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Tres partidos en casa, un suplicio

Kevin Durant y LeBron James./ Getty Images

Siempre me ha parecido que el calendario de las series finales de la NBA es mucho más severo con el equipo que está en desventaja de campo que el de las demás eliminatorias de play off. Por una simple razón. Tiene que jugar tres partidos consecutivos en casa. Y eso, muchas veces, puede ser demasiada presión. Es más, se me antoja un suplicio. Tanto si está obligado a ganarlos, porque ha acumulado una desventaja de 2-0, como si se trata de refrendar la ventaja de campo alcanzada al haber ganado uno de los partidos fuera.

Entiendo que se hace así para limitar el número de viajes, que no es lo mismo volar de costa a costa que hacerlo por las “cercanías” (con todas las “ del mundo) del Este o el Oeste, lo que te permite más idas y vueltas. De hecho en este caso, según parece, no hay vuelos directos de Oklahoma City a Miami. Pero de verdad, jugar tres veces ante tu público, con la teórica triple ventaja, con la imperiosa necesidad de ganar tres veces, de no fallar tres veces, no es un trance fácil. Es tensar demasiado la cuerda, y a menudo se rompe.

Sí, puede ser como cuando a un jugador le conceden tres tiros libres, que no tan frecuentemente se meten los tres, aun cuando se trate del más seguro de los tiradores. Pero qué va, es mucho más difícil. En realidad, le das al rival una oportunidad más de aclimatarse al ambiente adverso, supongo que cuando ya llevas tres días en el infierno todo quema menos. Y en fin, que si le has ganado los dos primeros, a veces no es tan fácil que afición y jugadores mantengan la misma tensión y pasión al tercer envite.

Dwyane Wade y Dirk Nowitzki./ Getty Images

O como aquello de que encender tres cigarrillos con la misma lumbre traía mala suerte. Venía de la guerra, de las trincheras: al primero, el enemigo divisa una luz; al segundo, apunta; al tercero…

El caso es que pocos equipos recuerdo que hayan ganado esos tres partidos en casa. Pero uno de los que lo hizo fue precisamente Miami. En 2006, venían de perder los dos primeros en Dallas. Y fueron capaces de darle la vuelta a la serie en el American Airlines Arena, eso sí, el primero se ganó de dos puntos y el tercero de uno en la prórroga –el segundo fue un palizón. Pero lo hicieron, y de paso también le dieron la vuelta al ánimo. Porque la hazaña les catapultó para rematar la final justo a la vuelta al otro American Airlines, el Center, el de los Mavericks.

De aquellos campeones de 2006 sólo quedan, si no estoy equivocado, Wade y Haslem. Ahora lo tienen mucho mejor que entonces, llegan a casa con 1-1. Si nos ponemos en el otro lado, también podrá pensarse que el problema lo tienen los Thunder. O pescan al menos uno fuera, o están muertos. Pero ya digo, es complicado siempre para el anfitrión. Si de mí se tratara, preferiría el otro sistema, dos ahora ante mi gente a toda máquina e intentar presentarme allí con dos victorias seguidas, que en este caso sería con match ball.

Claro que habrá quien piense que tampoco le gustaría jugar tres seguidos en casa… salvo que sea en Miami.

Enrique de Pablo

byenrique.wordpress.com

@EnriquedePablo

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Fecha | 15.06.2012 19:08

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