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Landon Turner y el Draft como superación

Landon Turner efectúa un mate en su época de jugador de la Universidad de IndianaDraft de 1982. Hace ya mucho tiempo que la noche celebró la llegada de James Worthy a la NBA. Las elecciones caen con el peso rutinario al que invitan 10 rondas de novatos. En la última elección de todas, Red Auerbach se levanta para anunciar su decisión: los Boston Celtics seleccionan a Landon Turner, de la Universidad de Indiana.

Pese a todas las vidas que han cambiado noches como aquélla, podemos apostar que para muy pocos, para casi nadie, fue tan especial como para este atlético ala-pívot. Él, que había ganado la NCAA junto a Isiah Thomas. Él, que había sido la gran sorpresa de aquel equipo. ¿Quién iba a querer un jugador como él? ¿Quién puede querer a un jugador en silla de ruedas?

Corría el verano de 1981. Habían pasado apenas cuatro meses desde que cortara las redes del mítico Spectrum para celebrar el campeonato universitario. Vencieron en la final a North Carolina y a él le había tocado bailar con la más fea. Llámese Worthy. Pero había pasado mucho tiempo. Ahora volvía a casa después de pasar la noche con unos amigos. Cansado, perdió el control del coche.

El Ford quedó destrozado. La parte delantera era un acordeón de hierro y cristales en el que había quedado atrapado su cuerpo de 2.08. Bobby Knight tuvo que salir del hospital llorando de rabia por lo que le había pasado a uno de sus chicos. Isiah Thomas se quedó sin palabras en el umbral de la puerta. Pero para qué hablar de algo que ni siquiera él recuerda.

Landon Turner permaneció cinco días inconsciente y el despertar no fue grato. Aún no se había recuperado del mar de luz que entraba por sus ojos cuando el doctor le cortó las alas: tenía la médula espinal muy dañada y probablemente no volvería a andar. Una traqueotomía de urgencia le impidió dar respuesta, pero no hubiera sido fácil encontrarla. Un día tu entrenador confiesa que si sigues tu progresión puedes ser número 1 y al otro tienes que emplear todas tus fuerzas en poder mover siquiera los dedos.

Tiempo después Turner recuerda con satisfacción aquella batalla. Fueron horas y horas del mismo sacrificio que siempre le exigió su entrenador. Durante sus dos primeros años en la universidad fue de ésos que creen que el talento es la única moneda de cambio. No pocas veces maldijo a Knight (el técnico llegó a dejarle un tampón en su taquilla para cuestionar sus… agallas), pero en cuanto aceptó el reto se convirtió en el empuje definitivo que necesitaban los Hoosiers para ser campeones. Un converso más en la religión de Knight.

Horas y horas de un sacrificio mayor le dieron el alta médica. Para el otoño ya estaba en el campus, nombrado capitán de un equipo para el que nunca podría jugar. La grada le recibió con una enorme ovación. Sus compañeros, puestos en pie, buscaban cualquier rincón al que mirar para evitar las lágrimas. En el centro de la pista estaba él, puño en alto y radiante de felicidad. A pesar de la silla de ruedas.

Al final de la temporada, Bobby Knight se acercó al campus pre-draft de Chicago para visitar a un viejo amigo al que había conocido durante sus años como entrenador en el Ejército, Red Auerbach. “¿Sabes lo feliz que le haría a Landon ser elegido en el draft?”

Nadie volvió a hablar de Turner hasta la noche del draft, cuando Red Auerbach pronunció su nombre. Semanas después volaba a Boston para ser presentado de manera simbólica como nuevo celtic y, con motivo de los títulos de 1984 y 1986, Red le obsequiaría con sendos relojes conmemorativos.

Landon Turner, más que nadie, se ganó su derecho a estar en aquel draft.

@SextoHombre

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Fecha | 23.06.2011 17:47

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