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Bye Jersey Girl

 Las animadoras de New Jersey se trasladan..../Getty

“So don’t bother me man, I ain’t got no time. I’m on my way to see that girl of mine. ‘Cause nothing matters in this whole wide world when you’re in love with a Jersey Girl”. Así cantaba Tom Waits, y luego lo harían Bruce Springsteen, Jon Bon Jovi,… y muchas otras personalidades de Nueva Jersey. Una canción dedicada a una ciudad entera, al estado más habitado de todos. Una canción que perfectamente podría ir dirigida, también, a los Nets. Y, por tanto, una canción que adquiere desde ya un valor simbólico y sentimental especial.

Uno ha seguido a los New Jersey Nets desde siempre, o al menos desde que puede recordar. Tuve la suerte de encontrarme con los Nets de Jason Kidd, de baloncesto rápido y defensa dura, con auténticos colosos en la pintura. Pero el amor no me vino directamente; probablemente influenciado por la filmografía de Kevin Smith, uno de mis directores favoritos, y por la música del Boss, Bruce Springsteen, Nueva Jersey llegó a mí vida para quedarse.

Luego vino la documentación histórica: la rivalidad con los Knicks, la época de Dr. J, la explosión pionera de otro idolatrado personal, Drazen Petrovic; todo se fue sumando para que el amor por los Nets no fuera uno pasajero de verano.

Si todo va bien, esto desaparecerá para la temporada 2012-13 -¿la próxima? Esperemos que no, pero esto del lockout parece que va en serio, ¿eh?-. Sí, seguirán siendo los Nets -o eso dicen; aún se comenta que podríamos estar ante el nacimiento de los Brooklyn Knights-, pero dejará atrás logo, colores y la marca Nueva Jersey. Será Brooklyn, como se venía anunciando desde el año 2008. O antes, incluso.

Mejor nos retrotraemos al año 2004. Fue entonces cuando la empresa YankeeNets decidió vender la franquicia de baloncesto. Apareció en escena Bruce Ratner, un empresario brillante con nulo conocimiento y un amor proscrito por el baloncesto. Graduado cum laude por la Universidad de Harvard, es el CEO de Forest City Enterprises, una compañía desarrolladora de servicios que posee activos a lo largo y ancho del país. Pagó 300 millones de dólares y se hizo con el negocio. Sólo un año más tarde, en 2005, anunció la marcha del equipo a Brooklyn, más precisamente al barrio de Prospect Heights. Allí se erigiría el colosal Barclays Center, con espacio para albergar hasta 18.000 personas y que sería la pieza angular de un ambicioso proyecto deportivo, social y económico de más de 3,5 miles de millones de dólares que contaría con dieciséis edificios. Desde centros comerciales y recreativos hasta canchas deportivas. Un empujón definitivo para el brillo de Brooklyn.

Parece que finalmente se hará. Con unos cinco o seis años de retraso, pero se hará. No obstante, ¿es esto rentable económica y deportivamente?

Los Nets, en la parcela deportiva, sólo pueden ir a mejor. Tras la marcha de Vince Carter, el rendimiento de Devin Harris decepcionó no sólo al equipo, sino a toda la liga, y desde la parcela directiva no se supo negociar con el talento de jugadores como Chris Douglas-Roberts, Courtney Lee o Terrence Williams. Con la llegada de Deron Williams, algunos dijeron que este no duraría y que probaría suerte como agente libre en cuanto pudiera. Sin embargo, luego él mismo ha afirmado ante la prensa su compromiso con los Nets. Quizás esta marcha a Brooklyn le ayude.

Y es que, hasta esta pasada temporada, el equipo jugaba sus partidos como local en el Prudential Center. Muy bien situado en el distrito financiero de Newark, a apenas diez minutos de la Penn Station de New York City, e inaugurado en octubre de 2007, es uno de los mejores pabellones de la NBA. Y, sin embargo, uno de los que peor afluencia registra. En la última temporada, los Nets recibieron un total de 581,378 visitas, unos 14.179 espectadores por noche. Esa cifra les sitúa como el tercer peor equipo en este aspecto, superando sólo a Kings (13.890 espectadores por partido) y Pacers (13.538). Un Prudential vacío, un coloso con lágrimas por el vacío en su regazo y en su pista: tercer peor equipo en anotación y balance de 24-58.

La gente de Brooklyn es muy hospitalaria. Además, disfrutan con el deporte y ya demostraron que tienen una gran masa social detrás cuando los Dodgers de la MLB jugaron allá -antes de que Los Angeles les arrebatara el equipo-. En ese sentido, probablemente el Barclays Center se llenase para recibir a cualquiera de los veintinueve equipos visitantes. Y más en el duelo estatal con los Knicks. Porque, si Nueva Jersey es como el primo pobre de Nueva York, Brooklyn siempre ha vivido bajo la sombra de Manhattan. La rivalidad se encendería de nuevo como en los viejos tiempos con King, Ewing, Richardson, Erving y compañía.

Esa masa social que tendría detrás este equipo y que mueve Brooklyn no es unifuncional; nada más lejos de la realidad, otra de sus tareas sería la de atractivo para los jugadores. Porque sí, seamos sinceros: pocos disfrutan de la vida que ofrece Jersey. El cambio de escenario podría atraer a futuros agentes libres a un equipo que, no nos olvidemos, cuenta con uno de los mejores bases de la liga y con una base joven que, aunque aún debe demostrar su valía, ya han dejado muestra de su talento. Jugadores como Brook Lopez, Damion James o Kris Humphries completan una plantilla con mucho talento y pundonor.

Todos los cambios son duros. Pero la vida es puro cambio, un directo continuo en el que no caben repeticiones de ningún tipo. Nueva Jersey dice adiós al baloncesto, pero es por el bien común. Ese bien que tanto gusta mentar en Estados Unidos a políticos que no tienen muy claro qué significa. Brooklyn es negocio. Pero también, por suerte, baloncesto. Tanto en las gradas como en el parqué.

@MoralesJAlmeida

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Fecha | 29.09.2011 13:54

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