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Otra vez el imperio amarillo

Steve Nash , Dwight Howard, Kobe Bryant, Pau Gasol y Metta World Peace./ Getty Images

Pau Gasol terminó la temporada pasada lamentando su rol de tercera opción en Los Angeles Lakers sin sospechar que al curso siguiente podría verse relegado al cuarto escalafón. Se dirá que siempre es mejor ser titular en el Staples que irse a bregar los Rockets, claro, pero los nuevos fichajes comprometen más que nunca el protagonismo del pívot catalán, escudero exclusivo de Kobe Bryant en tiempos pasados. Cómo mezclará todo el talento laker de este curso es una cuestión que ni siquiera la física cuántica puede anticipar, por aquello de que todo cambia por el mero hecho de ser mirado, ya ni digamos puesto en marcha. De entrada se hacen las cuentas y parece poco balón para tantas manos. Estará Nash al principio ensayando el pick and roll todo lo que Mike Brown permita. Howard terminará cuantos haya y cuantos encuentre. Bryant absorberá mucha bola para anotar desde fuera y percutir en los momentos relevantes, no sabemos si lanzando 15 ó 25 veces por partido. ¿Y para Gasol qué queda? Para Gasol queda todo lo demás, que no debe ser demasiado.

Dwight Howard y Pau Gasol./ Getty ImagesNombres concretos aparte, el exceso de talento nunca debería ser un problema, pero agregarlo incorrectamente puede ser peor que tener un equipo sin vuelo. En la temporada del resurgimiento del Imperio Amarillo la cuestión estará, como ya se ha dicho, en hacer de las partes un todo y asimilar el superávit de calidad. Como si fuera un tetravirato formado por Julio César, Octavio, Pompeyo y Marco Antonio, armonizar las voluntades para el fin común será una labor de hilado fino y cocina cuidadosa, un armado puntilloso y delicado. Exceptuando a los Celtics y a los Heat del último lustro, no se encuentran en la historia reciente demasiados ejemplos de equipos ganadores con plantillas de multi-estrellato, ni se le presume a Mike Brown la mayor de las dotes de alquimista de grupo. Apostar por el éxito de los Lakers será como profetizar un niño guapísimo nacido de Brangelina: teóricamente probable, prácticamente incierto. Más allá de los caprichos de la genética, es probable que en la generosidad de Pau y de Nash esté alguna clave importante.

El trabajo de Kupchak ya está hecho, que era dar un golpe de mercado lo más sonoro posible. La consecución del blockbuster trade ha sido probablemente la vía natural de una franquicia acostumbrada a la alharaca. Se pagará el impuesto de lujo con la holgura relativa de quien apalanca una marca mundial con activos de sobra, sabiendo que es financieramente asumible pero arriesgado en cualquier caso. Será un peaje de domingo con dirección al único destino posible: el anillo. Unidas la ilusión perdida y el género deportivo de primer nivel –ojo, este año se supone que también hay banquillo-, dirá la química fotovoltaica de los focos y la física de fricciones del parqué si del experimento mana oro o plomo, si el Imperio reconquista el esplendor perdido o naufraga entre opulentas boqueadas. Por lo pronto, en su partido inaugural contra Dallas tratarán de demostrar que el fiasco de la pretemporada ha sido un fallido ensayo de conjunción temprana. En ese sentido, cabe la duda de saber si después del mencionado 0-8 y de las series perdidas el año pasado contra Oklahoma los Lakers de los 16 campeonatos totales aún recuerdan cómo se gana.

@CarlosZumer

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Fecha | 30.10.2012 16:11

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