Cargando Cargando...

Adiós a los demonios

Jason Terry y Dirk Nowitzki, en el desfile de los campeones por las calles de Dallas./Getty

“Jet y Nowitzki tuvieron que vivir cinco años con esos demonios. Esta noche, estos demonios fueron oficialmente destruídos”, afirmaba Rick Carlisle.

La NBA es un sueño, supongo que especialmente para los europeos que tenemos que ver los partidos a altas horas de la madrugada. En mi caso, cuando a las dos, tres o cuatro de la mañana y en estado de duermevela (no me gusta el café) observo un mundo donde la gravedad es menor a 9’8 m/s2 (las personas pueden volar) y el tiempo pasa más despacio (en pocos segundos suceden muchas cosas) a veces dudo si estoy despierto o ya me he quedado dormido.
Y la NBA también es un sueño para los jugadores profesionales. Baloncestistas de todo el mundo aspiran a jugar con los mejores y sueñan con ganar un anillo.

Por este motivo, desde hace cinco años dos jugadores de la NBA no conciliaban bien sus horas de descanso y sufrían pesadillas todas las noches. Una y otra vez despertaban entre sudores recordando a unos demonios con camisetas blancas. Dirk Nowitzki (32 años) y Jason Terry (33 años) no podían olvidar la derrota en la final del 2006 ante Miami Heat y no estaban dispuestos a dejar pasar esta nueva oportunidad. Iban a ahuyentar definitivamente a su Freddy Krueger particular.

Pero no eran los únicos en Dallas con problemas de insomnio: Jason Kidd a sus 38 años llevaba a sus espaldas 17 años en la NBA y dos oportunidades fallidas con New Jersey de proclamarse campeón. Lo mismo le pasaba a otras grandes estrellas de los Mavs en la recta final de su carrera como Shawn Marion (34 años) o el serbio Peja Stojakovic (35 años) que también rozó el título con aquellos inolvidables Sacramento Kings.

El propio entrenador Rick Carlisle (que si lo ganó como jugador con los Celtics) se quedó a las puertas de ganar un anillo como asistente de Larry Bird con Indiana Pacers en el 2000. Incluso la franquicia de Dallas y su dueño, el excéntrico millonario Mark Cuban, miraban al anillo con la misma ansiedad que Frodo Bolson a su ‘tesoro’.

Este domingo, con la consecución del campeonato, todas estas pesadillas se han borrado de un plumazo y se han transformado en los apacibles sueños que otorga saber que el objetivo se ha cumplido.

Enhorabuena a todos estos jugadores, al One-Star Group, al EQUIPO con mayúsculas de Dallas y especialmente al MVP de las Finales, Dirk Nowitzki, porque por fin son ya campeones y tienen su primer Trofeo Larry O’Brien.

En esta batalla eterna entre el bien y el mal esta vez han perdido los demonios pero la guerra continúa. Ya lo decía Al Pacino en su frase final de la película Pactar con el Diablo: “La avaricia es mi pecado favorito”, lo que demuestra que los demonios seguirán rondando por los cabeceros de éstas y otras camas. ¿Podrá Lebron James dormir tranquilo pronto?

@CeballosPaco

  Compartir en Facebook
Fecha | 16.06.2011 18:37

Recomendamos