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Chris Mullin

Si le ves vestido como jugador de baloncesto, sin conocer su identidad, lo último que pensarías es que ha sido un tipo que ha estado en la élite durante más de una década. Con todos mis respetos ante él, pero Chris Mullin paseó su “cuerpo escombro” por los pabellones de la NBA sin ningún rubor y con todo el desparpajo del mundo. Aquello que nos venden en la película La bella y la bestia se convierte en una verdad absoluta deportiva : “la belleza está en el interior (y en la muñeca)”.

Un tipo muy inteligente, valiente y muy vivo. Hasta cotas legendarias porque si no tienes el físico adecuado, no puedes formar parte del mejor equipo de baloncesto de todos los tiempos. Llevar colgada la medalla de oro de Barcelona 92 implica ser parte de la historia por tu triunfo y porque nunca habrá doce jugadores tan buenos en una misma plantilla de una selección nacional. El Dream Team fue Jordan, Barkley, Robinson, Stockton, Bird, Magic… y Mullin. Sin hacer ruido pero siempre aparecía para dar el pase adecuado o el tiro perfecto. Sin hacer mucho ruido y sin ser el más espectacular pero Chris Mullin estaba allí. Merecedor con todos los honores de ser parte de aquello.

Su carrera no sólo es gloriosa por aquellos Juegos Olímpicos. Si trayectoria deportiva es el mejor ejemplo de superación de barreras casi insalvables para la mayoría de los mortales. Si nos olvidamos del aspecto físico, debemos hablar de su adaptación desde la universidad de St. Johns a la NBA. Ser séptimo del Draft de 1985 siendo un jugador que estuvo en Los Ángeles 84 y ganó el oro junto a Jordan le puso un peso extra encima del que le costó deshacerse. Ser tres veces elegido como Big East Men’s Basketball Player of the Year implica ser muy bueno y que se espera mucho de ti. Quizá por eso, se escondió entre las botellas de alcohol. Su aterrizaje en la NBA no fue malo pero la presión, sus ansias por alcanzar la gloria y la locura de los 80 le llevaron a perderse muchos partidos por el alcoholismo. De hecho, admitió que jugó varias veces bebido y que lo necesitaba para estar a gusto.

Don Nelson le ayudó mucho. Fue el causante de que cambiara su vida. Una vida que se iba perdiendo por el desagüe, pero el técnico decidió frenar la caída de este futuro Hall of fame. Le devolvió ese talento que las lesiones y el alcohol le iban robando y se convirtió en alguien de prestigio. Cinco temporadas consecutivas siendo el máximo anotador de los Warriors no es sencillo. Sus números son de leyenda. Les invito a que los repasen. Cuando uno los lee, se da cuenta lo grande que fue. No reparas en ellos hasta que los estudias. Son un poco como él: brillantes pero sin querer hacer ruido.

Chris Mullin integra esa lista de jugadores mitológicos que no tienen un anillo. Junto a Barkley, Malone y Stockton, nunca alcanzaron la gloria absoluta en la NBA aunque formaron parte de ese equipo glorioso del Dream Team. Se le recordará como un tirador tremendo e implacable. No necesitaba apenas nada para sacar el máximo provecho. Siempre aparecía cuando nadie le esperaba. Una mente maravillosa y un arrojo extremo para hacer valer sus cualidades y esconder sus defectos. Mullin estuvo en la élite muchísimos años. Como los grandes. No a la altura de Jordan, Magic o Bird pero sí dentro de un grupo de hombres que elevaron la mejor liga de baloncesto del mundo a los altares de manera definitiva.

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Autor | Inaki-Cano
Fecha | 07.05.2012 13:55

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