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Niels Giffey… caché vigilado

Niels Giffey (Connecticut Huskies)./ Getty Images

Dicen que la vida en Berlín es más relajada que en el resto de Alemania. Menos estricta. Niels Giffey lo enseña. 95 kilos y 200 centímetros de berlinés. Lleva todo el año jugando para la Universidad de Connecticut. Freshman. No pasa de 10 minutos en las mejores noches.

Hawai le puso en el radar de Jim Calhoun. Dinosaurio de estos de basket universitario, de los pesados. De los de caché. Un torneo en el que Kemba Walker hizo 90 puntos en tres partidos. Uconn estaba para todo.

Pero no. Ni los Huskies estaban para nadie, ni Giffey. Sacos de derrotas y el alemán jarabe de banco.

Pero sí. De repente, el Madison Square Garden se cuela en el mapa. Cinco victorias en cinco días. El parqué de los Knicks, tal cual. La grada mejor, porque no tenían que abuchear. Sólo ver.

Del Garden a Houston. Por el camino cuatro victorias, dos de ellas sin ser favoritos. Y Niels, igual. De poco a nada. Hasta que la ciudad de la cuenta atrás pide especialistas. 24 minutos en el peor partido del mundo. Campeón con más minutos que nadie. Al lado de Kemba, nadie brillaba.

“Era el jefe del grupo. Podría parecer arrogante. Pero agradable. Siempre dispuesto a ayudar”, dice del último sueño de basket de la Big Apple.

Lejos de él llega a Bilbao. Sin ser primera opción y sin ostentar. Europeo Sub 20 sin estrellas, pero con caché. Giffey lo pone. Rechazó dinero del Alba de Berlín y la posible oferta del Bayern de Munich. Quería estudiar. Es el nuevo camino alemán. El de Elias Harris -Gonzaga- o el de su compañero Patrick Heckman -que rechaza a Michigan para jugar en el Boston College-.

“Los profesores entienden que eres un atleta y te tratan como tal”. Ganar al basket y ganarse una vida. Lo podía haber hecho en UCLA o con Pitino en Lousville, pero se quedó con Jim Calhoun por un detalle, una charla:

“Nadie te ha de decir cómo ser como jugador. Tú eres el jugador que quieras. Sólo has de jugar con confianza”.

Buenas palabras del viejo, lástima que ellos predeterminen tanto su papel. En Alemania, como en Uconn, es víctima de las rotaciones preestablecidas y marcadas. Siempre sale en el minuto tres. Y ahí lo intenta.

No es intenso. Puede anotar con las dos manos, aunque luzca la derecha. Mata a la derecha y salta dos veces por partido a por un rebote en ataque. Llega el cambio.

Ahí se queda.

Y ahí se acaba.

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Autor | Jose-Ajero
Fecha | 23.07.2011 18:50

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