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Memphis: Consideraciones antes de la guerra

Marc Gasol, Zach Randolph, Tyshaun Prince, Mike Conley, Jerryd Bayless./ Getty Images

Lo que más recuerdo siempre de los Memphis Grizzlies son sus Playoffs de 2011, cuando jugaron mejor que nunca habiendo perdido por lesión a su estrella. La sensación de extrañeza con la que vería esa postemporada Rudy Gay es una imagen que siempre me gusta rescatar. Taciturno, vestido de calle, asistiendo a la hazaña de un octavo clasificado eliminando a un primero, los sempiternos San Antonio Spurs de Gregg Popovich. Fue realmente extraño ver al jugador franquicia sin participar del mayor hito histórico de la misma (pues además, fue la primera vez que Memphis ganaban un partido de postemporada, y por consiguiente, la primera vez que pasaba de ronda). De algún modo, quedaba entonces planteado el nudo básico del relato grizzlie de Lionel Hollins: el afán colectivo. Pues en efecto, y a riesgo de lectura oportunista, se acabó por desalojar al verso suelto. Rudy Gay esparciéndose en los inclasificables Toronto Raptors y Tayshaun Prince encerando la máquina de Memphis parecían tener todo el sentido del mundo, como una ordenación armónica del mercado NBA llevado a cabo por la ley de la oferta y la demanda.

Los Grizzlies son uno de esos equipos que juegan mejor en la realidad que en el videojuego. Un roster parco en súper-números y súper-nombres es, al mismo tiempo, uno de los mejores conjuntos del Oeste y una opción discreta para el jugador de videoconsola, al menos para el modesto. Limitaciones de la simulación, imagino. Pero la cuestión salarial y numérica no es menos importante en esta historia. Gay dejó un hueco doble al marcharse: el de su sueldo (16 millones de dólares crecientes hasta los 19 en 2015) y el de sus puntos. Y como la anotación (de perímetro sobre todo) no es cosa que caiga del cielo, quedaba la duda de ver cómo se suplirían sus 18 puntos por noche en un equipo, Memphis, de anotación más bien parca (antepenúltimo de la liga). Simplificadamente, el misterio lo resuelve positivamente el balance de los Grizzlies desde el traspaso (22-9, récord porcentualmente mejor que el acumulado hasta ese momento, 15-19) y la estadística total de anotación del equipo, anclada sin variación en torno a los 91 puntos tanto antes como ahora. Sí es algo más difícil de determinar la cuestión más concreta de quién ha “heredado” su anotación, pero los candidatos parecen más o menos claros: el prevalente juego interior, el crecimiento de Jerryd Bayless como sexto hombre fortalecido y la feliz madurez de Mike Conley, eterno base underrated que viene tomando grandes dosis de responsabilidad de un tiempo a esta parte.

Al punto, a las puertas de la postemporada de la 12/13, los Grizzlies parecen en todo su elemento. Celosamente saneados en lo económico. Deportivamente afilados, sobre todo en lo defensivo, pues son el mejor equipo de la liga en puntos recibidos (6735 – 89.8 por noche). Y lo más importante, con un equilibrio dentro-fuera que, aunque cargue en Marc Gasol y Zach Randolph gran parte del peso emocional del equipo, siempre parece bien repartido, con el balón viajando pacientemente en busca de la mejor situación, en clara poética de extra-pass. Al fin, levantada acta de la excelencia colectiva de los Grizzlies, donde la rotación de 10 hombres no descuida la importancia de los actores de reparto – Ed Davis, Darrell Arthur, Quincy Pondexter…-, el mediano de los Gasol merece capítulo aparte. El traspaso de Pau a los Lakers en febrero de 2008 es probablemente uno de los movimientos más sustantivos de la última década, pues en efecto fabricó, de muy distinta manera, dos equipos ganadores: el de Tennessee, pasados los años y bien hechos los deberes, gravitando alrededor de Marc; y el del Staples, fundamentado en la venida del mayor de los Gasol y en el salto de calidad que propició su incorporación. Y es que, abrillantado por una labor admirable de Lionel Hollins, Marc es con seguridad hombre alto de All-Star y por derecho habrá de estar este curso en alguno de los quintetos del año, probablemente los defensivos. Sus promedios se mantienen notables pero es en el resto de facetas donde más brilla: liderazgo, equilibrio, presencia, y por supuesto, eso que llamamos los intangibles, lo que quiera que estos signifiquen. Con él el equipo juega mejor con la certeza de que, si pierden, como cuenta Tayshaun Prince, todos se vuelven molestos a casa. Y a su edad, Marc no sólo parece mejor que su hermano, sino que goza de una prensa más elogiosa y de un juicio experto incluso más prometedor.

Es difícil pensar en los Grizzlies como candidatos al anillo, pero nadie se atreverá a tacharlos de las quinielas. Junto a Denver Nuggets representan una amenaza que, amén de la calidad presupuesta a todo equipo de postemporada, se dibuja como auténtico tormento de rivales, pain in the ass para todo el que tenga la desgracia de cruzárselos. Lo grande de los Grizzlies es justamente eso: nadie les dará como claros aspirantes al campeonato, porque difícilmente lo son, pero al mismo tiempo, nadie les supondrá perdedores a priori frente a ningún equipo. Situados en esta equidistancia entre los súper-favoritos y las cenicientas de mayo, es una auténtica incógnita saber hasta dónde pueden llegar. Por lo pronto, pelean por una posición lo más ventajosa posible que les dé factor campo y les disponga una ruta propicia en postemporada. Colateralmente ya han batido el récord de la franquicia en Regular Season (51-24 al cierre de este texto), plusmarca que supera el mejor balance de los emblemáticos Grizzlies de la 03/04. Y aún les aguardan muchos más milestones en el camino. Fieros y orquestales, una modesta revolución en el Medio-Oeste del país, Memphis deberá refrendar en adelante todo el trabajo de varias temporadas para construir un equipo ganador desde los cimientos de una franquicia de bolsillo. Si ganan -lo que quiera que sea-, muchos estaremos sorprendidos, pero no podremos decir que no nos avisaron.

@CarlosZumer

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Fecha | 05.04.2013 19:30

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