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Dikembe Mutombo

Un pionero africano. Un hombre unido al gesto de “no en mi casa” con el dedo índice y con una voz tan profunda como los valores que promulgó en sus años en la liga. Una carrera deportiva maravillosa y meritoria con gestos y acciones humanitarias aún más gloriosas. Un defensor intenso. Un trotamundos. Un africano en la NBA. Uno más. Un colonizador como Bol. Hacer del tapón un arte y una forma de vida. Dikembe. Defensa.

Dieciocho temporadas en la NBA no las juega cualquiera. Tampoco ocho All Stars ni entrar en los mejores equipos defensivos año tras año o ser el más destacado en esa faceta cuatro veces. Dignificó la defensa. En cada década ha habido dos o tres jugadores que han elevado y transformado el hecho de impedir la canasta del rival. Mutombo es uno de esos hombres llamado a cambiar el juego. Cierto es que el defensor no luce igual que el que anota pero gente como Mutombo consiguen que nos fijemos en ellos, en disfrutar de un robo o un tapón…

Pero este altísimo africano no hubiera llegado hasta la cima sin tener unos valores muy sólidos y una ética de trabajo intachable. Dikembe tenía buenos mimbres pero su paso por Georgetown los recubrió de cemento. John Thompson fue el entrenador de los Hoyas que aceptó el reto de incluir en su plantilla a un joven que apenas hablaba inglés y que venía desde muy lejos para jugar a un deporte para el que estaba predestinado desde que nació. Con los Hoyas creció en todos los aspectos. Su juego se fue desarrollando junto a un pívot con el que se enfrentaría en la NBA: Alonzo Mourning. Hombres grandes para dominar por dentro, intimidar y triunfar. Su periplo universitario finalizó al comienzo de la década de los noventa… aterrizaría en los Nuggets.

Si Mutombo no pasa desapercibido cuando dice “Buenos días” o levanta el brazo para pedir un taxi, imagínense en la NBA. Un tipo tan alto y tan largo(porque se pueden ser las dos cosas) iba a comerse el mundo desde la defensa. Sus primeras temporadas en Denver fueron buenas pero sería con los Hawks cuando Mutombo realmente movió el dedito para frenar a todos los rivales. Su impacto en Colorado y en Georgia fue espectacular. Si con los Nuggets dejaba detalles impresionantes (doce tapones frente a los Clippers en su segundo curso con los mejores), con los Hawks dejaba joyas. Sí, joyas porque Mutombo ayudó a volver a dignificar el trabajo defensivo. Fue uno de los culpables de que hoy disfrutemos de gente que nos deja con la boca abierta con un tapón o forzar un error de su emparejamiento.

Mutombo ya ganó el premio de defensor del año en Denver, también con Atlanta y fue All Star. Con los Hawks, estuvo presente cuatro temporadas consecutivas en el All Star. En la ciudad de la Coca Cola se vio al mejor Mutombo de todos. Una obra de arte en forma de defensa.

Tras esos años gloriosos, el físico empezó a fallarle al gigante africano. La voz seguía potente pero no movía tanto el dedo índice como antes. Pero antes de que su estrella se apagara en los Nets, Knicks y Rockets, fue capaz de vivir unas finales de la NBA con los Sixers de Larry Brown y Allen Iverson. El anillo estuvo más cerca que nunca para Mutombo. No lo alcanzaría porque Shaq y Kobe no estaban por la labor. Mutombo perdió esa oportunidad de llegar a lo más alto entre los más altos. Pese a eso, su labor en la NBA había ayudado a crear una defensa que atrapara a todos los fans del mundo.

Pero si hizo grandes cosas en las canchas, fuera de ellas hizo aún cosas más grandes. Un fenómeno en todos los ámbitos de la vida. En su profesión, triunfó y como ser humano, también. Su labor humanitaria ayudando a sus compatriotas ha sido felicitada por todos. Su fundación ha construido hospitales, escuelas y canchas de baloncesto. Viviendas para los que no la tienen. Dando todo para los que no tienen nada. No sé si se admira más al Mutombo jugador o al Mutombo icono humanitario. Los dos cambiaron el juego y lo volvieron más maravilloso. El baloncesto y la vida.

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Autor | Inaki-Cano
Fecha | 01.06.2012 17:27

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