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¿Y MJ?

Conceder premios puede ser una tarea muy desagradecida en algunas ocasiones. Se corre el riesgo de sobrevalorar el trabajo de unos y de dejar con las manos vacías a quienes, por méritos propios, merecen ser reconocidos. Nunca llueve a gusto de todos y por eso la misión de elegir a los premiados suele recaer en un amplio jurado. Es una decisión tan complicada que es mejor repartir las responsabilidades para que nadie cargue en solitario con el peso de un posible error. Como en un juicio.

Los Premios Príncipe de Asturias, que desde 1981 se entregan anualmente en Oviedo, gozan de un enorme prestigio internacional que los sitúa justo por detrás de los Nobel. Sin embargo, ese prestigio queda en entredicho cuando se habla del Premio del Deporte, un galardón que, todo sea dicho, ya tiene bastante complicado cohabitar con disciplinas como las Artes, las Letras o la Investigación Científica, por citar otras de las categorías premiadas.

No es que el trabajo de un científico o un escritor deba ser mejor valorado que el de un deportista, pero lo cierto es que la mezcla chirría un poco. Además, no hay que olvidar que, a diferencia de un matemático, los deportistas ya son premiados con mayor o menor boato en cada competición que ganan.

Si se echa un ojo al palmarés, se puede observar que hay una gran mayoría de premiados españoles, que aparecen nombres indiscutibles y nombres que automáticamente llevan a pensar en otros que no han sido galardonados. El jurado, compuesto por notables personalidades de nuestro deporte, defiende muchas veces que no solo se premian los éxitos deportivos, dando mayor peso en la decisión a los valores y la humanidad que transmite un determinado deportista, equipo o institución.

El legendario atleta Carl Lewis, galardonado en 1996, dejó plantada a la organización horas antes de la ceremonia de entrega y desde ese momento se decidió que únicamente se premiaría a aquellos deportistas que garantizaran su presencia en el Teatro Campoamor. Una decisión lógica en pro de la repercusión de la entrega, pero que choca frontalmente con el objetivo de cualquier premio: reconocer a los mejores.

La decisión dejó fuera de juego a deportistas que en algún momento declinaron viajar a Oviedo a recibir un premio dotado con cincuenta mil euros. Es de suponer que el que muchos consideran el mejor jugador de baloncesto de la historia y uno de los deportistas más destacados de todos los tiempos debió rechazar el premio en el pasado y por eso ahora ni siquiera figura entre los candidatos. Él se lo pierde, pensarán algunos.

Sin embargo, los verdaderos perdedores son los Premios Príncipe de Asturias, que ya acumulan una buena lista de cuentas pendientes a saldar con deportistas patrios e internacionales.

Según los Estatutos de la Fundación Príncipe de Asturias, podrán ser candidatos al Premio Príncipe de Asturias de los Deportes aquellos que, “además de la ejemplaridad de su vida y obra, hayan conseguido nuevas metas en la lucha del hombre por superarse a sí mismo y contribuido con su esfuerzo, de manera extraordinaria, al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión de los deportes”. ¿Están pensando en alguien?

@marcrampas

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Fecha | 01.09.2011 12:32

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