Cargando Cargando...

Bad Boys

Para ganar hay que ser el mejor en lo tuyo. Dentro de una disciplina residen muchos estilos. No hay ninguno que sea el mejor ni el peor. Son diferentes. Nadie es poseedor de la verdad absoluta. Lo único claro aquí es que si dominas tu estilo, vas hasta el final con todas las consecuencias con él y te conviertes en su mejor practicante, tu camino hasta el triunfo se acorta. En la historia de la NBA ha habido equipos representantes de diversas maneras de entender el juego: los vistosos Lakers del “Showtime”, los Bulls “triangulares” de Jordan y Phil Jackson, los Celtics de Bird, etc… Triunfadores con anillo. Equipos que abrazaban una idea. Como los Pistons de Chuck Daly.

Quizá el estilo de los “Bad Boys” no fuera el más atractivo para el espectador ni tampoco el más agradable para los contrarios pero fue una forma de entender el baloncesto que ganó campeonatos. Así de sencillo. Pegaban, mordían, encendían a los fans rivales, secaban a la estrella contraria, desquiciaban a todos. Pero ganaban. El anillo nunca justifica los medios. Y los Pistons, los “Bad Boys”, parecía que defendían todo lo contrario. Con el paso de los años, se ha ido olvidando que aquellos Pistons jugaban un baloncesto práctico, sin estridencias y basado en el “menos es más” que tan buenos resultados ha proporcionado a aquellos que han seguido ese lema. Luego, eso sí, hay que sumarle una actitud baloncestística dura y rozando la pelea de bar…

El estilo “bad boy” logró reinar en la NBA entre los Lakers de Magic, los Celtics de Bird y los todavía no campeones Bulls de Jordan. De hecho, fueron los Pistons los que ganaron a esos equipos. Al menos una vez triunfaron ante todos ellos. Frente a Magic perdieron unas Finales, las primeras, pero luego triunfaron en L.A. Por el camino aprendieron a sufrir. Los Celtics les negaron la gloria. Comprendieron. Los Lakers hicieron lo mismo. Asimilaron los errores. Los resolvieron. Se merendaron a los Celtics y a los Lakers. Campeones en 1989 y en 1990. Daly logró crear el antídoto para frenar los síntomas del “showtime”, del orgullo Celtic y de la explosión inicial de Jordan. Un antídoto amargo para casi todos. Efectivo al cien por cien.

Un estilo no alcanza la gloria si no se cree en él, si no posees la fe necesaria y los elementos adecuados para llevarlo a cabo. Un baloncesto inteligente, duro y que maneje los intangibles. Necesitas a una leyenda para darle un toque especial. Unos secundarios brillantes disfrazados de rocas, buen ojo en los traspasos y en las elecciones del draft. Pero siempre con tu estilo por encima de todo y de todos. Con él hasta el final del camino. Las decisiones que tomaron los Pistons siempre fueron orientadas hacia ese estilo “bad boy”. Dureza y un baloncesto práctico. Lo sencillo es, en muchas ocasiones, lo más acertado. Daly sabía que por esa senda llegaría algo importante. Thomas fue el ejecutor de sus decisiones. También el fantasista que proporcionaba esa genialidad que persiguen los equipos ganadores. Dumars era el base que maneja los ritmos. Rodman, el rebote y la defensa. Laimbeer y compañía. Un equipo construido sobre una idea y un estilo que fue capaz de ganar a todos los equipos de leyenda que provocaron la explosión mundial de la NBA . Ganó a Lakers y Celtics en su esplendor, a los Bulls en sus comienzos prometedores, a los Blazers que llamaron muchas veces al anillo pero que nunca encontraron respuesta… a todos cuando eran todos. Por eso digo que los “bad boys” no serían tan malos

  Compartir en Facebook
Autor | Inaki-Cano
Fecha | 02.04.2012 15:33

Recomendamos