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Esas estadísticas que nunca lucen…

Durant y Nowitzki, frente a frente./Getty ImagesSigo viendo atónito el vuelo de los Mavericks en estos playoffs, tras la victoria de ayer frente a los Thunder y, claro, como todo el mundo, soy capaz de ver los porcentajes y las cifras de Dirk Nowitzki y de Kevin Durant o la mala actuación de Rusell Westbrook, que alterna lecciones de mando magistrales con días de trueno, como el de ayer (un defecto que en muchas ocasiones lo cura la edad, el de la inexperiencia, decía mi abuelo). Las cámaras del mayor espectáculo del mundo se centran en la cara de francotirador del alemán desde la línea de tiros libres, el gesto grandilocuente del que será sustituto de James, si es que éste algún día lo permite, o las caras de Rick Carlisle, que casi creía estar viendo una intuición y una oportunidad única. Lo de Nowitzki, especialmente, merece un capítulo aparte, como bien han reseñado mis compañeros de Basket4us.

Pero me sorprende que casi nadie haga mención a lo siguiente: el jugador que más asistencias dio en los Thunder fue… Durant (5, por 4 de Harden). En los Mavs está un valor seguro: Jason Kidd repartió 11 en 35 minutos. El mejor reboteador de los Thunder fue… Durant (8 rebotes, todos defensivos. El siguiente, Ibaka con 6, y de ahí, para abajo). En los Mavs estuvo más repartido: 8 de Chandler, 7 de Marion y 6 de Nowitzki, aunque recogieron menos al final del partido. ¿Los banquillos? Sencillamente nos encontramos ante la fortaleza de los Mavs: Barea, 21 puntos. Terry, 24. Y los jugadores de segunda línea, como Marion, pese al contratiempo de su golpetazo, 11 puntos, 7 rebotes, 3 asistencias en 27 minutos.

Está claro que los highlights de la noche serán para Nowitzki y Durant, pero desde luego Barea, Terry, Marion o Kidd merecen esta columna, porque serán los que lleven a los Mavericks a la final… si Harden, Westbrook e Ibaka no lo impiden.

@ssmenendez

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Fecha | 19.05.2011 12:11

Playoffs NBA, el sitio de los campeones

Michael Jordan puntea un tiro de Larry Bird durante un Celtics-Bulls del año 1987./Getty Images

Le preguntaron en cierta ocasión a Michael Jordan cómo era capaz de anotar siempre la canasta decisiva en los partidos importantes, cosa que sucedía una vez sí y otra también. “Porque me pagan para meter esa”, respondió tranquilamente. En efecto, los otros 20, 30 ó 50 puntos que engrosaban sus estadísticas y nos dejaban maravillados estaban muy bien, pero pudiera haberlas metido otro en teoría, aunque la realidad era que también solía firmarlas él. Pero esa que te daba el partido, el pase de ronda en los play offs o directamente el título, era innegociablemente suya.

Por aquellos mismos días en que leía esa entrevista, recuerdo ver por televisión a un pujante base español, que en ese momento negociaba un contrato trascendental para su carrera, fallar profusamente tiros libres durante la prórroga de un cruce de cuartos de un Eurobasket que se jugaba pocos días después de la muerte de Drazen Petrovic, para dar algunas pistas sin que sean demasiadas.

Si en las distancias cortas es donde una colonia de hombre se la juega, que proclamaba el anuncio, son los partidos y los lances de “pierde y paga”, que diría José Ramón Trecet, los que definen a los campeones. Larry Bird metía la manita –esa que tan prodigiosamente se coordinaba con su ojo- en las narices de Bill Laimbeer para robar el balón que los Pistons sólo tenían que sostener cinco segundos en ese Boston Garden para ganar el quinto partido de la Final de Conferencia de ese año. Luego acertaba a pararse justo antes de pisar la línea, miraba y asistía a Dennis Johnson para registrar el 3-2 que salvaba el factor cancha y en efecto al final resultó decisivo.

La diferencia entre los jugadores excelentes y los verdaderamente ganadores suele apreciarse cuando llega la verdad de los Play Offs. Ahí hemos visto a no pocos MVPs desinflarse o, por el contrario, demostrar que sus credenciales eran legítimas. Y jugadores –y equipos- que después de una temporada regular más que titubeante, sacan a relucir lo mejor de sí mismos justo cuando se anuncia que, después de ni se sabe cuántas manos a los chinos, se juega la que vale una ronda. Los Lakers han venido siendo el mejor ejemplo de esa virtud de saber estar y competir en el momento clave.

Los Play Offs hacen campeones y determinan quiénes no lo son. Hemos conocido jugadores especialistas en las fases regulares, de MVP o de quinteto inicial de la temporada, que no rendían lo mismo cuando llegaban las series. Por no hacer la lista demasiado extensa, recordar a grandísimos como Horace Grant, a Jason Kidd, Steve Nash o el mismo Dirk Nowitzki. En cambio, Dwayne Wade se vuelve un coloso –aquella final tremenda de 2006. Y este año, aunque sean sus primeros Play Off, hemos visto que Marc Gasol puede ser de esa casta de jugadores.

En definitiva, por mucho que se siga debatiendo sobre si los Playoff son el modo idóneo y justo de resolver una temporada, como mínimo podemos asignarle este punto a favor: aquí es donde podemos ver y apreciar a los verdaderos campeones.

Enrique de Pablo
Autor del blog Byenrique http://byenrique.wordpress.com

@EnriquedePablo

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Fecha | 19.05.2011 12:10

Vivir un sueño

Vista general del Madison Square Garden de Nueva York, la mítica cancha de los Knicks./Getty Images

Primero que todo saludarles como Director de la Revista FadeAway en este mi primer aporte con los compañeros de Basket4us. Estamos todos de acuerdo, supongo, que de los sueños uno se nutre, uno llega a luchar por conquistarlos, que estos sueños le hacen trabajar y avanzar, aunque también a veces retroceder. Le dan vida, esperanza, y por momentos tristeza. Desde mi humilde sitio quiero decirles que yo he conseguido algún que otro sueño ya en esta vida, y que tal vez alguna franquicia de la NBA pronto o tarde podría cumplir el suyo.

Este verano viajé a New York City, por primera vez en mi vida. Pude jugar en las canchas de la Gran Manzana, estuve bajo el Empire State Building y crucé el Puente de Brooklyn. Pero sobretodo pisé el parquet del Madison Square Garden. Sensaciones impresionantes sobre una mítica parcela de madera y asientos que si hablaran nos transportarían a muchos recuerdos. Buenos y malos, como los sueños. La afición de los Knicks ha tenido que vivir de ellos, lamentablemente, en los últimos años. Todo parecía estar muy lejos de aquellos gloriosos años 70.

Después de mi viaje, al poco de volver a España, se producía una gran noticia. Amar’e Stoudamire desembarcaba en la franquicia de NYC. ¿Cuántos fueron los que pensaron en algo grande en esa ciudad?¿Cuántos fueron los que volvieron a soñar? A mediados de temporada, otro bombazo, Carmelo Anthony volvía a su ciudad natal. El Garden se ilusionaba, creía en el renacimiento, se acostaba bajo un manto de sueños de título y se levantaba cada partido a corear MVP a las dos superestrellas.

Pero como los sueños, a veces se consiguen, otros ni por asomo, y otros se truncan, y te hacen despertar. Para New York, fueron los veteranos Celtics los que les hicieron de despertador, de machete, de susto, de aguafiestas. Un 4-0 y se terminaba la temporada Bocker del 2011, la temporada del nuevo aliento. Se frustraron esperanzas, pero quedan muchas noches para seguir soñando. Ahora toca mover fichas en verano, hacerlo bien, las bases (los cracks), ahí están. Tal vez en unos meses la histórica franquicia neoyorquina, como hice yo el verano pasado, cumplirá un sueño glorioso. De momento, la ciudad que nunca duerme, seguirá soñando.

Eusebi Sedeño es director de la Revista FadeAway

@EusebiSC

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Fecha | 19.05.2011 12:10

Aquel extraño elemento

Qué serían de los equipos sin los hombres de banquillo. Sin esos extraños elementos que aparecen cuando menos te lo esperas y, que incluso, te ganan partidos sobre la bocina.

De esos “Sixth Players” ha resaltado, a mi parecer, Robert Horry. El ex jugador de Rockets, Lakers y Spurs era uno de esos expertos en el llamado “Clutch Time” o tiempo decisivo de los últimos cuartos.

Canastas que, más que victorias, valieron casi medio título para sus equipos. Todos recordaremos aquellas finales del Oeste entre Lakers y Kings, y cómo Horry pulverizaba los sueños de Stojakovic, Webber y compañía. Más tarde le ocurrió a Detroit, en este caso contra los Spurs. Ahí estaba él para anotar ese triple que daría la victoria a su equipo, esta vez en la final de la NBA.

En la NBA actual se echa de menos jugadores de ese estilo. Quizás, el actual Lamar Odom se puede asemejar en su papel de jugador secundario. Pero no hay que dejar de recordar que, junto a Horry, ha habido otros jugadores tan expertos y decisivos en los anillos de sus franquicias como Kerr o Hornacek.

@Alvaro_Quiros

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Fecha | 19.05.2011 12:09

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