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El Kobe Maduro

Kobe Bryant./ Getty Images

Tengo que decir que me sorprendió favorablemente la actitud de Kobe Bryant en los pasados Juegos Olímpicos. Me costaba imaginar que fuera capaz de asumir un rol menos protagonista que en los de Pekín, donde él aparecía como el indiscutible gran referente. No en vano lo ha sido siempre en los Lakers y allá donde haya jugado. Pero además llegaba entonces como el salvador, el que venía a redimir al Team USA de los fracasos cosechados en Atenas’2004 y en el Mundial 2006, en los que él no había tomado parte. Acudía al rescate… y misión cumplida.

Pero en Londres era diferente. El devenir de las dos últimas temporadas no es que le hubiera dejado en entredicho, pues nadie ha osado objetar un gramo de su grandiosidad. Pero había dejado de ser ese número uno incuestionable del baloncesto mundial. En la selección de Estados Unidos que acudía a revalidar el oro sonaban otros nombres, en el nuevo Himalaya que venía a citarse otra vez con el cielo emergían otras cumbres, si no necesariamente más altas, sí ahora más codiciadas que él. ¿Le poseerían los celos a la Mamba Negra, iba a aceptar un papel menos determinante que, fundamentalmente, LeBron James y Kevin Durant, en el juego, en las cámaras, en las crónicas y las estadísticas? ¿Íbamos a asistir al drama del Príncipe destronado?

Pau Gasol y Kobe Bryant./ Getty ImagesY sí lo aceptó. Kobe Bryant ha sido un campeón ejemplar en estos Juegos. Ha jugado menos minutos de lo que acostumbra, ha anotado menos, ha cedido primeros planos… pero eso le ha hecho si cabe más grande. No se le ha visto una mala cara. Y cuando ha salido, ha seguido siendo manifestándose como el jugador decisivo que siempre hemos conocido. Con menos números, ha sabido mantener intacta su impronta de estrella rutilante. A dosis más reducidas, ha dejado casi mejores sensaciones. La del gigante veterano que hace equipo y luego sabe dónde tiene que estar, cuándo se le espera y ha de aparecer. Contrariamente a lo que podría esperarse, jugando menos, se diría que su prestigio ha crecido incluso más.

Leyendo sus declaraciones previas a la temporada que para los Lakers arranca el 30 de octubre, llama la atención el cariño y el buen rollo que parece que quiere transmitir hacia sus nuevos partners y hacia los que lo siguen siendo. Luego ya veremos lo que sucede, pero de momento descarta egos, destaca que cada uno es diferente, que la misión de Steve es distinta a la suya, la de Dwight otra que la de Pau, y todos tienen que colaborar y ayudar. Ante la oportunidad de conquistar su sexto anillo –que tal vez no pensaba ya que se le volviera a presentar- quizás sabe que él será sin duda el gran artífice, pero más que nunca necesita ahora ir bien acompañado, sentir y hacer sentir que todos viajan en el mismo barco. Ya le tocará a él remar y poner lo que haga falta.

¿Ha llegado la hora del Kobe maduro? Parecía que un carácter así difícilmente iba a asumir tiempos que sin duda le han de llegar. Pero tal vez haya comprendido que la mejor manera de prolongar su carrera y su gloria es ceder planos, compartir protagonismo, en definitiva, ayudarse y dejarse de ayudar. ¿Príncipe destronado? O que Bryant se prepara para ser Rey

@EnriquedePablo

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Fecha | 21.09.2012 21:22

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