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Pippen, el mejor actor secundario

Scottie Pippen y Michael Jordan./Getty

Hace pocos días, la revista NBA publicaba un magnífico especial sobre Chicago Bulls, equipo que lideró la mejor liga del mundo en los años 90, siendo probablemente el mejor equipo de la historia del baloncesto mundial. Asimismo, rescató del olvido un magnífico DVD en el que se recogen los entresijos de una plantilla que pulverizó todos los récords individuales y colectivos, liderados por Michael Jordan, the G.O.A.T (Greatest of All Time). Sin embargo, no sería justo recordar aquellas hazañas históricas sin la ayuda inestimable de grandes actores secundarios que ayudaron a que la obra culminase con maestría y rayando la perfección.

Tanto en la pintura, con luchadores encomiables como Grant, Cartwright o Rodman, como en el exterior, con francotiradores como Paxson, Armstrong o Kerr, los Bulls consiguieron fraguar uno de los equipos más competitivos y completos que se recuerdan en la historia del deporte. Entre estos secundarios y Jordan, destaca la figura de Scottie Pippen, el único que logró junto a Jordan y el coach Phil Jackson, los seis anillos en ocho años para la franquicia de Illinois. Aquel alero con aspecto de mohicano era la máquina perfecta para engrasar ese equipo.

Pippen fue el perfecto y fiel escudero de Jordan. Su llegada en 1987 fue uno de los grandes aciertos de Jerry Krause, brillante General manager de aquellos Bulls. El 33 se adaptó perfectamente a aquel inexperto conjunto, que fue de menos a más conforme fueron pasando los años. En el mencionado DVD, John Pach, asistente entonces de Jackson, habla de la enorme voracidad defensiva de Jordan y Pippen, algo escasamente recordado en estos días. “Eran dos dobermans elegantes“, explicó Pach.

En 1991, Chicago buscaba su primer anillo ante los Lakers de Magic Johnson. Tras caer en casa en el primer partido, el segundo se antojaba esencial para las aspiraciones de los Bulls. Ante los problemas de personales de Jordan, emergió entonces la figura defensiva de Pippen, que secó a Magic, dejándole en “sólo” 14 puntos y 10 asistencias, cifras muy por debajo de la estrella angelina. No fue la única vez que Pippen fue decisivo. Su tremenda capacidad para penetrar en la pintura y colgarse del aro, unida a la facilidad con la que el alero culminaba cada coast to coast le hacían un jugador muy difícil de defender.

Cambio de rol
Tras contribuir decisivamente en la consecución de los tres primeros anillos, Pippen supo dar un paso adelante cuando Jordan decidió retirarse del baloncesto por el fallecimiento de su padre. Su gran regularidad permitió a los Bulls conseguir un digno quinto puesto en la Conferencia Este al término de la temporada regular. Incluso fue nombrado MVP de aquel All Star game de 1994, tras anotar 29 puntos y capturar 11 rebotes. Su condición de líder pasó al olvido cuando Jordan anunciaba su retorno al basket, y por supuesto a Chicago. El 33 entonces volvió a asumir su rol anterior. Sin una mala palabra o un mal gesto.

Jordan es considerado por muchos como el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, pero la historia debe recordar a Pippen como el mejor número 2 dentro de una cancha. Recientemente, Rodman explicaba bastante bien cómo funcionaron aquellos míticos Bulls, que volvieron a lograr el three-peat y que en 1996 lograron el récord de 72 victorias y 10 derrotas en una temporada, vigente hasta la fecha: “Michael Jordan era Dios, Scottie Pippen era Jesús y yo… el diablo”, afirmó Rodman. Sin Air, Scottie no hubiera llegado lejos, pero estoy seguro que al revés hubiera sucedido algo parecido. No en vano, hablamos del mejor actor secundario, y eso son palabras mayores.

@felipe_aparicio

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Fecha | 05.08.2011 16:49

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