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Ricky y el dichoso ligamento cruzado anterior

Ricky Rubio./ Getty

Paradojas de la vida. Una pequeña banda de tejido fibroso de unos 3,2 centímetros de longitud, cuya finalidad es mantener estable la articulación de la rodilla, desestabilizó en cuestión de segundos el ánimo de millones de aficionados del mundo del baloncesto en la tarde-noche del viernes 9 de marzo, cuando un mal gesto dejó a Ricky Rubio tendido en el parqué del Target Center de Minessotta agarrándose la rodilla izquierda con evidentes signos de dolor. Los mismos aficionados que tras mantenerse en vilo durante la larga noche del viernes -cruzando los dedos los más supersticiosos, poniéndole velas a San Pantaléon los religiosos-, se atragantaron a la hora de la comida el sábado cuando se enteraron de forma oficial de lo que todos intuían pero nadie había confirmado aún: Ricky se había roto el ligamento cruzado anterior.

¿Tan malas eran las noticias? Pues sí. Imperan la objetividad y la lógica. Decir adiós a una primera temporada NBA notable en la que el base de los Timberwolves había superado las expectativas de muchos escépticos (entre los que se incluye un servidor), causando un impacto mediático más notable aún, y tener que despedirse también de los Juegos Olímpicos de Londres, eran pésimas noticias. Siendo pragmáticos -sin duda la mejor opción-, la realidad obliga ahora a Ricky a olvidarse de lo que ya no va a suceder y fijarse como meta regresar a las pistas al mismo nivel -o mejor-, que cuando tuvo aquel fatídico encontronazo con Kobe Bryant.

Ricky Rubio./ GettyLo cierto es que un halo trágico envuelve a la lesión sufrida por el de El Masnou debido a la legión de víctimas que con las que esta fractura se ceba cada temporada, da igual el sexo o la disciplina deportiva. Los largos plazos de recuperación de una lesión que hace dos décadas era capaz de terminar con la carrera deportiva de un jugador no suelen bajar de los seis meses en los casos más favorables. En el mundo del deporte, basta con mencionarle a alguien las palabras ‘ligamento cruzado anterior roto’ para observar como tu interlocutor arquea las cejas, forma una ‘o’ con los labios y mueve la cabeza de lado a lado. Con estos “papeles” como carta de presentación, la lesión tiene peor imagen pública que el Duque de Palma.

Los más fieles seguidores de la sección ‘Soy Leyenda’ de esta web recordarán bien a Bernard King, ex de los New York Knicks, New Jersey Nets, Washington Bullets, Utah Jazz y Golden State Warriors, aquella máquina de anotar que en el año 84, jugando con los Knicks, se convirtió en el primer jugador en meter 50 o más puntos en dos partidos consecutivos desde el año 1964, y que ese mismo año, en una maravillosa noche de Navidad, regalo al mundo 60 puntos frente a los Nets. A partir de la temporada 1985-86, King sufrió en sus propias carnes un calvario que le tuvo casi dos años alejados de las canchas como consecuencia de la rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha. De no ser así, probablemente hablaríamos de un Hall of Famer. Aunque al principio al escolta le costó incluso volver a caminar sin dificultades, fue capaz de volver al máximo nivel y cuajar grandes campañas, todo ello fruto de una sorprendente readaptación al juego, ya que nunca volvió a ser el explosivo jugador que había sido.

Sin embargo, para Ricky el panorama es mucho más halagüeño. Los avances médicos han mejorado mucho la evolución clínica de la lesión, y las probabilidades de una recuperación total hoy en día son mucho más altas. Las técnicas quirúrgicas más habituales en la reconstrucción del ligamento cruzado anterior para devolver la estabilidad a la rodilla son dos, ambas artroscópicas (menos invasivas): la denominada H-T-H (hueso-tendón-hueso) o la de “pata de ganso”. La primera utiliza una plastia -el nuevo ligamento- procedente del propio tendón rotuliano del paciente. Es más fácil reconocer a jugadores que se hayan sometido a esta técnica por la característica “cremallera” que exhiben justo debajo de la rótula, mientras que los segundos, cuyo ligamento se obtiene de dos de los tres tendones que forman el músculo de la pata de ganso de la pierna intervenida: el semitendinoso y recto interno, muestran una cicatriz algo más discreta. ¿Cuál de las dos es mejor? Depende.

Ricky Rubio y Kobe Bryant./ GettyCosas del destino, tan sólo un día después del percance de Ricky, tuve la suerte de coincidir con el traumatólogo Cristóbal Rodríguez, ex jugador del Real Madrid de baloncesto y reconocido especialista en lesiones de rodillas, y no me pude resistir a hacerle la pregunta en cuestión, movido en parte por una curiosidad egoísta: yo mismo pasé por el quirófano en 2004 por la segunda vía, y los resultados desde entonces han sido bastante satisfactorios. Rodríguez me explicó amablemente que aunque ambas son buenas opciones, se tiende a utilizar la “pata de ganso” con jugadores de baloncesto para evitar posibles patologías derivadas del tendón rotuliano -muy castigado con el impacto frecuente de los saltos-, como la tendinitis rotuliana, y que poco importa si la rotura del ligamento es parcial o total -como se especuló al principio en el caso de Ricky-. En deportistas de élite se debe operar en casi la práctica totalidad de los casos.

Aclarado esto, a aquellos deportistas de la vieja escuela que se operaron el siglo pasado y que vieron como su rodilla permanecía escayolada durante seis semanas para después tardar un año en recuperar una mermada movilidad, les sorprenderá saber que hoy en día el período de rehabilitación de esta lesión comienza en la propia cama del hospital apenas unas horas después de la operación, mediante una máquina de movimiento continuo que dobla la articulación arriba y abajo una y otra vez sin que el paciente tenga que realizar ningún esfuerzo. Ambos enfoques son tan distintos como la noche y el día, y los resultados también.

El resto es una combinación de tiempo, mucho tesón, algo de dolor, y sí, cierta fortuna. A estas alturas, a Ricky le habrán repetido ya mil veces que intentar adelantar su recuperación a la desesperada es un error. Cuando me rompí el cruzado años atrás, José Luis Galilea, un compañero sin igual, me dio un sabio consejo: “no apures los plazos”. Si la advertencia llegaba de boca de un jugador que había logrado ponerse a jugar en apenas 4 o 5 meses después de ser operado de la misma lesión en su etapa como jugador en el Kinder de Bolonia, sus razones tendría. Le hice caso, y siete meses y medio después, estaba jugando sin problemas.

Las imágenes que nos llegan de Ricky no pueden ser mejores. Subido en la bici estática, le hemos visto cuidando el tono muscular de su maltrecha pierna sin haber pasado aún por el quirófano. Ha entendido que su trabajo ahora consiste en dedicar muchas horas a mimar su rodilla. Pero lo más esperanzador de todo es ver su enorme sonrisa y leer mensajes publicados vía Twitter como éste: «Día 2: ¡Si sonríes, las cosas son mejores! ¡Disfrutad de vuestro día! Sed felices». Un fuera de serie, ¡es él quien nos anima a nosotros! Antes de que nos demos cuenta estaremos viéndole de nuevo en la pista dando pases sin mirar a sus compañeros. Mucha suerte.

@DarioQ76

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Fecha | 16.03.2012 11:54

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