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Uno que nos vale: Jordan Farmar

Jordan Farmar./ Maccabi Tel Aviv

No es nada fácil acertar. Me refiero cuando se trata de incorporar jugadores NBA a un equipo europeo. Americanos, se entiende, que no conocen la Euroliga, las ligas domésticas, la forma de jugar, que extrañan las reglas… y sobre todo, muchos padecen el cambio de rol.

Habitualmente, un ex NBA llega a un equipo de nuestro continente y casi por Ley Natural se le asigna el papel de estrella, líder y por supuesto el más caro de la plantilla. Muchas veces, esta tercera condición es la única que acaba cumpliéndose.

Cierto es que nunca han venido Michael Jordan, Larry Bird, ni vendrá Kobe Bryant –a pesar de todos esos coqueteos de amor a la italiana. Ellos no hubieran tenido ningún problema en asumir y enfrentar lo que fuera. De Dominique Wilkins o Ralph Sampson vino lo que quedaba de ellos, seamos realistas. Pero sí han venido buenos. Lo era Larry Spriggs ¿se acuerdan?, el primer ex pro que recalaba en el Real Madrid. Pero pretendieron que se echara a ese equipo a la espalda, y él, aunque viniera de los mismísimos Lakers, allí era el octavo-noveno hombre del escalafón. Era más fácil ser cola de super-león que cabeza de super-ratón. Y no funcionó.

Sí lo hizo por aquellos años, y con creces, Bob McAdoo. Bueno, este sí  venía de jugar un rol más importante en los Lakers que Spriggs, pero no era ni mucho menos el jefe, estaría bueno con aquella banda. Y sí supo transformarse en el jefe del Tracer Milán (¿o Philips?), promedió 26 puntos y 10 rebotes por partido en su primer año (esto lo he tenido que consultar) y les llevó a ganar dos Copas de Europa consecutivas (esto no me ha hecho falta consultarlo).

Al final no hemos visto –como se presumió en principio- esa peregrinación de ases de la NBA a las ligas europeas como consecuencia del lockout. Básicamente, han venido jugadores europeos o muy vinculados a nuestra cultura. Si Jordan Farmar ha recalado en Tel Aviv es por sus hondas raíces judías, religiosas y familiares, y por su identificación con aquella tierra, manifestada en diversas acciones filantrópicas.

Y posiblemente ha sido la gran sorpresa. Jugador prometedor cuando salía del cascarón, en su paso por Los Ángeles –vaya, parece que todos vienen de allá hoy- no sabría decir si su peso específico en el equipo se pareció más al de Spriggs o al de McAdoo en su tiempo, que me desdigan los expertos si no fue así. Sin embargo, lo que le llevo visto en el Maccabi no tiene nada que ver. Contra el Madrid, hace dos semanas, no sólo anotó 27 puntos, jugó implicado de principio a fin, asumió responsabilidades, y hasta fue el que robó un balón casi decisivo cuando los de Pablo Laso apuraban sus últimas opciones.

Me baso en la prensa que leo para constatar que lleva así todo lo que va de temporada.  Ayer anoto 18 puntos, 5 rebotes y 6 asistencias para una trabajada y valiosísima victoria en Estambul. No les queda –o no nos queda- mucho de disfrutarle, pero parece claro que éste sí vale para triunfar en Europa. Aunque difícil que lo haga en otro sitio que no sea Israel.

@EnriquedePablo

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Fecha | 12.11.2011 17:27

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