Detroit Pistons

Detroit está en manos de Andre Drummond y puede ser un error

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Andre Drummond./ Getty Images

En el año 2012, Detroit Pistons seleccionó a Andre Drummond con el pick #9 del draft. Veían en él un center con potencial para poder dominar la pintura de la Costa Este durante muchos años, y así, de su mano, poder volver a pelear por todo. Siendo rookie, rápidamente demostró su capacidad para rebotear, taponar y anotar cerca del aro. El verano antes de su segunda temporada decidió mejorar sus movimientos al poste y para ello trabajó con Hakeem Olajuwon. No obstante, no fue capaz de trasladar a los partidos lo que el Hall of Famer le enseñó, pues su juego en ataque siguió relegado a capturar lobs y a anotar tras rebote ofensivo. Llegó su tercer año en el equipo y con éste Stan Van Gundy, el hombre que había hecho de Dwight Howard el pívot más dominante de la Liga, y con el que había alcanzado unas Finales al frente de Orlando Magic. El entrenador, que también fue nombrado Presidente de Operaciones, hizo varios movimientos en la plantilla y fruto de ello el año pasado los Pistons volvieron a playoffs. Drummond jugó la mejor temporada de su carrera y en julio firmó una extensión de 127 millones de dólares por 5 años de duración.

La actual temporada debía ser en la que Detroit diera un paso al frente y se consolidara como uno de los mejores equipos de la Conferencia Este, pero las cosas no están saliendo como se esperaba y parte de las miradas recaen sobre el jugador franquicia.
Andre Drummond sigue haciendo buenos números, pero la sensación de que son vacíos es cada vez mayor. Continúa siendo una máquina de los tableros pero llamativamente el equipo rebotea mejor cuando él no está en cancha (capturan el 50.2% de los rebotes disponibles con él en la pista y el 52% cuando está sentado). Su juego en ataque apenas ha mejorado desde que debutara, sigue sin ser buen pasador, no ha desarrollado un tiro de media distancia, su touch es irregular y su juego al poste no da el fruto que justifique la cantidad de posesiones que emplea de espaldas a la canasta.

Aun así, lo que más preocupa sobre él es el aspecto defensivo. De un jugador con su físico se esperaba que con el tiempo se pudiera terminar anclando una defensa a su alrededor y nada más lejos de la realidad. No sólo sigue sin ser un buen protector del aro, sino que además continúa siendo objetivo de los planes de ataque de los rivales, que con demasiada facilidad sacan provecho explotando su deficiente defensa de pick and roll. No es bueno haciendo ayudas, sufre muchísimo defendiendo en espacios grandes y con frecuencia se pierde en las rotaciones defensivas. Además, en multitud de ocasiones su esfuerzo e intensidad dejan mucho que desear, pues no es difícil ver jugadas donde muestra una dejadez más que preocupante.

Por si fuera poco, sigue anotando a un porcentaje irrisorio desde la línea de tiros libres. Esto le ha costado muchas veces el terminar viendo los partidos sentado, como sucedió en los playoffs contra Cleveland Cavaliers. Y lo que es más grave, los números ratifican lo que el ojo sospecha: el equipo es mejor cuando él no está sobre la cancha (Net rating de -5.8 con él en pista y de 5.3 sin él sobre la misma).

El próximo verano Detroit deberá afrontar la renovación de Kentavious Caldwell-Pope, jugador que al contrario que Drummond, sí ha mejorado cada año y ha crecido hasta ser el más importante del equipo a día de hoy. Con dicha renovación, los Pistons se quedarán sin flexibilidad salarial y el techo del proyecto actual quedará supeditado al crecimiento interno de los jugadores y en concreto de Drummond. Tener depositadas las esperanzas de la franquicia e invertido un porcentaje tan alto del coste de la plantilla, en un jugador que cada día deja menos claro que pueda llegar a ser, no ya dominante en su posición, sino capaz de contribuir de manera positiva noche tras noche, es cuanto menos cuestionable.

Si Andre Drummond no empieza pronto a despejar de manera clara las muchas dudas que hay acerca de él, su valor en caso de desear traspasarle más adelante va a caer notablemente. Por ello, Stan Van Gundy haría bien en sondear qué puede obtener por él antes del cierre del presente mercado de traspasos y en caso de presentarse una oferta más que razonable, considerar muy seriamente aceptarla.

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