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Yo también viví el ‘Efecto Lin’

Jeremy Lin collage./ Getty

Es la noticia del momento, la sensación de la temporada NBA, el fenómeno del año… Jeremy Lin es un ciclón mediático imposible de frenar. ‘J-Lin’, ‘LINsanity’, ‘Yellow Mamba’, ‘SuperLINtendo’, ‘LINning’ o como cada uno quiera llamarlo está en todos nosotros y nadie puede escaparse al ‘efecto Lin’. Si alguien lo consigue, o no es de este planeta o no le gusta el baloncesto. Yo, personalmente, he caído y lo he hecho de lleno. Era imposible no hacerlo. Viviendo en New York y acudiendo prácticamente a cada partido como locales de los Knicks en el Madison Square Garden es imposible escapar de las redes de un chico que ha cambiado el juego por completo, al menos en la Gran Manzana.

Después de perderme las tres primeras gestas de Lin, una por motivos personales en forma de graduación de una amiga, otra por motivos laborales que me llevaron a New Jersey y la restante por motivos de distancia en forma de cuatro horas de autobús a Washington, el Lakers vs Knicks era un ‘must’ en mi agenda. La racha se estaba alargando demasiado y no era posible que se extendiese un partido más, sobre todo teniendo en cuanta que los Lakers visitaban el Garden, pero ya no estaba dispuesto a darle más veces la espalda a lo que estaba cambiando el rumbo de unos Knicks que tres encuentros antes daban auténtica pena. Y fue increíble.

Lo de Jeremy Lin ante los Lakers fue de traca, más aún que el debut de Melo o la victoria de la temporada pasada ante los Heat. Todo el hype que venía rodeando a la figura del jugador chino-americano estalló en el Garden. La prensa se multiplicó y el vestuario de los Knicks estaba intratable. Ya se sabía que ni Kobe Bryant ni Pau Gasol iban a hacer acto de presencia por el visitante (como de costumbre), así que prácticamente todos los medios se congregaron junto a la taquilla del base de los Knicks. “Jeremy no va a hablar antes del partido. Después dará rueda de prensa”, me soplaba el jefe de prensa de los ‘Bockers. Entonces ya no hubo excusa para no pasearme por las entrañas del Garden en busca de algún souvenir del ‘Efecto Lin’.

Jeremy Lin fan

El número de fans chinos que se dieron cita en el MSG era algo que no había visto antes en casi dos años en la Gran Manzana. Todos ellos hacían referencia a su nuevo ídolo. Camisetas con su nombre, juegos de palabras o apodos, pancartas de todo tipo, incluida una que se formaba colocando varios iPads juntos (la era de las tecnologías ya está aquí). El fenómeno Lin no tenía límites. A la espera de las deseadas camisetas de juego modelo ‘swingman’ del base, la réplica de algodón con su nombre y número se agotó al descanso del partido (sí, en mi armario también hay una). Era una locura un tanto predecible si como es mi caso habías visto el repertorio de vídeos que los Knicks estuvieron probando en el videomarcador cuando el Garden aún permanecía cerrado al público. Pero al fin y al cabo una locura total y absoluta, que hace que en la tienda oficial de la NBA en la Quinta Avenida vayan a lanzar a la venta la camiseta de juego de Lin el próximo miércoles y sólo se pueda conseguir con reserva previa.

Jeremy Lin fue recibido con la mayor de las ovaciones al ser presentado y cada vez que toco un balón organizó un revuelo considerable. Todo el pabellón, absolutamente todo el pabellón, animaba al #17, que cada vez que anotaba una canasta escuchaba como en los altavoces del MSG sonaba el ‘All I Do Is Win’ de DJ Khaled, al que el público se bautizó como ‘All I Do Is LIN’ y cambió la letra cada vez. Todo lo contrario a lo que sucedía cada vez que Kobe Bryant entraba en escena. El jugador de los Lakers recibió todo tipo de insultos e improperios acompañados de abucheos. Los nuevos fans de ‘J-Lin’ no perdonaban a ‘The Black Mamba’ que horas antes hubiera declarado que “sé quién es [Jeremy Lin] pero no tengo ni idea de lo que está haciendo o lo que pasa con él”. Y lo que pasaba era que el base chino-americano endosó 38 puntos a los Lakers de Kobe como quien se come un paquete de pipas… casi sin darse cuenta.

Jeremy Lin.

Acto seguido, y mientras en Internet empezaban a proliferar vídeos con highlights e himnos a Lin, montajes de futuras portadas de videojuegos y los periódicos empezaban a tirar de ingenio para titular la última hazaña de la nueva sensación de la NBA, la sala de prensa del Garden duplicaba su tamaño, ocupando también el comedor anexo para dar cabida a todos los medios que esperaban las palabras del jugador. Sin Carmelo Anthony ni Amar’e Stoudemire, los Knicks ya tenían un nuevo héroe en la ciudad. Un chaval que levanta pasiones, que es un ejemplo de superación y que lleva a la máxima expresión el sueño americano y el dicho yankee de “hard work pays off”. Larga vida al ‘Fenómeno Lin’ y larga vida a los ‘nerds’ de Harvard.

@AntonioGil_SOSE

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Fecha | 14.02.2012 00:47

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