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Perdedores para la historia

Juwan Howard, Jalen Rose y Chris Webber./ Getty

La historia del deporte solo recuerda a los ganadores. Ocurre en el 99 por ciento de los casos. Pero toda regla tiene su excepción. En estos días se cumplen 20 años de un equipo al que los aficionados al basket recuerdan por su calidad aunque jamás ganase título alguno. En pleno March-Madness del baloncesto universitario americano se recuerda la personalidad, el modo de jugar y la historia de cinco chavales apodados “The Fab-Five”.

La Universidad de Michigan tuvo la fortuna de juntar una generación de jugadores tan talentosa como rebelde allá por la temporada 91-92. Los Wolverines disfrutaron en un mismo cinco de Chris Webber, Juwan Howard, Jalen Rose, Ray Jackson y Jimmy King. Cinco novatos dotados de la magia de Copperfield, Talento en estado puro. También rebeldía afro-americana a flor de piel. Gente sobrada de juego y unos “sobrados” también de carácter.

Ese quinteto de novatos arrasó a todo el que se le puso por delante en aquella temporada hasta llegar casi sin despeinarse a la final universitaria. Pero en el primer año el talento sobre todo de Rose y de Webber no les fue suficiente. Un equipo tan experimentado en partidos decisivos como Duke les privó del titulo en la final. Pero los “Fab-Five” intentarían resurgir con más fuerza y más clase la temporada siguiente.

Rose, Jackson, Webber, King y Howard lo tenían claro. Su temperamento clamaba venganza. Al año siguiente fueron un espectáculo tanto fuera como dentro de la pista. Todo eran gestos. Insurrección y calidad. La clase de unos globertrotters universitarios. Gracias a su impresionante tirón se empezaron a imprimir los nombres en la trasera de las camisetas universitarias. La gente quería no “las” camisetas sino “sus” camisetas. De esos 5 que escuchaban hip hop cuando nadie tenia ni idea como sonaba esa música. De esos 5 que jugaban con calcetines negros, pantalones hasta la rodilla y zapatillas negras rompiendo la disciplina de una liga hasta entonces tan pulcra como la NCAA. Ellos lograron que su estética revolucionaria fuera menos comentada que su juego.

Con más experiencia y la misma capacidad de jugar un basket diferente, los cinco pusieron a su equipo en la final universitaria. Esta vez su rival era Carolina del Norte. Michigan salia a la cancha con un Webber escupiendo a voces a sus rivales la frase: “vais a palmar el partido”. La historia que le abriría la puerta de la Nba después, esa noche le cerraría la boca.

4 minutos para el fin de aquella final. Michigan domina por 4 puntos. Partido apretado pero bastante controlado por los “cinco fabulosos“. Pero el reloj corre y el marcador cambia. Da un vuelco. Inexplicablemente para muchos Carolina se pone por delante 72-67 con 1 minuto por jugar. Sesenta segundos que separan en una cita así la épica de la tragedia. Los Fab-Five se conjuran para la remontada. Jackson anota desde su casa. Webber captura un rebote ofensivo tras fallo de Rose y la hunde en el aro. El marcador se ajusta hasta el 72-71 con 36 segundos para que suene la bocina.

Lo que resta de encuentro marcaría la historia del quinteto. Posesión para Carolina. Tiros libres por personal. Anotan el primero, fallan el segundo y rebote para Webber. Inexplicablemente base y alero de Michigan corren a campo contrario y dejan al propio Webber subir la bola. Y se desencadena el drama. Webber amaga con solicitar un tiempo muerto. Los arbitros no lo ven. Webber se pone nervioso y con 20 segundos vuela a cancha rival como si quedaran solo décimas. Comete pasos pero los árbitros siguen ciegos. Banquillo rival en pie protestando. Los nervios van a más en Chris y se mete definitivamente en la trampa. Webber va a la esquina. Recibe un dos contra uno y, acorralado, une sus manos para formar una T. La T de tragedia, la T de tumulto, la T de tristeza, la T de terremoto. Webber pide un tiempo muerto pero a su equipo no le quedan…

El banquillo de Michigan se lleva las manos a la cabeza casi al mismo tiempo que el titulo vuela a las vitrinas de Carolina del Norte. Un genio comete el fallo de un aprendiz. El juego preciosista y talentoso de los Fab-Five queda sin premio por un error de principiante. Cinco jugadores llamados a ganarlo todo abandonan la universidad sin haber ganado nada. El grupo se rompe. Pero el peso de ese fallo les acompañará el resto de sus carreras. Ninguno logrará titulo alguno en sus equipos de la Nba. Pero los que les vimos recordamos su juego.Y sus nombres. Desafio desde aquí a la mayoría de los que leen esto a que recuerden de memoria alguien del quinteto ganador de Carolina. O un jugador del año antes de Duke. La historia la suelen escribir los ganadores. Pero la tinta de esta lleva la firma de los que perdieron. El talento no siempre obtiene el premio de un titulo pero, como mínimo, queda para escribir las páginas de la historia del baloncesto.

@PacojoSER

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Fecha | 21.03.2012 12:37

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