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Yo me levanto y aplaudo

Pau Gasol./ Getty Images

Esta ha sido la peor temporada de Pau Gasol en su dilatada carrera NBA. Una obviedad que, quizás, es la única opinión de las muchas que suscita el 16 de Los Angeles Lakers que nos reúne a todos en la misma mesa. Podemos hablar de una mala sintonía colectiva, de la falta de espíritu comunitario en el equipo, de la limitación que ha supuesto la fascitis plantar en su juego, de que el esquema de Mike D’Antoni no va con él, de que no se explotaban sus virtudes al poste bajo y que por esto sus estadísticas menguan… podemos dar mil y una excusas para justificar la mala temporada del español. Pero la excusa nunca será el idioma de las superestrellas. Y Pau lo es.

Los números hablan. Por un lado sus 13.7 puntos, 8.6 rebotes y 4.1 asistencias durante la temporada y por otro los 18.4 puntos, 9.2 rebotes y 3.3 asistencias que registra a lo largo de su carrera. El laureado entrenador croata Bozidar Maljkovic dijo en una ocasión que “en baloncesto, las estadísticas son como los bikinis: dejan ver algo, pero no lo más importante”. Y lo importante aquí no son las cifras, sino la sensación que dejan. Gasol ha cedido su estatus, ése que a pesar de compartir vestuario con Kobe Bryant siempre tuvo, la condición de imprescindible. Lo perdió (o lo cedió, según la opinión de cada uno) la temporada pasada en el frustrado traspaso a los Houston Rockets.

El respeto a su figura se ha ido sumergiendo en el mar en el que el español siempre ha nadado, en el de anteponer el sentido comunitario a un ego (en muchas ocasiones necesario) de estrella. Y parece que ha tocado fondo. En muchas ocasiones se le ha criticado la falta de autoexigencia. Yo siempre he pensado lo mismo, en un equipo como Lakers, con una megaestrella a tu lado como punta de lanza, o te adaptas o pasas a ser un problema. Y el de Sant Boi se ha adaptado siempre. Aspecto criticable a otros como Dwight Howard, que si ha cedido algo de su estatus lo ha hecho masticando adolescencia.

Kobe Bryant y Pau Gasol./ Getty Images

La pesadilla de los Lakers ha terminado. Séptimos de la Conferencia Oeste y 4-0 en primera ronda de playoffs. Ahora la situación clama soluciones y rápidas. Dos movimientos y borremos del calendario la fecha del desastre, dibujando excusas que por supuesto no impliquen autocrítica. La figura conductora no se toca. Mike D’Antoni seguirá en el banquillo pese a que nos cueste encontrar una razón para ello. En los despachos de El Segundo no han debido escuchar aquello de la autogestión de los jugadores o la de que este equipo tenía que promediar 110 puntos y jugar como la época del Showtime (y todo esto sin haber pisado un entrenamiento). Un entrenador que pensó que la grandilocuencia de los solistas resolvería. Será que una cosecha más justificaba cualquier optimismo desmedido.

Buscarán renovar a Howard ofreciéndole el máximo. Se habla de 118 millones por 5 temporadas aún no habiendo cumplido con sus expectativas (ésas que colgaron su dorsal del Staples Center mucho antes de vestirlo). El uniforme púrpura y oro pesa mucho, pero se sigue confiando en él como el futuro de la franquicia. Ambos casos, éste y el del entrenador, vislumbran diferentes varas de medir. El ego es coronado mientras la humildad mira desde abajo. La solución gira en torno a la no continuidad de Gasol. Kobe se la ve venir: “He sido muy claro cuando me he reunido con Mitch Kupchack [manager general de la franquicia]: Quiero a Pau aquí. No hay duda ni discusión posible. Creo que nos da la mayor oportunidad para ganar otro título”. Y es que el de Philadelphia sabe que la inteligencia tiene un precio, y que la de Gasol está muy por encima de sus estadísticas. Pocas estrellas anteponen el equipo a su ego personal, muy pocas. Y eso Kobe también lo sabe.

Pau ha declarado que le gustaría seguir pero que no depende de él, ni siquiera del aspecto deportivo. Si no le traspasan los Lakers tendrían que pagar más de 90 millones de impuesto de lujo. Parece que asume su salida como lo ha hecho siempre, adaptándose a la norma establecida que rige su sentido comunitario. Pensando en el grupo, en el bien colectivo, con el ‘nosotros’por bandera. Por esto, por todas esas noches de elegancia sobre la pista, por hacernos sentir dos anillos de campeón de la NBA como nuestros, por enseñarnos que hay otra clase de estrella y servir de ejemplo en un mundo donde prima el individualismo. Por esto y por muchas cosas más que darían para tres columnas… yo sí, yo me levanto y aplaudo.

@DapMachado

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Fecha | 05.05.2013 08:58

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