Reportaje

Delitos y faltas

el

Imagen de un partido entre Unicaja y Caja Laboral./ACB Photo

El 17 de febrero de este año España recibió un expediente de la Comisión Europea por detectar indicios de que en el baloncesto español se limitaba el número de comunitarios por plantilla lo cual atentaba contra la libre circulación de trabajadores de la Unión Europea. Y así era. Se exigía una cantidad determinada de jugadores españoles, los famosos cupos. Esta fue una corriente extendida en el baloncesto europeo a medidados de la primera década del siglo XXI con el fin de proteger al jugador local de las garras de la Ley Bosman que posibilitó el libre mercado de jugadores procedentes de países de la Unión Europea. Más en concreto fue la aparición de los llamados comunitarios B, jugadores de países que tienen convenios de trabajo con la UE y que casualmente tienen tradición de baloncesto como Lituania, Serbia y Montenegro, Croacia, Eslovenia… Tras cinco años revueltos de interminables negociaciones, amenazas de huelga y visitas a los tribunales el marco se aprobó y en aproximadamente otros cinco años se tuvo que modificar. Esta vez hubo que acudir a la propia Ley Bosman (106) para defender al jugador local.

Independientemente de las muchas dudas que generan varios conceptos del marco de contratación (rango de edad, si entra o no el jugador Cotonú, que pasará con los jugadores jóvenes que aún no hayan cumplido los requisitos de formación…), lo que más me ha llamado la atención de todo este lío ha sido el hecho de que ACB, FEB y ABP tienen que hacer un cisma de todo a lo que deben llegar a un acuerdo. A sabiendas de la obligación de unas negociaciones con fecha límite (tres meses), cada estamento hizo su movimiento: la ACB lanzó su propuesta por comunicado vía web; la FEB, mediante el twitter de su presidente, lanzó varios mensajes en defensa del jugador español; la ABP, mientras tanto, mantuvo su posición a la hora de ser preguntado. Lo mejor de todo fue que el medidador del conflicto, el Secretario de Estado para el Deporte, se posicionase abiertamente con declaraciones de este tipo. Al final el acuerdo que se firmó era idéntico al anterior, quitando la palabra seleccionable/cupo por jugador de formación y ampliando el concepto de comunitario con el jugador Cotonú.

Si algo me queda claro de este conflicto es que todos tienen parte de razón en algo y, sobre todo, todos se equivocan dando tanta importancia a sus argumentos. Ni la ACB es víctima de una persecución, ni la FEB el modelo a seguir por llevar varios años apostando al caballo ganador cuando para mantener ese estatus nacionaliza a un jugador que lleva tres años fuera de españa para suplir una carencia/diferencia de nivel co respecto a la anterior generación (deportivamente me parece una adquisición magnífica, institucionalmente choca con el mensaje que se quiere transmitir), ni el problema más importante del baloncesto español a nivel de clubes es la falta de identidad y ausencia de iconos nacionales.

Para que el baloncesto español siga creciendo, necesita que todos esten unidos y vayan en la misma dirección. Una infraestructura fuerte y una idea clara de a donde se quiere llegar resulta fundamental para mantenerse en la élite mundial. Cerrar fronteras y proteger jugadores no beneficia al jugador español porque sólo jugando contra los mejores se puede llegar a ser el mejor como sucedió con la generación del 80, nuestros juniors de Oro, que no precisaron de ningún cupo para convertirse en historia del baloncesto.

P.D: Como apéndice a este artículo de opinión recomiendo las entrevistas realizadas por la web a Jose Luis Llorente (Presidente de la ABP), Mario Hernando y Kiko Martín (directores de comunicación de ACB y ABP respectivamente).

Calendario basket4us
Clasificación basket4us


SPORTYOU