Miami Heat

Dwyane Wade: Plan frustrado

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Dwyane Wade (Miami Heat)./ Getty Images

Ganar un anillo de la NBA es un logro al alcance de muy pocos jugadores y conseguir más de uno es ya un privilegio reservado para algunos elegidos. Dwyane Wade comenzó a ser realmente consciente de esta afirmación tras alcanzar la gloria con Miami Heat en 2006 y comenzar a asumir que iba a ser muy complicado repetir la hazaña con el equipo de Florida a corto o medio plazo.

Pasaron las temporadas, las lesiones y los intentos de reconstrucción, pero el escolta siguió sin encontrar el respaldo necesario para volver a llevar a los Heat a la lucha por el título. El verano de 2010 llegaba con el final de su contrato en Miami y su esperanza para hacer las maletas en busca de un proyecto ganador. Se habló mucho de la posibilidad de un regreso a su natal Chicago, pero los Heat debieron de pensar en aquello de que “si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña” y prefirieron que su jugador franquicia recibiera deseado equipo de ensueño a domicilio.

Imitando el exitoso proyecto del big three conformado por los Boston Celtics en 2007 al unir a Kevin Garnett y Ray Allen con Paul Pierce, Miami también optaba por tener su propio trío de ases para ganar el título y, a poder ser, arrasar la liga. LeBron James y Chris Bosh no llegaban a Florida para conformar el mejor equipo del campeonato, llegaban para ganar su primer anillo y darle a Wade el segundo.

La química del equipo no fue buena al principio, mejoró según se acercaba el momento de la verdad y se extinguió en las Finales frente a la superioridad de Dirk Nowitzki y sus Dallas Mavericks. Hubo muchos partidos en la temporada regular que los Heat tiraron a la basura tras desperdiciar grandes ventajas. Los nervios y las precipitaciones estaban jugando una mala pasada a los bautizados “Beach Boys” y las lágrimas de Bosh en la sala de prensa tras una derrota frente a los Orlando Magic en marzo fueron el punto de inflexión para reactivar al equipo de cara al tramo final de la temporada.

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Sin embargo, a Wade no se le puede discutir su liderazgo en tan complicado corral y tampoco su nivel de juego, acorde con el que le ha convertido siete veces en All Star y en uno de los jugadores más determinantes del planeta. Su capacidad para anotar en las situaciones más complicadas y de las formas más inverosímiles salvaron a los Heat unas cuantas veces esta temporada.

Sus números en la temporada regular confirmaron su regularidad pese a los nuevos compañeros y fueron muy parecidos a los de la temporada anterior con 25.5 puntos, 6.4 rebotes y 4.6 asistencias por partido. Su aportación en Playoffs fue muy similar, lo que la convierte en doblemente valiosa si se tiene en cuenta la anarquía que llegó a reinar en el juego de los Heat en esta fase y muy especialmente frente a los Mavs. Además, a diferencia de James y Bosh, Wade exhibió en cada minuto que estuvo en la cancha un hambre de victoria y una pasión superior en su juego.

Tras caer derrotado en el el sexto y definitivo de las Finales, LeBron se puso trascendental ante los periodistas y aseguró que “el Hombre de Arriba sabrá cuando es mi momento”. El momento de Wade ya llegó en 2006 pero, pese a sus profundas convicciones religiosas, “Flash” no parece estar dispuesto a que nadie elija en su nombre el momento de volver a ganar el anillo.

Las mejores imágenes de la carrera de Dwyane Wade

Dwyane Wade (Miami Heat)./ Getty Images

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