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Sorpresas de la temporada

Jimmy Butler./ Getty Images

Cuando todos hablan y debaten sobre el MVP de la regular season, y Stephen Curry y James Harden acaparan los focos, me pongo a pensar en un premio secundario. ¿Quién se llevará el premio a Jugador de Mayor Progresión? Uno de los favoritos, y seguro que lo merece, es Jimmy Butler, que ha pasado en Chicago Bulls de ser un stopper agresivo, a convertirse en una estrella de la NBA y siendo All-Star.

Si me baso en estadísticas individuales, me acuerdo de Tony Wroten. El jugador de Philadelphia 76ers, ha pasado de 8 puntos por partido a 17 este año, aunque jugar en este equipo y llevar medio curso lesionado en los ligamentos, puede costarle el premio. Respecto al récord de equipo, creo que deberían premiar a Atlanta Hawks, y en concreto, al hombre más infravalorado, Demarre Carroll, un pilar de los Hawks, único del quinteto titular que no fue All-Star, y que ha crecido una barbaridad en la pista, en todos los sentidos, creando un tiro de tres puntos muy fiable.

Rudy Gobert es otra opción al premio, debido a que su nivel ha permitido a Utah Jazz desprenderse de Enes Kanter, ya que el francés se ha convertido en un pívot intimidante, que podría estar entre los 10 mejores en la NBA este año. Otro que merece ganarlo, por desbancar a otro jugador, es Steven Adams. El neozelandés nos ha dado el gusto de quitar el puesto a Kendrick Perkins, algo que nos ha alegrado a muchos. Además, Adams es un jugador en constante crecimiento, que nunca deja de trabajar. La cosa va de centers, y hay que acordarse de Hassan Whiteside, al que nadie conocía hace unos meses, y que ahora, es un pivot dominador, que si madura, puede hacer historia, como hizo en esa racha brutal, con más de 20 rebotes, y más de 10 tapones.

Y aunque no vayan a llevarse el galardón, quiero destacar a cuatro jugadores. DeMarcus Cousins, que en mi opinión ya es el mejor center de la NBA individualmente. Isaiah Thomas, que triunfa allí donde va, aunque mi sorpresa no es él sino cómo Phoenix Suns le dejó escapar. Timofey Mozgov, que por fin ha dejado la locura de minutos en Denver Nuggets, y ahora es un pívot solvente. Y Shabbaz Muhammad, que ha mostrado en unos meses que, con minutos, puede llegar a ser All-Star en un futuro.

Veremos quién se lleva el premio finalmente.

@basketdesdezgz

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Fecha | 13.04.2015 07:32

La honra de Stephen Curry

Stephen Curry./ Getty Images

En los últimos compases de regular season parece hay hasta cuatro candidatos a la consecución por el MVP. Aunque desde mi punto de vista solo uno: Stephen Curry. Entre otras cosas a las que también haré referencia, justificaré mi argumento con unos datos que recopiló James Jackson para NBA.com el pasado 1 de abril. Ese día el base de Golden State Warriors devino el primer jugador en la historia de la Liga que anota 250 triples o más en tres campañas consecutivas y de aquí la constatación definitiva para considerarle como único y justo merecedor de tal reconocimiento.

Jackson contaba que aparte de ser el primero en conseguir los 250 triples por temporada tres años seguidos, también sólo él ha conseguido promediar un 40% o más en tiros de tres y a su misma vez anotar 20 o más tantos por partido. Ni Reggie Miller ni tampoco Ray Allen alcanzan ambos hitos simultáneamente, hazaña que debemos comprender como un hecho que pondera todavía más a favor de Curry. Además, este curso ha alcanzado los 1000 triples anotados en su carrera siendo el jugador más joven que lo consigue.

James Harden ha hecho la mejor campaña de su carrera, pero su equipo era demasiado irregular al principio de temporada. LeBron James, aparte de Kyrie Irving y la buena plantilla que le acompaña, ha hecho que Cleveland Cavaliers superase el mal trago de los dos primeros meses de campeonato, mientras que entonces los Warriors cosechaban la mejor racha de victorias consecutivas de su historia. Russell Westbrook ha estado imparable desde el All-Star hasta a día de hoy, aunque a él le ha pasado un poco lo de Harden y un poco lo de LeBron. Es decir, el equipo no le sigue del todo y, para merecer el título, llega un poco tarde.

Por lo que hace a Curry su ritmo no ha menguado en absoluto, a la vez que estos tres superaban las dificultades que se van presentando a lo largo de una temporada de 82 partidos. Esto es lo que tiene valor. Su campaña ha sido de 10 de principio a fin, cosa que no pueden decir lo mismo los demás. ¿Acaso la NBA no necesita un MVP del perfil de Curry? Y más aún sin Kevin Durant, Derrick Rose ni Kobe Bryant. De hecho me viene a la cabeza un dicho latín que afirma: Hos ego versiculos feci, tulit alter honores. Que significa algo como “yo hice esos versos, pero otro se llevó la honra”. Y en este sentido me recuerda a Curry. Cuánto injusto sería que no fuese el MVP, después de liderar una temporada y un equipo que pasará a la historia, mientras que los otros tres no han podido.

@PparelladaLJ

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Fecha | 06.04.2015 00:17

Se desinfla el globo en la Casa Blanca

Paul Pierce y John Wall./ Getty Images

La temporada de Washington Wizards ha ido en clara línea descendente desde el mes de febrero, con un balance de 18 partidos perdidos de los últimos 25. Algo que en la Conferencia Oeste te haría quedar apeado muy posiblemente de entrar en playoffs, pero que en el Este sólo les ha mandado al quinto lugar y con opciones todavía de quedar entre los cuatro primeros y tener ventaja de campo en la primera ronda.

La llegada de un veterano curtido en mil batallas como Paul Pierce dotaba a los de la capital de esa dosis de experiencia necesaria en todo equipo que aspira a lograr el anillo. Además John Wall dejó hace tiempo de ser un base pasado de revoluciones y ahora ya está plenamente consolidado en la élite de los guards de la NBA, liderando la Liga en asistencias. A ellos hay que añadirle la gran dupla interior que forman Marcin Gortat y Nenê. La frialdad del polaco se complementa perfectamente con la chispa del brasileño, y por si fuese poco Bradley Beal se convierte en una continua pesadilla exterior y con un potencial increíble. Con todas estas piezas sobre el parqué se forma uno de los mejores quintetos iniciales de la Liga y, sobre el papel, aspirantes a como mínimo llegar a Final de Conferencia.

Los pupilos de Randy Wittman ya demostraron la temporada pasada que se les tenía que tener en cuenta en las previsiones para cotas más altas, aplastando a Chicago Bulls en 1ª ronda y cayendo con las botas puestas ante los cabeza de serie Indiana Pacers. En el nuevo curso el globo siguió hinchándose y durante los primeros 30 partidos el balance reflejaba un 22-8 sólo superados por Atlanta Hawks. A partir de ahí dejó de entrar más aire y se fue desinflando debido a las lesiones de Beal, Khris Humphries o Pierce. Esto ofreció al banquillo dar un salto de calidad que habían demostrado antes del All-Star. Pero tanto Rasual Butler como Garrett Temple y Otto Porter Jr no han logrado estar a la altura y el equipo se ha resentido. Además el sistema ofensivo del equipo se limita al juego de Wall y eso les convierte en uno de los peores ataques de la Liga. El libro de jugadas de Wittman parece tener sólo una página y debería buscar alternativas antes que empiecen a jugarse los cruces por el título. Veremos si el globo de Washington puede volver a coger altura cuando más obstáculos habrá en el aire o por el contrario caerá en picado en el ala oeste de la Casa Blanca.

@SergiPrat1

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Fecha | 02.04.2015 09:13

Lluvia de estrellas caídas

Kevin Durant y Dwight Howard./ Getty Images

Una cosa me preocupa en la NBA. Precisamente este año dos de los cuatro candidatos al premio MVP de la temporada han tenido que incrementar su aportación en la cancha debido a la ausencia de uno de los pesos pesados de sus respectivos equipos. Se hace referencia a James Harden y Russell Westbrook entre los que luchan por el Maurice Podoloff y a Dwight Howard y Kevin Durant en cuanto a los que su presencia en el parqué ha estado eventual esta temporada. Ambos jugadores no sólo hacen aumentar el nivel medio de la Liga, sino también la reputación de ésta. Vestidos de traje en el banco no están en su hábitat natural. La NBA es una cadena de franquicias y al comisionado no le conviene que los grandes nombres de la competición no vistan de corto cuando sus equipos saltan al terreno de juego.

Algunos de los síntomas para detectar lo que hoy estamos viviendo son los casos de Penny Hardaway, Grant Hill o bien Tracy McGrady. Se les trataba de sucesores de Michael Jordan, herederos de su legado. Pero tras unos años de rodaje, su salud física se vino abajo. O al menos la necesaria para sucumbir la intensidad incesante de 82 partidos en una regular season. Por eso cuando se tiene a Jordan como el mejor jugador de baloncesto de la historia, no sólo se hace referencia a todo lo que hizo y era capaz de hacer cuando se calzaba las botas, sino también a todo lo que resistió.

En las últimas diez temporadas se han repartido el MVP hasta seis jugadores distintos. De los cuales sólo Dirk Nowitzki y LeBron James consiguen mantenerse bien de salud. Tanto Steve Nash como Kobe Bryant han jugado casi veinte campañas en una de las competiciones más exigentes del planeta, pero el tiempo no les ha sido agradecido. El de Canadá se ha retirado debido a dolencias en la espalda, jugó 15 partidos en la pasada campaña y 0 en la actual. Mientras tanto Kobe jugó 6 la anterior y 35 en esta hasta que el cuerpo le pidió parar. El caso Derrick Rose no hace falta recordarlo y, por último, Kevin Durant, que solo ha participado en 27 partidos este curso. Todos ellos han sido MVP.

“Y la húmeda noche se precipita del cielo, y las estrellas que van declinando convidan al sueño”, decía Virgilio en la Eneida. El problema de tantas lesiones no está en las que tengan los MVP, sino en que son muchos los derrotados por K.O. en temas de salud. Si perdemos a las estrellas, ¿la NBA seguirá siendo la mejor liga del Mundo?. No lo sé, pero quizás haya llegado la hora de tomar medidas. O el sueño se impondrá al baloncesto.

@PparelladaLJ

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Fecha | 28.03.2015 02:45

¿Luchar por el anillo o mejorar estadísticas?

Vince Carter./ Getty Images

Llega un momento en la carrera de muchos jugadores NBA, en el que se encuentran en la tesitura de elegir entre ser pieza importante en un equipo sin aspiraciones, y engordar sus estadísticas personales, o ir a un equipo que luche por el anillo, aunque eso les dejé relegados al banquillo, y a empeorar sus estadísticas, hasta el fin de sus días en la NBA. Ahí surge mi duda. ¿Es más importante luchar por un anillo o mejorar tus estadísticas y ser líder de un equipo menor, aunque acabes tu carrera con los dedos vacíos? Primero, dejar claro que está decisión solamente les surge a jugadores importantes, que ya han hecho buenas temporadas. Obviamente un jugador de nivel bajo, nunca va a poder elegir su camino.

Diferenciando entre jugadores jóvenes o veteranos, puedes llegar a decantarte por una opción u otra. Un veterano que ha sido importante y ha incrementado sus estadísticas durante años, y que no tiene anillo, puede acabar su carrera con un rol secundario, buscando un título, aunque eso conlleve el riesgo de no ganarlo, y haber dejado las estadísticas peor para nada. Respecto a los jóvenes, tienen más margen, y pueden estar muchos años en equipos sin ambición, porque todavía tienen que labrarse una carrera, y hacer números. Si tienen la fortuna de encontrarse en un conjunto ganador, mejor, y si no, con los años podrán pasar al grupo de veteranos.

Actualmente, muchos jugadores tienen roles secundarios, y en mi opinión, en un equipo no aspirante, serían estrellas, aunque ellos prefieren estar en una franquicia ganadora. Me encantaría ver con 35 minutos por partido a Mike Scott, Perry Jones, Jeremy Lamb, Patty Mills, o Dennis Schroeder. Pero también estaría genial seguir viendo con 30 minutos y siendo importante a veteranos como Vince Carter, Ray Allen, Jason Terry, Hedo Turkoglu, Leandro Barbosa o Elton Brand. No me gustaría que se retirasen sin anillo (algunos de ellos), y sin hacer estadística sus últimos años, como le ocurrió a Steve Nash, Allen Iverson, Gary Payton, Shawn Kemp o Karl Malone, por citar a algunos importantes, que se quedaron sin el premio, y los últimos años, tuvieron papeles menos importantes sólo con el objetivo del título.

@basketdesdezgz

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Fecha | 19.03.2015 08:09

La imprevisible escisión

Rajon Rondo./ Getty Images

La escisión sintagmática es un tipo de cambio fonológico. Consiste en un proceso por el que un fonema se separa en un grupo de fonemas en el decurso. En ‘pĕtram’ (latín) y ‘piedra’ el sonido -ĕ- deviene -ie-. Un sonido pasa a ser dos sonidos. Si lo aplicamos a la NBA, me viene perfecto hablar de Dallas Mavericks y Rajon Rondo. Con tanto movimiento de intercambio de contratos, suceden traspasos quizás precipitados. A pesar de ser cierto que Chandler Parsons ha estado lesionado y la plantilla notó mucho su ausencia, también lo es si una nueva adquisición tiene roces de ego con el entrenador o algún compañero de la plantilla, perjudica gravemente al equipo. Rondo y Rick Carlise no han congeniado. Y da igual que el técnico de los Mavs sea uno de los más queridos y respetados por sus jugadores.

Por mucho que a veces no paramos a pensarlo, un traspaso no es un simple cambio de contratos entre franquicias. Visto desde la perspectiva más fría, parece que un traspaso consiste en dar y recibir respectivamente un papel con nombre, apellido y sueldo de alguien. Pero no se trata de eso, sino en movilizar personas, familias. Individuos que los importamos de un ambiente y entorno en el cual puedan sentirse familiarizados, para colocarlos entre otra gente. En una desconocida ciudad con distintos hábitos. El detractor principal de ello es la adaptación, rasgo que ni la estadística avanzada más tergiversada y quisquillosa (tan de moda últimamente) sería capaz de prever.

Aquí interviene la escisión. Un sonido pasa a ser dos sonidos. Un equipo plural, colectivo, popular, con un mismo objetivo, pasa a divagar entre intereses personales. Los cuales no confluyen ni convergen con la intención principal del grupo mayoritario y esto causa un efecto explosivo en el conjunto. La vida nos enseña que la evolución en el habla, dicho más técnicamente, los cambios fonológicos, es algo natural. Acontece progresivamente, poco a poco y es algo que no podemos evitar al paso de los años. Entonces ¿debemos pensar que cuando un jugador interviene en la escisión de un equipo es inevitable? Visto así no te preocupes, es un proceso natural. Por lo que hace a mí, estoy en rotunda discrepancia respecto a ello.

Masai Ujiri decidió no modificar el roster de Toronto Raptors antes del dead tradeline porque las cosas estaban yendo bien (al margen de que ahora pasen por una racha negativa). Intercambiado por Danny Granger, el año pasado Evan Turner causó estragos en el núcleo del vestuario de Indiana Pacers, como parece que está sucediendo con Rondo y Carlise. Un traspaso quizás es tan sencillo de efectuar como un cambio de cromos, pero debe ser mucho más meditado. Lo ideal sería entender que a veces menos es más.

@PparelladaLJ

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Fecha | 15.03.2015 19:40

La importancia de ser el #1 del draft

El jugador que consigue ser el #1 del draft de la NBA pasa a la historia desde ese momento. Es un hito inolvidable. Significa que eres el elegido, el que está llamado a reinar en el baloncesto en los años siguientes. Hay drafts con mucho nivel, y otros bastante malos, pero la primera elección debería ser una figura mundial. Los últimos años, se conoce quién va a ser el primero desde meses atrás, porque suele ser un crack desde pequeño o desde la universidad. Pero no todo es tan bonito siempre. La presión que tiene ser el primero, el tener que demostrar ser el mejor en cada momento, el dinero que ven pasar por sus ojos, siendo muy jóvenes todavía y las innumerables promesas de cada franquicia pueden quebrar la mente de cualquier jugador, y hacerle pasar a la historia, como tantos otros, como uno de los #1 malditos.

En los últimos 16 años, 9 jugadores que han sido el #1 han sido o son jugadores top en la NBA. Yao Ming, Lebron James, Dwight Howard, Derrick Rose, Blake Griffin, John Wall, Kyrie Irving, Anthony Davis, e incluyo aquí al último, porque, a pesar de ser aún rookie, está dejando ver que va a ser una gran estrella, Andrew Wiggins. Tres jugadores se han quedado en tierra de nadie, entre la ilusión y la decepción, acercándose más a este último punto, sin demostrar su valía como #1. Kenyon Martin, Andrew Bogut y Andrea Bargnani. Peor se pone su nivel cuando ves que en el draft del año 2000, cuando Jamal Crawford fue el #8. Chris Paul fue el #4 en 2005 y LaMarcus Aldridge fue #2 en 2006.

Respecto a las desilusiones, 5 han sido #1 para caer en el olvido o para pasar por la NBA sin pena ni gloria. En 1998, Michael Olowokandi fue primero, cayendo Vince Carter al quinto y Dirk Nowitzki al noveno. En 1999, Elton Brand fue la figura, y Baron Davis cayó al tercer puesto. En 2001 estamos ante el año de Kwame Brown. Dejaron pasar a Pau Gasol hasta el #3, a Zach Randolph al #19 y a Tony Parker al #28. En 2007, Greg Oden adelantó en el draft a Kevin Durant, y en 2013, Anthony Bennett fue la sorpresa, quedando, por ejemplo, Michael Carter-Williams en la posición #11. Curiosamente, todas estas decepciones eran jugadores interiores. Las razones por las que  han fracasado son varias, pero debe ser un duro golpe desilusionar a tanta gente, quizás un golpe irreparable.

@basketdesdezgz

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Fecha | 12.03.2015 05:05

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