva mucho eso de disfrutar del espectáculo, pasar tres o cuatro horas en un lugar de ocio como es un `arena´ junto a la familia o los amigos.

El espectador estadounidense rara vez intenta colar una petaca de alcohol en su chaqueta o se trae las pipas (con sal) en una bolsa del ultramarino más cercano. Entre otras cosas porque el alcohol está permitido en los espectáculos deportivos y de momento no he visto a mucha gente comer pipas en el otro lado del charco… En Estados Unidos el ocio entra dentro de las necesidades vitales del ciudadano con un status social medio-alto. Bandeja de corcho en mano, o mejor dicho, sobre los muslos, con comida que va desde la pizza más clásica, a los nachos, pollo rebozado o patatas fritas. Todo ello regado por refresco en cantidades industriales (el tamaño mediano europeo no existe por aquellos lares)… y a disfrutar.

Para que todo esto ocurra, y asociado al espectáculo de la NBA, se mueve una industria paralela muy diversa. Sin ella el espectáculo no sería posible o, simplemente, no podría llamarse espectáculo. Aunque a nivel europeo se avanza cada día más hacia este concepto, todavía estamos a años luz de aquello. Precisamente ahora que el lockout amenaza con dejarnos sin este espectáculo, me vienen a la cabeza muchos puestos de trabajo que podrían perderse. Sectores como la hostelería y los servicios más básicos se resentirían mucho. ¿Qué quieren que les diga? Pero al modesto trabajador del sector servicios, sea cual sea su función, no le tiene que hacer ni pizca de gracia quedarse sin trabajo por una pelea de señores con cuentas corrientes con muchos ceros. Desde una visión sindicalista (algo europea y poco americana) podríamos decir que el único afectado de todo esto es el trabajador, el currela. Ahora vénganle con bromas o discusiones sobre el asunto de marras al vendedor de perritos de turno que se gana la vida en cualquiera de los pabellones de alguna de las treinta franquicias de la NBA…

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Fecha | 21.08.2011 16:45

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