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Dallas Mavericks: la brigada y la resaca

Dirk Nowitzki./ Getty Images

La historia de los Mavericks es la historia de una ambición particular. Reseteados una y otra vez por la licuadora del magnate Cuban, obseso con el metal de los campeones, Dallas ha sabido ponerse en la fila de los aspirantes año tras año casi sin falta de asistencia que anotar. El paisaje occidental de postemporada ya no se entiende sin la presencia de los antojadizos Dallas Mavericks, el hermano tonto de los poderosos Cowboys de fútbol americano. Cuando las pesadillas de Nowitzki con Wade alcanzaron el estatus de terrorífica rutina dentro de un equipo melancólico y perseguidor de sombras, Cuban volvió a agitar la varita y enroló en su carroza nuevos mercenarios de postín -Chandler, Stojakovic o Butler- armando un roster presuroso y pujante más por talento agregado que por mimbres de escuadrón compacto. Y contra todo pronóstico la flauta sonó con todo merecimiento.

Lamar Odom, Vince Carter y Delonte West./ Getty ImagesLa mandíbula crispada de Carlisle apuntaló la victoria Nowitzki mediante. El equipo de los versos sueltos era una verdadera brigada de expedicionarios diversos: la hormiga atómica Barea, el fiel escudero Jason Terry, Sancho del rubio jugador franquicia que vio el anillo donde otros sólo vieron un agujero negro; Haywood y Peja, desaparecidos en las tórridas Finales; DeShawn Stevenson como triplista ocasional, Butler de traje y Chandler azotando al presuntuoso Bosh; Jason Kidd al aparato bajo el embrujo de un pacto: “Yo me olvido del triple doble y tú me das un campeonato”; y Shawn Marion prestidigitando en el limbo de su polivalencia. A la recogida del entorchado el pasado día de Navidad faltaron un buen número de ellos, pero ya tenían sustitutos: Vince Carter, el abúlico Delonte West y el desterrado Lamar Odom. La máquina giratoria de Cuban sustituye piezas sin tiempo ni lugar a despedidas. Miami Heat, por su parte, vino al American Airlines a por el imposible cobro de las Finales perdidas y arrasó con los ufanos Mavs de la sortija: derrota por once puntos después de intenso maquillaje durante casi toda la segunda mitad. Al día siguiente otra contundente derrota ante los Nuggets también en casa y dando una imagen más que pobre. Nowitzki no pudo evitar decir en el canutazo lo que todo el mundo pensaba: “Parecemos viejos, lentos y completamente fuera de forma”.

La incógnita reside en saber si es caraja post-fiesta o es que la cuadrilla necesita verdadero tiempo para aunar compromisos. La edad atenaza las piernas pero no es el peor lastre: el peligro reside en que la retirada no es lejana y el premio ya se ha conseguido. La vieja guardia de los Mavericks ya no lucha por llegar sino por mantenerse, y eso es una dificultad añadida gigantesca. El juguete de Cuban ya no tiene tantas pilas porque el emblema de campeón ya cuelga del techo del pabellón. ¿Por qué luchar, si no hay anhelo de gloria? Las brigadas de los Mavs cabecean bajo la resaca del objetivo cumplido. Mala suerte para los que llegaron un año tarde.

@CarlosZumer

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Fecha | 29.12.2011 18:26

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