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El contagio de la manzana

Carmelo Anthony, Tyson Chandler, Amar'e Stoudemire y Mike D'Antoni./ Getty Images

Entre todas las manzanas, los New York Knicks son el fruto podrido de la cesta. Después de 24 partidos sus victorias ni siquiera llegan a la decena.

De vez en cuando, como el gusano que asoma por el fruto infecto, algún jugador da señales de vida y logra el triunfo que salva el puesto in extremis de un entrenador estropeado por el moho de un baloncesto idéntico al que instruía en Lombardía, allá por los 90.

Mike D’Antoni es el portador del germen, la manzana podrida que contagia al resto. Capaz de quitar el brillo a tres buenas piezas de fruta; capaz de conseguir que se venda primero el producto importado desde China y desechado antes en dos mercados…

Los Knickerbockers han pasado de ser el postre de un gran festín en una residencia del SoHo al deshecho que se revuelca entre el pienso y los gruñidos de los puercos de una granja de Carolina del Norte.

Por seguir con el símil animal, los Knicks están más cerca del maullido de los Bobcats que del aullido de los Timberwolves. Más vale tarde que nunca, los dueños del mercadillo están a tiempo de frenar el contagio y sembrar un nuevo manzano.

“Son muchas las manzanas que tiene el árbol del éxito, pero Nueva York es la Gran Manzana” – John J. Fitz Gerald, del New York Morning Telegraph, en 1921.

@DAlarcon_NBA

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Fecha | 06.02.2012 09:50

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